El cine de terror: radiografía de un género centenario
Escena de la película Nosferatu. (Foto: josecarlosrincon.blogspot).

El 31 de octubre, también conocido como la víspera de Todos los Santos o Halloween, es para algunos una fecha mágica y llena de misterio, para otros está plagada de terror y de oscuridad. Halloween se celebra especialmente en regiones de cultura anglosajona, como Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña o Irlanda, pero a día de hoy su influencia no pasa inadvertida en otros países como España, donde calaveras, murciélagos y calabazas cada vez decoran más centros comerciales.

El cine, como parte de nuestra vida cotidiana, también ha sucumbido a los encantos de esta fiesta. Muchos aficionados al terror cinematográfico aprovechan estas fechas para reunirse y preparar kilos de palomitas, ataviarse con los disfraces de sus personajes de horror favoritos y darse algún que otro susto que les hace saltar del sillón. La sensación de ver una película de terror de noche y no quererse ir a la cama parece más llevadera si se hace el 31 de octubre antes que cualquier otro día.

 

Literatura como fuente de inspiración

El género de terror o de horror cinematográfico bebe de la literatura gótica y fantástica desde sus orígenes. Desde los años 20 del siglo pasado hasta los 50, aproximadamente, casi todas las películas tenían como protagonistas a los monstruos literarios más famosos. Personajes como el Drácula de Stoker o el Frankenstein de Shelley daban a los guionistas todo lo que necesitaban para crear un filme de éxito.

 

En los años 20 y 30 el cine de terror no había desarrollado aún la faceta más “gore” del género, por lo que era complicado ver sangre o vísceras en pantalla. Como ya se ha dicho, los creadores se inspiraban en obras literarias, y películas como Nosferatu, el vampiro (1922), Dr.Jekyll y Mr.Hyde (1920) o M, El vampiro de Dusseldorf (1931) marcaron a una generación. Los personajes de estos filmes eran de lo más variopinto para la época: zombies, asesinos en serie, mujeres barbudas, personajes circenses y hasta seres mitológicos y legendarios.

 

En la década de los 40, debido a la crisis de valores producida por la Segunda Guerra Mundial, el público no buscaba ambientes desagradables, sino distendidos. Aunque la producción de cine de terror disminuyó, se estrenaron títulos como El hombre lobo (1941), La mujer pantera (1942), diversas secuelas de Frankenstein o Ladrones de cadáveres (1949), basado en una obra de Robert Louis Stevenson.

 

Cuando el terror se funde con lo paranormal y la psicología

Fue a mediados del siglo XX cuando el género de horror se ramificó en distintos subgéneros: “serie B”, Gore, Slasher o Survival, fueron algunas de sus denominaciones. En este momento surge también el interés por los desastres nucleares, de los que nacen monstruos deformes y mutantes, como en The Blob (1958), la masa procedente del espacio que aumenta de tamaño y amenaza con destruir todo lo que se pone en su camino. Por otro lado, la manía persecutoria alienígena supuso un leitmotiv típico de los 60, reforzando la presencia del género de ciencia-ficción en las salas de cine de la época.

 

Esta década lanzó al estrellato a actores tan famosos como Béla Lugosi, Boris Karloff o Christopher Lee, que, a sus 91 años, aún sigue en activo encarnando a Saruman en superproducciones como El Señor de los anillos o El hobbit. Alfred Hitchcock, otro icono del cine, también dio a conocer dos de sus películas más sorprendentes en los 60: Psicosis y Los pájaros, donde el terror psicológico se convirtió en protagonista.

En el siglo XX, el género se ramificó en “serie B”, Gore, Slasher o Survival

Este género se recrudeció cada vez más debido a la influencia que ejercía la Guerra de Vietnam en la sociedad. Fue el primer conflicto armado televisado y todos aprendieron a convivir con cruentas imágenes y, sobre todo, con mucha sangre. Esa sangre, además de la mejora de los medios técnicos (cámaras, efectos especiales, edición de vídeo, etc.) hizo posible la evolución del cine de horror. Como era de esperar, todas estas historias truculentas se recrearon para la gran pantalla y esta década dejó títulos tan conocidos como 2000 Maniacos (1964) o Psycho (1960).

