Leyenda de los Seattle Seahawks, Steve Largent
Steve Largent. Foto: nfl.com

Las estadísticas sirven para contar y describir muchos aspectos del juego. Los récords van a estar siempre ahí para marcar límites, y también para crear nuevos héroes el día que caen y se rompen. Las temporadas se juegan partido a partido, pero finalmente son algunas jugadas las que escriben las mejores historias.

Steve Largent nació en 1954 en Tulsa, Oklahoma, EEUU. Jugó al fútbol colegial en la universidad local, y en la cuarta ronda del draft de 1976, fue seleccionado por los Houston Oilers en el puesto 117 global. Llegó a participar solo en cuatro juegos de pretemporada antes de ser canjeado a los recién nacidos Seattle Seahawks, por nada más que una selección de octava ronda el año siguiente.

Largent llegó a la NFL siendo un receptor abierto sin cualidades excepcionales para destacar. No era de los más rápidos de su generación, y tampoco de los más físicos. Su metro ochenta de altura y unos aproximados 85 kilos de peso, no llamaron la atención de los mejores reclutadores de prospectos colegiales. Sin embargo, la seguridad de sus manos y el compromiso para cumplir con el recorrido de cada ruta asignada, le convirtieron en el líder histórico de recepciones de Seattle. Jugó durante 14 temporadas consecutivas entre 1976 y 1989, en ocho ocasiones superó las 1.000 yardas anuales. A la fecha de su retiro, con 35 años, se llevaba para sí los récords totales de la liga en recepciones (819), recepciones para anotación (100) y yardas por aire (13.089). Esos números fueron superados recién con el éxito absoluto en la NFL de Jerry Rice durante la década de 1990. Steve Largent, en 1995, ingresó oficialmente al Salón de la Fama, y tres años antes la franquicia de Seattle, ya había retirado su dorsal número 80.

Pero la NFL no sería la mejor liga del planeta si todo quedara resumido solo al conteo comparativo de números y estadísticas. Hay situaciones, momentos que definen a un jugador y su historia acaso mucho más que cualquier récord. En 1988, en la semana uno, Seattle visitaba a Denver, y Largent iniciaba la que sería luego su antepenúltima temporada previa al retiro. Cuando llegó un pase largo al centro del campo, quizás un poco atrasado ,y Steve al frenarse para conseguir su recepción, recibió un terrible impacto del safety Mike Harden. Fue un golpe con el codo directamente a la cabeza que le partió la mascarilla y le provocó la pérdida de algún diente. Ese tipo de jugadas hoy en día serían condenadas por antideportivas de forma unánime, sin embargo, en aquel entonces al defensivo solo le representó una multa leve por rudeza innecesaria.

Largent se perdió un par de partidos, pero volvió en la misma temporada para encontrarse en la semana 14 con el mismo rival. Y quiso el destino darle esa oportunidad de revancha reservada solo para aquellos competidores que llevan en su interior un verdadero corazón de campeón. Dave Krieg, mariscal de los Seahawks por ese entonces, buscó la zona de anotación y fue el mismo Harden quien lo interceptó, pero en su corrida de devolución nunca pensó que llegaría a todo tren el wide receiver local, que dando el golpe de su vida, no solo lo tiró al piso, sino que también le voló el balón de los brazos y por si fuera poco, allí mismo se ocupó de recuperarlo en el terreno de juego. Lo que sucedió después fue una de las grandes ovaciones históricas que aún se recuerda entre los fanáticos de Seattle.

Steve Largent continúa siendo hoy en día un modelo de receptor ideal en la liga. Tal vez unas manos así de seguras y esa precisión para cumplir con su recorrido, sean el sueño de muchos entrenadores para sus ofensivas que pronto inician una nueva campaña.

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