Minnesota vuelve a sus raíces
Los Vikings celebran un balon recuperado. Fuente: NFL

Cuando Mike Zimmer llegó en 2014 Minnesota venía de ser la peor defensa de la liga con 480 puntos en contra y la sensación de que el equipo estaba totalmente deshecho. Entonces fue cuando el antiguo coordinador defensivo de los Bengals decidió remodelar al equipo firmando en primera ronda a Anthony Barr y Teddy Bridgwater. En un primer año complejo los Vikings lograron llegar a 7-9 pero empezaron a tener una defensa a la que temer como se vio en los años posteriores.

Después de un 2015 brillante y un 2016 perdido por las lesiones, este año se presentaba como una prueba de fuego para ver el nivel de los Minnesota Vikings y sin duda alguna han respondido a la llamada. A falta de cuatro jornadas hay un 97% de probabilidades de que el equipo de la NFC North entré en Playoffs e incluso consiga uno de los dos primeros puestos de la conferencia. ¿En que se basa el equipo de Minnesota para alcanzar este nivel de juego?

En una de las cinco defensas más duras de la NFL, capaz de frenar a los Falcons y a los Rams, dejándoles con un solo Touchdown a dos de los mejores equipos ofensivos de la liga. Estos resultados no son fruto de la suerte o de dos malos partidos de ambos equipos, sino de una de las mejores unidades de la competición. Comandados por Everson Griffen y sus doce sacks, jugadores como Joseph, Kendricks, Barr o Hunter forman un front seven sencillamente aterrado, provocando que jugadores como Jared Goff o Matt Ryan sufran para conseguir moverse e impidiendo que la carrera de la mayoría de equipos sea efectiva.

Pero cuando el balón consigue superar la línea entonces aparece Xavier Rhodes cerrando al mejor receptor del equipo rival, Harrison Smith golpeando en el lugar en el que sea necesario, ya sea delante o en las coberturas y Neyman+Sendejo sirviendo como complementos perfectos cuando se les necesita en funciones de cobertura y de ayuda. Esta defensa sin alcanzar los niveles legendarios de otras es el complemento perfecto a un ataque que funciona pero sin ser nada extraordinario.

Mientras que Denver Broncos en 2015 tenía un ataque inoperante solo salvado por la mejor unidad defensiva que se recuerda desde los Baltimore Ravens del año 2000, Minnesota tiene en sus manos algo mucho más similar a lo que tuvo Seattle en 2013. Case Keenum no tiene la calidad de Rusell Wilson ni Murray es Marshawn Lynch pero los Vikings tienen una gama de receptores (Thielen, Rudolph, Diggs entre otros) que esos Seahawks solo hubiesen podido desear.

Aun así pensar que los Minnesota Vikings tienen seguro un puesto en la Superbowl es tener un pensamiento más que optimista, incluso suicida. En el mejor año de la NFC que se recuerda los Vikings son un competidor más, de gran nivel pero no el favorito, puesto que recae sobre los Philadelphia Eagles a expensas de lo que hagan en Los Ángeles. Otros equipos como los propios Rams, los Falcons, los Saints, los Panthers o incluso los Seahawks también estarán en la pelea final por lo que todo parece que será  un año más una lucha espectacular por enfrentarse a Patriots o Steelers en la Superbowl. Optimismo pero moderado el que tiene que tener Minnesota a pesar de esa extraordinaria defensa.

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