Hípica, la realidad de un deporte
Fotomontaje: Ana Alonso, VAVEL España

A priori, todo el mundo conoce (o cree conocer) el mundo de la equitación. “Es un deporte en el cual un jinete se monta encima del caballo y es éste el que realiza el ejercicio”, es una de las frases que más han escuchado los que realizan este deporte. Pero ¿hasta qué punto es eso cierto?

¿Deporte o hobby?

El término hípica en España tiene relación con todas aquellas actividades que realicen un hombre y su caballo. Desde el año 1912 ha sido considerado como deporte olímpico y consta de tres disciplinas: salto, doma y concurso completo. Fuera de esa competición, encontramos otras modalidades como son el raid, el volteo, el rodeo, las carreras, la equitación de trabajo y el cross-country. Teniendo en cuenta esto, ¿podemos considerar la equitación como un deporte? ¿O es solamente una afición?

Tanto el deportista como su compañero trabajan todos los músculos del organismo. En el caso del jinete, al contrario de lo que dicen las malas lenguas, se trabajan prácticamente todos los músculos de su cuerpo.  La pelvis juega un papel fundamental a la hora de mantener el equilibrio sobre el caballo, así como los músculos que la rodean. Una pelvis inestable puede crear movimientos indeseados en la caja torácica y en los hombros, provocando así que se rompa la comunicación con el equino y perder totalmente el equilibrio.

Para mantener una postura correcta y lograr que el entrenamiento sea eficiente, el jinete trabaja toda la musculatura perteneciente al “core”, los cuales ayudan a estabilizar la pelvis ya mencionada y las caderas. Al fin y al cabo, este deporte es una disciplina de equipo y tanto el jinete como el caballo deben tener una buena preparación.

Además, la equitación es uno de los deportes más completos junto a la natación. No solamente beneficia y ayuda a tonificar abdominales, glúteos, brazos, piernas y espalda, sino que nos ayuda a mejorar nuestra circulación cardiovascular, nuestra respiración, flexibilidad, movilidad, postura y equilibrio. Por si fuera poco, el animal transmite una serie de vibraciones al jinete que actúan directamente en su sistema nervioso, ayudando así a su estimulación.

En cuanto al desgaste energético, en un recorrido con obstáculos y adiestramiento, el ejercicio muscular se intensifica y se pueden perder entre 350 – 600 kcal por hora. En el tenis, por ejemplo, la cantidad de calorías quemadas asciende a un total de 580 kcal/hora. Por lo tanto, la equitación sí se puede considerar un deporte.

El backstage

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. El hecho de mostrar una buena imagen a lomos del caballo lleva detrás un duro sacrificio por parte de ambos.

La raíz de este deporte es forjar una relación basada en confianza. Esto no se gana en un par de días ni en un par de meses. Montar a caballo consiste en atender todas las necesidades que el animal pueda tener, tanto en alimentación, como en ejercicio, limpieza, salud, etc. Así el jinete se ganará la confianza de su futuro aliado y hará que el trabajo sea mucho más cómodo y agradable para los dos.

El sacrificio del jinete comienza a primera hora de la mañana. Tiene que ir a echarle de comer, limpiarle la cama, cepillarlo y ejercitarlo a diario. Además, si el jinete compite, suele entrenar de dos a tres horas diarias y deberá mantener una dieta equilibrada, aparte de realizar otros ejercicios físicos, normalmente en un gimnasio, para mantener su estado físico.

Más que un deporte

Desde los inicios de la humanidad, la equitación además de ser un deporte, siempre ha convivido con el hombre. Detrás de la monta de un caballo hay toda una historia de costumbres. Este animal ha estado presente a lo largo de la historia desde ayudante de trabajo hasta sanar algunas patologías.

Aparte de favorecernos físicamente, el montar a caballo ayuda a ser una persona más confiada. Al estar encima de un animal que tiene su propia vida, se produce un intercambio de confianza y de respeto por parte de los dos. El jinete tiene que confiar en su compañero, que pesa entre 400-1000kg de promedio, que tiene vida y carácter propio y que en cualquier momento puede lanzar a su caballista por los aires. El corcel por su parte también debe confiar en su compinche, puesto que es el que lo va a llevar y guiar en todo este proceso y debe entender que el montador no es su líder, sino un compañero de equipo. El jinete es la mente y el caballo son los pies, forjando así una bonita amistad entre el binomio y creando una perfecta armonía.

Los niños que practican la equitación suelen desarrollar un mayor respeto hacia los animales y desarrollas valores como el compañerismo, la paciencia y la solidaridad. Además, con este deporte se fomenta la sensación de libertad ante la carrera ligera del animal, generando nuevas experiencias y formas de aprender.

A pesar de la creencia popularizada de que la hípica es un deporte para ricos, no cuesta mucho más que aficiones como el ciclismo. Es cierto que mantener un caballo no es algo barato, pero se puede disfrutar de este deporte sin ser un potentado a nivel económico a través de clases o academias.

La equitación como terapia

Montar a caballo también tiene multitud de beneficios psicológicos. Es una disciplina que exige mucha concentración y, gracias a eso el jinete puede permitirse desconectar de su día a día y tomar un respiro de sus obligaciones laborales. Además, al ser un deporte al aire libre, el que lo realiza mantiene un contacto directo con la naturaleza, sintiéndose así libre, eliminando el estrés y sobre todo la ansiedad.

El hecho de estar encima de un animal totalmente imprevisible hace que tengamos que estar en alerta todo el tiempo, favoreciendo así el hecho de que gestionemos las situaciones del día a día con más sangre fría; nos hace tener más autocontrol y empatía, más seguridad en nosotros mismos y provoca una subida en la autoestima.

También tiene una gran influencia en la psicomotricidad y en los sentidos humanos: agudiza la sensibilidad táctil, auditiva, visual y olfativa.

Este deporte ayuda asimismo a personas con alguna discapacidad, como por ejemplo las personas con autismo. Esta técnica se conoce como la equinoterapia y se ha demostrado que el ejercicio con caballos puede ayudar a la rehabilitación de niños, adolescentes y adultos a muchos niveles: psicológico, cognitivo, neuromuscular y social. Esto último viene dado por un diálogo no verbal que se establece entre jinete y caballo y facilita las relaciones sociales.

En resumen, este deporte es algo más que un simple ejercicio físico. Puede ayudarnos en todos los ámbitos de la vida y es habitual encontrar a gente que todavía no tiene conciencia de ello.

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