El genio bajo la capucha. Capítulo III: y descendió a los infiernos
Y descendió a los infiernos | Foto: Montaje VAVEL

Con la marcha de los coordinadores se ponía fin al triunvirato técnico de New England. Eric Mangini se encargaría de la defensa, con esquemas renovados y una exigencia intelectual muy alta para sus jugadores —algo que ellos veían como un reto—. Todo se complicaba cuando, en pretemporada, Tedy Bruschi sufría un infarto cerebral. ¿Recordáis aquel cántico popularizado durante la racha de victorias? Cuando Bruschi se reincorporó a la disciplina de los Patriots, Belichick reunió a todos sus jugadores en el vestuario y, manos al centro, les preguntó cómo se sentían al respecto de tener a Tedy Bruschi de vuelta. “Aaaaaw, yeah!”.

La temporada 2005 acabó con los Patriots cosechando un balance de diez victorias por seis derrotas, pero la postemporada traía consigo una sorpresa masiva: perdieron su primer partido de playoffs. Suena extraño decir que fue una sorpresa, pero los New England Patriots habían encadenado una racha histórica de victorias en postemporada, con diez, invictos desde aquella victoria en la nieve ante Oakland en enero de 2002. No pudieron imponerse a los Broncos en la ronda divisional y otra racha impecable de los Patriots llegó a su fin.

Golpes en lo personal

Belichick estaba muy unido a su padre. El anciano Steve Belichick había acompañado a su hijo en la banda en las tres victorias de Super Bowl, y a pesar de su edad poseía una mente ágil y capaz de procesar el juego del fútbol americano a gran velocidad. Disfrutaba muchísimo del fútbol universitario, y lo veía todos los sábados con su mujer en la misma casa en la que habían criado a su hijo. El sábado 19 de noviembre de 2005, mientras veía un partido de College, su corazón se detuvo. Cuando Bill recibió la noticia no la compartió con mucha gente, y los jugadores de la plantilla no supieron nada hasta después de la victoria al día siguiente, en la jornada 11, ante los Saints en Foxboro por 24-17. Belichick recibió el balón del partido entre abrazos y palabras de apoyo. Fue, probablemente, la primera vez en toda su carrera en la que la preparación para el siguiente partido no era la mayor de sus prioridades.

El 23 de noviembre habría sido el primer día de preparación para el duelo con los Chiefs, pero Belichick se encontraba en la capilla de la Academia Naval, el mismo lugar en el que se casó años atrás, acompañado de cientos de personalidades del mundo del fútbol americano rindiendo homenaje a un hombre que dedicó su vida a su familia, a su país y al fútbol americano.

El fallecimiento de su padre no fue la única mala noticia que Belichick encajó a nivel personal. El nivel de éxito de los Patriots había convertido al entrenador en una estrella mediática, lo que significaba que su vida personal estaba a la orden del día. El entrenador estaba casado desde 1977 con Debby Clarke, a la que conocía del instituto. Llevaban años separados, y finalmente en 2006 se divorciaron, con todo lo que ello conllevaba: el peso emocional, los amigos, la familia, los tres hijos —que ya se encontraban en la parte alta de la adolescencia—, los abogados, los contables… La idea de tener un divorcio discreto salió por la ventana de primeras.

En 2007 continuó la inestabilidad emocional en la vida de Belichick. Un trabajador de construcción de Nueva Jersey fue al juzgado a solicitar que se retirase la pensión de 350 dólares semanales a su exmujer porque ella ya estaba recibiendo dinero y regalos de alguien con una fortuna considerable. Y el nombre de Belichick saltó a la palestra. La mujer era una antigua recepcionista de los Giants, Sharon Shenocca, que declaró que había recibido regalos de Belichick tales como el alquiler de un apartamento de 25.000 dólares en la costa de Jersey, ayuda para financiar un abogado de 11.000 dólares, 3.000 dólares mensuales, viajes a Disney, Puerto Rico y Jamaica; muebles, un entrenador personal… Una barbaridad de cosas. El asunto es que el caso era absolutamente opuesto a la imagen que Belichick proyectaba al público, y con nuevas informaciones filtrándose a la prensa en Nueva York y Boston de forma casi diaria, la única manera de acabar con el tema era alcanzar un acuerdo entre Sharon y su marido, lo que acabó sucediendo.