 

 

Hablando de sangre, en los años 50 empezaron a prodigarse entre la sociedad los llamados psycho killers, asesinos a quienes los medios de comunicación de la época analizaron exhaustivamente. De este modo, la gente empezó a interesarse cada vez más por este tipo de personajes, llegando a convertirse en auténticas celebridades. Muchos de ellos llegaron a vender sus obras de arte desde la cárcel donde cumplían condena, como fue el caso de Charles Manson, el líder de la secta “La familia”, e instigador del asesinato de la esposa embarazada de Roman Polanski en 1969, convirtiéndose éste en uno de los crímenes más mediáticos de todos los tiempos.

 

Polanski siempre se había caracterizado por ser un director polémico, en especial cuando empezó a rodar en 1968 La semilla del diablo o Rosemary's Baby. El filme obtuvo mucho éxito y Polanski se encontraba en uno de sus mejores momentos, pero se cree que la mayoría de desgracias que vivió el director polaco después del rodaje estaban relacionadas con esta película. Durante el proceso de creación del filme, dicho sea de paso, una adaptación de una novela de Ira Levin, a Polanski se le recomendó que para aumentar el aura satánica de la película, debía filmarla en el edificio Dakota, donde había sido asesinado John Lennon o donde había vivido el brujo Aleister Crowley, un personaje famoso por los ritos que llevó a cabo en ese edificio y por su aportación al ocultismo durante el siglo XX; no es de extrañar que el éxito del filme viniera dado por el aura de misterio que lo envolvía.

 

En 1962 se produjo un hito en el seno del género de terror, ya que se estrenó en Italia la película Mondo Cane. Esta obra fue merecedora de un Óscar por su banda sonora y una de sus principales características era que estaba rodada a base de imágenes que llegaban a mostrar muertes reales de animales. Gracias a esta producción nació en tierras italianas el llamado cine “Mondo” y su popularidad se multiplicó, dando lugar a un número considerable de filmes de canibalismo que se estrenaron unos veinte años después, por ejemplo Holocausto caníbal (1980), Mondo Canibale (1980) o Emmanuelle y el último caníbal (1977).

El canibalismo proliferó con el llamado cine "Mondo", muy popular en Italia a finales de los 70 y 80

El tema del canibalismo se empezó a normalizar en el mundo del cine poco a poco, aunque muchas de estas películas “Mondo” fueron censuradas y llamadas Ultra-Gore”. En Alemania, por ejemplo, el canibalismo fue sustituído por muerte y sexo. Obras alemanas de finales de los 80 y principios de los 90 como Nekromantik (1987) o Premutos, Der Gefallene Engel (1997) destacaron como películas “Ultra-Gore”.

 

Existe otra serie de obras que podrían ser calificada como “Mondo” y se llama Faces of Death, cuyo primer capítulo se estrenó en 1978 y el último en 1996. Durante esos dieciocho años, se filmaron y proyectaron todo tipo de muertes de seres humanos, llegando a ser algunas incluso reales. En Traces of Death (1993-2000), otra serie similar, todas las muertes que se filmaron fueron reales, por lo que muchas producciones como ésta llegaron a tener problemas con la justicia por la proyección de peleas callejeras, suicidios, accidentes, etc.

 

La serie asiática Guinea Pig, muy en la línea también de las películas “Mondo” y, sobre todo, de las Snuff, fue muy característica ya que, a diferencia de Traces of Death y Faces of Death, esta serie sólo representa ficción, sin embargo, sus productores acabaron detenidos y acusados de asesinato. Al igual que ocurre en las películas “snuff”, las imágenes que se ofrecen en Guinea Pig distan mucho de ser profesionales y los planos parecen hechos por aficionados. Aún así, la trascendencia de este tipo de cine no radica en la parte técnica, sino en el trasfondo de las imágenes, ya que el caso de Guinea Pig sirvió de inspiración al asesino en serie japonés Tsutomu Miyazaki a finales de los 80.

