Enemigo en casa
Pittsburgh deberá mirarse a los ojos y entender que ellos son su peor enemigo. Foto: Karl Roser / Pittsburgh Steelers

Enemigo en casa

Steelers, únicamente puede explicar las razones de su derrota ante Chargers. Philip Rivers y Keenan Allen no extrañan a Melvin Gordon III. Los últimos resultados marcan la poca confianza sobre Pittsburgh de cara a los playoff.

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Patricio Barrese

 Chargers y Steelers estaba marcado como el mejor partido de la semana 13 y así lo fue. Si uno se guía por el ajustado marcador de 33-30 en favor de Los Ángeles, pensaría que fue una contienda ajustada y el único final posible era la patada de Michael Badgley que sentenció la historia. Sin embargo, ese análisis sería erróneo porque simplemente se reduciría a explicar el último cuarto del partido y evitaría mencionar la bipolaridad que atraviesa a Pittsburgh. La imagen de Spiderman señalando a otro igual puede describir el autoflagelo que transita en esta campaña el 6 veces campeón de la Super Bowl.

La franquicia que comandan Mike Tomlin y Ben Roethlisberger es presa de sus propios errores. Sufrió sus estados de ánimos ante Broncos en la semana 12 y aquí no fue la excepción. ¿Cómo pueden pasar de dominar los tres primeros cuartos y perder todo en el último? Sólo ellos lo saben.

Si existe un punto que se le criticó en esta temporada es la falta de equilibrio entre su defensa y la ofensiva. Cuando logró corregirlo, encadenó una serie de victorias que lo depositaron como líder de la AFC norte superando a rivales duros como Panthers y Ravens, en uno de sus duelos divisionales. Pero, cuando Big Ben y compañía sufrían problemas y no encontraba respaldo en su defensa, oponentes de grueso calibre como Chiefs y el mismo Baltimore, no perdonaron.

Probablemente, la derrota ante Chargers sea un reflejo de la temporada regular

Los acarreos de James Conner o las recepciones de Antonio Brown (incluye un pase de 40 yardas de Roethlisberger para touchdown) fueron parte del repertorio que desplegó Steelers para someter a su rival. Ni siquiera el touchdown de Travis Benjamin que debió ser invalidado por offside de la línea ofensiva o la intercepción a Big Ben, hicieron tambalear a una defensa que daba señales de estabilidad. Esa solidez que en muchos casos gana un Super Bowl. Pero todo lo construido hasta irse al descanso 23-7, comenzó a desmoronarse en la segunda etapa y, principalmente, en el ocaso del tercer cuarto. Una defensiva que lentamente le facilitó los caminos a Keenan Allen, Justin Jackson y Desmond King, que anotó luego de una carrera de devolución de 70 yardas mientras dejaba en ridículo a los equipos especiales de Pittsburgh. Un trío que dejó en el olvido la ausencia de Melvin Gordon III. 

Si el objetivo de Steelers es pelear en la post temporada y llegar como candidato a la final de conferencia que lo deposite el 3 de Febrero en Atlanta, no puede resignar la presión sobre quaterbacks de la envergadura de Philip Rivers o dejar espacios a sus posibles receptores como ocurrió hasta la última jugada del partido que coronó con esa patada de Badgley. Una jugada que también reveló falta de concentración porque la conversión que el pateador de Chargers, en principio, había fallado, debió repetirse por una salida en falso de la línea defensiva.

Al fin y al cabo, cada nota que se escriba sobre el rendimiento de Pittsburgh puede cambiar rotundamente con el correr de las semanas. Un equipo que con su constante irregularidad logró que Baltimore Ravens, con Joe Flacco fuera por el resto de la temporada, tenga posibilidades de quedarse con su división. Ambos tienen encuentros muy difíciles en el horizonte. ¿Cúal es el más duro para Steelers? Se darán cuenta si se miran a un espejo.

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