Adiós con el corazón, que con el alma no puedo

Una de las personas que no trataban a Belichick como una estrella era Eric Mangini, el coordinador de defensa de New England. No es que lo tratase de forma irrespetuosa, pero era capaz de aguantar discusiones de ida y vuelta con el entrenador como pocos han hecho. Inmediatamente después de la derrota en Denver empezaron a aparecer los rumores de que Mangini era el candidato número uno para acabar siendo el entrenador jefe de los New York Jets. Y Belichick detestaba a los Jets. Mangini acabó firmando un contrato por 2 millones de dólares al año y en ese instante fue eliminado del círculo de confianza de Belichick.

Era hora, también, de decir adiós a Willie McGinest, que se fue con Crennel a los Browns. David Givens consiguió un contratazo con los Titans y, para sorpresa de todos, corrían rumores de que Adam Vinatieri negociaba con los Packers. Los Patriots no querían establecer el tope de mercado para ningún jugador, mucho menos un pateador. Creían en la disciplina salarial y no iban a hacer locuras para mantener a Vinatieri. Quienes si estaban dispuestos eran los Colts, que pusieron sobre la mesa un bonus de 3.5 millones de dólares para llevarse al pateador superestrella a Indianapolis. Las encuestas comenzaron a reflejar las dudas de la afición de los Patriots: el “in Bill we trust” perdía adeptos. La pérdida de Vinatieri, una absoluta leyenda en Boston y uno de los jugadores más importantes de la historia de la franquicia, fue demasiado para los seguidores.

Uno de los pocos momentos brillantes de la derrota en Denver en 2005 fue un pase de Brady a Branch de más de setenta yardas que acabó en anotación. La química entre los dos jugadores era de un nivel altísimo, pero ahora el contrato se metía entre el receptor y la franquicia. Branch se consideraba uno de los mejores receptores de la liga, un corredor de rutas impecable y, como MVP de una Super Bowl, quería un contrato de mucho más nivel. Los Patriots no lo veían así. Belichick no iba a pasar por ese aro. Poco después, Branch fue traspasado a los Seattle Seahawks —que le dieron un contrato de 39 millones de dólares— a cambio de una primera ronda del Draft de 2007.

Belichick vs Mangini: la antesala del desastre

La temporada 2006 no trajo consigo mucho drama hasta que a principios de diciembre los Patriots (9-3) afrontaban la semana previa a su duelo con los Jets de Mangini (7-5) entre rumores de que ‘Mangenius’ sería galardonado como entrenador del año. La polémica saltó cuando Belichick utilizó toda clase de pronombres para evitar mencionar de forma explícita a Mangini en las ruedas de prensa. Lo que la gente no sabía es que debajo de eso había un duelo mucho mayor: ambas organizaciones estaban enfrentadas por temas relacionados con cámaras. Ya sabéis por dónde van los tiros. Estos son los primeros pasos.

Mangini sabía que los Patriots, como parte de su investigación para detectar tendencias en las señales de los entrenadores, grababan las señales de los coordinadores rivales, y no quería que se lo hiciesen a su equipo. Belichick decidió continuar con sus grabaciones habituales, por lo que Mangini planeó devolver la moneda grabando también las señales de los Patriots. Todo ello, junto con alegaciones previas de Belichick sobre que los Jets habían metido mano de forma ilegal en el conflicto entre Branch y los Patriots para debilitar su posición negociadora, llevó la relación a un punto irreconciliable.

Volverían a verse las caras en el primer duelo de postemporada de los Patriots aquel año, en Foxboro. Mangini sabía que los Patriots poseían un equipo de talento superior, y que por mucho que los obstaculizase defensivamente, al final acabarían por hacerse con el partido. Así fue. Los Patriots se impusieron por 37-16. Llamó la atención que, tras el partido, Belichick apartó a los periodistas de su camino y se fundió en un abrazo con Mangini en el centro del campo.