 

La profundidad del cambio en los 70: los slashers y los blockbusters

Las nuevas producciones de terror se ruedan teniendo en cuenta el miedo que sentía la población en aquel momento. Los horrores de Vietnam, los asesinos en serie y la amenaza nuclear se cernían sobre las mentes y el malestar se rentabilizó, recrudeciendo las escenas. Las posibilidades tecnológicas hacen que se pueda rodar un filme con mucha más facilidad que antes y de forma más “económica”; películas como La noche de los muertos vivientes fueron rodadas por poco más de 60.000 dólares y el éxito compensó a sus creadores.

 

Los 70 presencian el nacimiento de superproducciones como Alien (1979) de Ridley Scott, mezcla de ciencia ficción y terror, donde una jovencísima Sigourney Weaver lucha contra el mal reencarnado en un extraterrestre deforme y dotado de una mandíbula prodigiosa, El exorcista (1973), la que muchos han calificado como la película más terrorífica de todos los tiempos, o Carrie (1976), basada en la novela del mismo nombre de Stephen King y dirigida por Brian de Palma.

 

En 1974 se estrena una de las películas más polémicas, prohibidas y temidas del género, La matanza de Texas, que origina la aparición de un nuevo subgénero que se explotaría hasta la saciedad hasta nuestros días: el slasher. Todos los filmes slasher siguen un patrón similar: chicos adolescentes que se reúnen para pasar unas vacaciones en un campamento maldito o una simple reunión de amigos donde todos acaban decapitados o sin visceras por culpa de un misterioso asesino en serie.

 

La aparición de este tipo de cine provocó que adolescentes deseosos de escenas de sexo abarrotaran las salas. La asociación de sexo, sangre y argumentos vacuos, hizo que el género slasher y, por extensión, el género de terror pasara a considerarse de “serie B”.


En los años 70 se acuñó el término Blockbuster, cuyo máximo exponente en esos años fue Tiburón, de Spielberg

En los años 70 también se acuña el término Blockbuster, que significa producción hecha para ser llevada a las salas de todo el planeta. Es en este momento cuando la distinción entre “serie B” y esos blockbusters se acentúa, ya que los productores no se arriesgan a financiar películas cuyos guiones les parecían poco comerciales. En 1975 se estrenaría uno de los blockbusters con más tirón de la historia del cine, Tiburón (Jaws era su título original), de Steven Spielberg, que sembró el miedo a las orcas, ballenas y hasta a las medusas entre los bañistas de medio mundo.

 

En España se estrenó en 1975 La noche de las gaviotas, dirigida por Amando de Osorio, que iba en la misma línea de todas aquellas películas protagonizadas por asesinos (en este caso templarios tuertos) que realizaban sacrificios, así como El ataque de los muertos sin ojos (1973), del mismo director y que pertenecen a una tetralogía que se completa con La noche del terror ciego (1971), El ataque de los muertos sin ojos (1973) y El buque maldito (1974).

 

Los 80: se consagra el cine adolescente

Las previsiones de la década precedente se cumplen en los 80, donde el género de terror se convierte en el favorito del público adolescente y la calidad de los filmes cae en picado. La industria sólo se dedica a explotar temas de películas ya conocidas y parece ser que ya no se puede innovar más.

 

Producciones como Viernes 13 (1980), donde el niño Jason Voorhees se venga de su muerte en un campamento, o Poltergeist (1982) y sus escenas paranormales, colman las expectativas del público y de la taquilla. Otro de los grandes estrenos de los ochenta es Pesadilla en Elm Street (1984), dirigida por Wes Craven, que hizo saltar a la palestra a otro asesino vengador, Freddy Krueger, y a su característica camiseta de rayas rojas y negras. Cuando Freddy se aparece en sueños, es imposible escapar de sus garras a lo Eduardo Manostijeras, lo que ha provocado más de una noche sin dormir a los más aprensivos.