Tras imponerse a los Chargers, la final de conferencia se disputó en Indianapolis. Allí, con una ventaja considerable, los Patriots tenían que confiar en su defensa para mantener a Manning y su potente ofensiva a raya. Pero Rodney Harrison estaba lesionado y no podía intimidar a los rivales con su juego. Ty Law llevaba años fuera del equipo después de que los Patriots no le quisieran dar un contratazo, por lo que no había una superestrella que interceptase a Manning. Tampoco había un hombre potente como McGinest para romper la protección y el ritmo de la ofensiva. Los Patriots acabaron perdiendo la ventaja y cayendo derrotados en el que sería el último partido que la franquicia de New England disputaría sin polémicas alrededor y con su honor intacto.

2007: la reconstrucción ofensiva

Los Patriots se hicieron con Donté Stallworth y Wes Welker para su cuerpo de receptores, y el día del Draft cambiaron su segunda elección de primera ronda —porque contaban con la de Seattle de aquel año gracias a Branch— por la elección de primera ronda de los 49ers del Draft de 2008. Este movimiento acabaría siendo más importante de lo que parece, pues sería la única primera ronda con la que contarían aquel año como ya veremos más adelante. La noche después de la primera ronda, los Patriots iniciaron conversaciones con un Randy Moss que expresó a Belichick su desesperación por poder jugar con un equipo ganador. Belichick acordó con Moss la reducción de su impacto salarial de nueve a tres millones de dólares y al día siguiente el hábil receptor estaba en el asiento de copiloto del coche de Josh McDaniels camino del Gillette a cambio de una elección de cuarta ronda del Draft enviada a Oakland.

La controversia se alejó brevemente de los New England Patriots, y durante los meses siguientes Belichick —no muy conocido por mostrar su vida al público— fue visto numerosas veces con su pareja, Linda Holliday, acudir a partidos de los Celtics y Red Sox y compartir cenas románticas en Nantucket. El entrenador estaba feliz. Mientras tanto, McDaniels comenzaba a trabajar en la ofensiva para aquella temporada, y con Moss y Welker ya preveía que iban a ser difíciles de parar. Sin embargo, poco antes de la temporada, la polémica rompió la burbuja de color de rosa que rodeaba a los Patriots: Rodney Harrison era sancionado cuatro partidos por consumir sustancias ilegales para recuperarse de una lesión.

El primer encuentro de la temporada tuvo lugar con el eco de la sanción todavía en el aire. El envite, ante los Jets, se saldó con una victoria por 38-14 en la que Randy Moss se mostró como un jugador absolutamente dominante atrapando todo lo que iba en su dirección, incluso una bomba de cincuenta yardas de Brady sobre la cabeza de Revis para anotar seis puntos. Los temas deportivos, sin embargo, pasaron a un segundo plano muy rápidamente.

Randy Moss atrapa un pase en la zona de anotación
Randy Moss atrapa un pase en la zona de anotación

Spygate

Salió a prensa tras el partido que un empleado de los Patriots, Matt Estrella, había sido pillado en la banda con una cámara filmando a los entrenadores de los Jets. Los equipos llevaban discutiendo sobre ese tema un año ya, por lo que la liga mandó un comunicado en pretemporada aclarando que el uso de cámaras no estaría permitido. Los Jets sabían que algún empleado de los Patriots acudiría con una cámara, por lo que lo sacaron del estadio y alertaron a la liga de lo sucedido.

La situación era cristalina: Bill Belichick había roto la normativa de la liga en relación al uso de cámaras. Se corrió el rumor de que en realidad la ofensa era en relación a la localización de las cámaras y no a las propias grabaciones, pero no era cierto. La liga no quería que los equipos grabasen a los entrenadores rivales. “No todo el mundo lo hace”, decía Jeff Fisher en contestación a aquellos que clamaban que era una práctica habitual. “No hay nada en contra de subirte a la zona de prensa con unos prismáticos y un papel en blanco y empezar a apuntar, pero hay una ley contra la grabación de señales, y ese es el asunto. Hay que tener cuidado al decir que todos lo hacen, porque que yo sepa solo lo ha hecho este equipo”.

La filosofía de ignorar el ruido era muy difícil de aplicar en este ámbito. Jugadores, exjugadores, entrenadores y exentrenadores de equipos como Philadelphia y Pittsburgh salieron a decir que merecían ellos los anillos porque los Patriots y Bill Belichick habían hecho trampas. A raíz de eso salieron muchísimas historias, algunas de índole absurda, como que habían pinchado los micrófonos de jugadores o que saboteaban el equipamiento técnico de los rivales en los partidos en casa. Sobre todo se pusieron en duda los títulos, conseguidos por un total de nueve puntos. ¿Era Brady tan bueno como parecía o simplemente sabía dónde tenía que lanzar porque conocía los movimientos de la defensa? ¿Era todo fruto de la estrategia de Belichick? ¿Hablábamos de un entrenador digno del Hall of Fame o de un espía tramposo?

El comunicado de la liga era claro: “La grabación de cualquier tipo, incluyendo pero no limitando a la grabación de señales ofensivas o defensivas, está prohibida en la banda, en la cabina de entrenadores, en el vestuario o en cualquier otra localización accesible para el personal del equipo durante el partido”. Muchas voces entendidas manifestaron que realmente Belichick no necesitaba las grabaciones y que realmente tampoco eran tan importantes, por lo que la decisión del entrenador de seguir con las cámaras les parecía estúpida. Acababa de nacer un animal complejo y multidimensional que le perseguirá hasta el fin de su carrera como entrenador.

Roger Goodell sabía que tenía que castigar al entrenador de forma ejemplar. Le impuso una sanción récord de medio millón de dólares, mientras que la multa al equipo fue de un cuarto de millón y la elección de primera ronda del Draft de 2008. El control y aprovechamiento de las elecciones del Draft, así como de las rondas compensatorias, era pivotal para el éxito de los Patriots, por lo que la sanción suponía un duro golpe para la franquicia.

Belichick emitió un comunicado en el que argumentaba que tenía una interpretación diferente del mensaje original de la liga. Su posición, además, incluía que nunca usaba esas cintas para el partido en cuestión. La imagen resultante no necesitaba ninguna explicación: era el mundo contra New England. La fanaticada, leal como pocas, manifestó su apoyo al entrenador con un atronador aplauso cuando su imagen apareció en la pantalla del estadio en el partido contra los Chargers, el primero tras la explosión de aquel gran escándalo.

New England contra el mundo: 16-0 y la Super Bowl XLII

La temporada 2007 fue un festival ofensivo. Brady lanzó para cincuenta touchdowns y Randy Moss se apuntó 23 de ellos, siendo ambas cifras de récord. El equipo marchaba por los encuentros, quién sabe si alimentado por el ansia de venganza, colocando más de treinta, cuarenta o hasta cincuenta puntos cada domingo. Todo el planeta fútbol hablaba de los Patriots, pero llegados a ese punto eran tan villanos como cenicienta fueron en 2001. Don Shula, comentarista en Monday Night Football por aquel entonces, incluso deseó abiertamente la derrota de los Patriots en la narración de un partido contra los Baltimore Ravens. Continuaron el paseo militar durante el resto de la temporada y de la postemporada.

Los New York Giants se convirtieron en el paladín de todo aquel que no fuese de New England, y conforme la Super Bowl XLII se acercaba volvía a cobrar vida la bestia del Spygate. El senador Arlen Specter dijo al New York Times que quería que el tema se investigase por la vía legal, mientras que el Boston Herald sacó un artículo según el cual los Patriots habrían filmado los entrenamientos de los Rams previos a la Super Bowl XXXVI. Belichick se reunió con sus capitanes el día antes del partido para valorar si debían mencionar el artículo del Herald al resto del equipo. Estos respondieron que no, y añadieron que pasar toda la temporada con las manos en alto como criminales había sido una experiencia absolutamente agotadora.