 

Otra de las figuras de terror de esta década es Pinhead o Líder Cenobita, el protagonista de la saga británica Hellraiser, que con su característica cabeza llena de cicatrices y clavos se convirtió en un personaje de culto para el género.

 

La falta de originalidad de los 90

A nadie sorprendieron las películas que se estrenaron durante esta década, ya que eran más de lo mismo. Sin embargo, hubo filmes como Abierto hasta el amanecer (1996), El sexto sentido (1999), Scream (1999) o El proyecto de la Bruja de Blair (1999), que se convirtieron en éxitos de taquilla, gracias a las campañas de publicidad que les dedicaron en su momento, en especial a El proyecto de la Bruja de Blair, que destacaba por una técnica de grabación denominada “la filmación del procedimiento”, con la cual se consiguió una sensación de realismo muy similar a la de un documental.

 

La escasez de ideas hizo que los productores se fijaran en el cine de terror asiático, un formato que en aquella época gozaba de popularidad y que estaba por explotar en Europa y EE.UU. Este tipo de cine tenía unas características bien definidas: los fantasmas eran los protagonistas, no tenía especial predilección por la sangre y las vísceras y siempre aparecían personajes con poderes sobrenaturales, en especial niños.

 

Scream o El proyecto de la Bruja de Blair destacaron en los años 90

Hay que puntualizar que el cine de terror oriental llevaba filmando producciones sangrientas y sádicas desde los 60, como por ejemplo The Joy of Torture (1968), donde se narran las persecuciones de cristianos durante el reinado del clan Tokugawa en el siglo XVII y todas las torturas infligidas a mujeres semidesnudas que acababan en muerte.

 

Además del cine asiático, también se siguió durante esta década con la dinámica de los remakes e incluso se hicieron adaptaciones de videojuegos al cine en décadas posteriores, como Silent Hill en 2006.

 

De los comienzos del siglo XXI a la actualidad

El protagonista del nuevo siglo fue el llamado torture porn o “gorno”, un nuevo subgénero de terror que mezclaba lo “gore” y lo “porno”. Hostel (2005), dirigida por Eli Roth y financiada por Quentin Tarantino, encumbró este formato “gorno” a la fama, usando la violencia para excitar a los espectadores como si de un acto sexual se tratase.

 

Se siguió con la moda del terror asiático (que no quería decir que las producciones fueran “made in Asia”) que ya se empezó en los noventa y se intentó adaptar su temática a los tiempos que corrían, por ejemplo la de los teléfonos móviles en One Missed Call (2003), los acertijos y juegos truculentos en Saw (2004) o la técnica del falso documental en REC (2007).

 

Desde la llegada del año 2000 se puede destacar la presencia en cartelera de remakes de clásicos de otras décadas, por ejemplo La matanza de Texas (2003), Viernes 13 (2009), Pesadilla en Elm Street (2010) o Carrie (2013). Teniendo en cuenta la proliferación de tantos remakes cabe preguntarse si a la industria del cine de terror se le han acabado las ideas, pero lo más lógico es creer que les resulta cómodo acudir a los éxitos más taquilleros y probar suerte con ellos de nuevo.

 

Debido a la mejora en los efectos especiales y de sonido de los últimos tiempos, en algunas ocasiones los guionistas de estos remakes modificaron parcialmente el guión original, ofreciendo historias reinventadas y aumentando la dosis de terror o la cantidad de sangre y vísceras. Es el caso de Masacre en Texas: herencia maldita (2013) o Halloween 3D, programada para el 2014.

Fotos del cuerpo de texto: Taxi11, cinetux, alohacriticon, noticias.lainformación, y dailycal.

VAVEL Logo