La lucha continuaría durante el partido. Steve Spagnuolo, coordinador defensivo de los Giants, sabía que para ganar el partido tenía que mantener a los Patriots en los veinte puntos. No se imaginaba que a falta de apenas un par de minutos los Patriots habrían anotado solo 14 puntos, y los Giants tendrían el balón con la oportunidad de anotar un touchdown y culminar la mayor sorpresa que la NFL vería en mucho tiempo. Y entonces pasó lo que todos recordaréis: Manning escapó de la presión, lanzó el balón —con un par de oraciones pegadas al cuero— y Tyree lo atrapó entre su mano y el casco. Poco después Plaxico Burress (1.96m) se alineaba frente a Ellis Hobbs (1.75m) y Manning conectaba con él en una ruta fade para llevarse el anillo a Nueva York y dar al mundo una alegría que llevaban esperando desde septiembre. Los New England Patriots se marchaban con las manos vacías, decepcionados y derrotados. Los supervillanos de la liga no se habían salido con la suya esta vez, los tramposos habían sido derrotados.

Tyree atrapa el balón con el casco en la Super Bowl XLII
Tyree atrapa el balón con el casco en la Super Bowl XLII

Unos años complicados

Los New England Patriots no volverían a la Super Bowl hasta la temporada 2011. La defensa de los campeonatos se deshizo, aunque el ataque se mantuvo en pie. Al menos casi en su totalidad, pues en el primer partido de 2008 Brady encajó un golpe bajo y se rompió los ligamentos de la rodilla. Matt Cassel tuvo que guiar a los Patriots ofensivamente durante la temporada. Los propios jugadores manifestaron que lo veían como un hermano pequeño, pero que a partir de ese mismo día era su hombre y que iban con él hasta el final. El final llegó con una temporada de once victorias por cinco derrotas, pero que no fue suficiente para clasificar a New England a postemporada.

El problema es que su personal volvía a ser el objetivo de muchas franquicias. Josh McDaniels era visto como un joven genio ofensivo y Scott Pioli, amigo íntimo de Belichick, era un ejecutivo muy bien considerado en la liga. La relación entre Pioli y Belichick era rara avis. Pioli no era más que un ojeador en los Browns cuando Belichick entrenaba allí, pero en 2008 ocupaba una posición de importancia en el organigrama de los Patriots, sentándose junto a Belichick en los aviones para discutir la estrategia y contando con voz y voto en las salas de Draft y la gestión de la plantilla. Belichick y Pioli eran amigos. Se iban de vacaciones juntos, se picaban en competiciones de pérdida de peso, discutían sobre jugadores, compartían fechas especiales juntando a sus respectivas familias y eran casi “padrinos” de los hijos del otro; e incluso eran confidentes el uno del otro en cuanto a aspiraciones en la vida.

Es difícil imaginar al Belichick de nuestros días siendo tan abierto como era hace años, aunque él mismo quisiera. Es un entrenador de nivel Hall of Fame, una superestrella de talla nacional. Nunca tendrá otra relación tan auténtica como la que tuvo con Pioli, y también es probable que el amargo final de la amistad entre el entrenador y Mangini le haya hecho considerar las desventajas de dar demasiado. Es probable que Pioli haya sido la última persona en acceder a ese Bill Belichick. Habrá que ver si Josh McDaniels, con la situación de New England de cara a 2018/19, puede disfrutar del Belichick más mentor. En la línea temporal que aquí nos atañe, McDaniels estaba a punto de marcharse a Denver para ser entrenador jefe y Scott Pioli haría lo propio para aceptar un trabajo como ejecutivo en Kansas City.

Los años entre 2009 y 2011 no fueron los mejores en New England. El ataque funcionaba con una potencia increíble, y Brady era ya considerado uno de los mejores jugadores de la historia de la liga. Sin embargo, el talento defensivo era escaso. Volver a formar una defensa de calibre Super Bowl era, probablemente, la principal priodidad de Belichick de cara a la consecución de un cuarto anillo. Un ataque sobresaliente con Wes Welker, Rob Gronkowski, Aaron Hernandez, la vuelta de Deion Branch y estrellas salidas de la nada como Danny Woodhead no fueron suficiente para derrotar a los Giants en la revancha de 2012, pero de eso ya se hablará en el cuarto y último capítulo de este serial.

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