Giordano Bruno, la inmensidad de una idea
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Giordano Bruno, la inmensidad de una idea

Como muy bien dijo Carl Sagan: “Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias". Pero a Giordano Bruno la inmensidad de una idea absolutamente héretica para la Iglesia y la Europa del siglo XVI le llevó a la hoguera.

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MarianoJesús Camacho

 

Nacido en Nola, cerca de Nápoles, Filippo Giordano jamás contempló el cielo como los demás, es más como exultante defensor de la divinidad, la religiosidad y la infinitud del creador, no podía concebir un Universo que no fuera infinito y, en la Europa del siglo XVI defender su concepto de cosmología era poco menos que desafiar al Tribunal de la Inquisición e inmolarse a los pies de una gran hoguera en el corredor muerte. Giordano fue víctima de un contexto histórico religioso implacable en el que la búsqueda del hereje era una obsesiva cruzada divina. La reflexión científica y filosófica debía estar al servicio única y exclusivamente de la teología nos situamos en plena época de Contrarreforma, especialmente preocupada por una nueva definición estricta del dogma con el fin de contrarrestar el avance masivo de las nuevas espiritualidades.

En cada estrella identificó un sueño infinito pero antes pasó por un proceso de crecimiento, conocimiento y autoafirmación, que le llevó a ser considerado poco menos que un loco y apestado para la sociedad de la época. Conocido como el “Nolano” por su procedencia, a la edad de 15 años partió hacia Nápoles e ingresó en un convento de la orden de los dominicos.  Pronto su tendencia natural de desafío a la autoridad, cuestionándose lo tradicionalmente establecido fue interpretada como un posicionamiento cercano al luteranismo y el calvinismo, al protestantismo, por lo que no tardó en ser denunciado al tribunal de la Inquisición.

A la edad de 24 años se ordenó en el sacerdocio y cuatro años más tarde obtuvo su licenciatura en teología. Aquel que parecía destinado a ejercer una apacible carrera como fraile, fue obligado en 1575 a huir de Nápoles, siendo conminado a abandonar la orden por sus ideas, y su tendencia a la lectura de libros prohibidos. Especialmente  los del humanista holandés Erasmo, del que sacó un concepto muy interesante: la herejía y la ignorancia no tenían por qué ir de la mano. Bruno era curioso por naturaleza y su avidez de conocimiento era tan poderosa que se interesó vivamente por la literatura, la alquimia, la ciencia y la nueva astronomía, encarnada en la figura de Copérnico.

La teoría heliocéntrica y una de idea de Universo infinito

Giordano fue excomulgado por la religión católica, la calvinista y luterana, se convirtió en un apestado del que todos se querían burlar. De la misma forma se las tuvo que ver con los defensores humanistas del aristotelismo y una cerrada comunidad científica que rechazó de pleno su concepto de universo infinito. Para Giordano el universo estaba formado por una reiteración de infinitos sistemas (synodus ex mundis) solares o planetarios separados por un espacio lleno de éter. Sistemas en los que las estrellas o soles se necesitaban mutuamente y formaban una estructura en equilibrio. Losplanetas precisaban de la luz y el calor del Sol para moverse en rotación y traslación en torno a él. Era una concepción vitalista del Universo, concibiéndolo como un ser vivo en el que todos y cada uno de los elementos que lo contienen se necesitaban entre sí para existir. Astros y cuerpos en constante movimiento, estrellas y soles que necesitaban a sus planetas. Un universo infinito porque no existe un límite del mismo; necesario debido a la inmutabilidad, bondad y potencia divina; y homogéneo porque para Bruno la materia de todo el universo es la misma aunque diversificada.

Su Copernicana idea de que la Tierra no era ni mucho menos el centro del cosmos; escandalizó a la ortodoxia religiosa y científica oficial, pero Bruno fue incluso más allá defendiendo vehementemente que vivimos en un universo infinito repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios.

Bruno se convirtió en fugitivo, vagabundo y nómada, portador de una inmensa idea absolutamente repudiada como única compañera de viaje. Pasó por Roma, Génova, Turín, Venecia, Padua y Milán, abocado prácticamente a la mendicidad jamás renunció a su visión cosmológica divina. Durante un profundo periodo errante, que no errático, recibió el apoyo de una minoría de pensadores, filósofos y poetas, que atraídos por sus ideas le abrieron puertas a grupos de influencia. Interesados por conocer las disparatadas ideas del iluminado del Universo infinito, Giordano vagó por media Europa. Tras pasar un tiempo en Ginebra, Lyon y Toulouse, en 1581 llegó a París. Es conocido que hasta el propio rey Enrique III se sintió atraído por sus disertaciones. Permaneció en Londres durante tres años, acogido por el embajador de Francia, Michel de Castelnau, en la zona de Butcher Row, donde Giordano fue prolífico en publicaciones sobre sus teorías religiosas y astronómicas. Resistió hasta su encuentro con los profesores de Oxford, que en debate se mostraron indignados por su apoyo al heliocentrismo de Copérnico.

Sintiéndose rechazado reanudó nuevamente su itinerante travesía vital, viajando a París, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Fráncfort y Zúrich. Durante su estancia en Alemania recibió una carta de un noble veneciano, Giovanni Mocenigo, que le invitaba a regresar a Italia. Los riesgos a correr eran elevados, pero Giordano estaba dispuesto a ir con sus ideas hasta las mismas puertas del infierno.  Se trasladó a Venecia a finales de 1591, donde fue asiduo  a las sesiones de la Accademia degli Uranini, lugar donde se reunían ocultistas famosos, académicos e intelectuales liberales. Daba clases en la Universidad de Padua y en mayo de 1592 ya tenía decidido su regreso a Fráncfort cuando Mocénigo le convenció a posponer su viaje hasta el día siguiente. Fueron sus últimos momentos en libertad, el 23 de mayo fue apresado por un grupo de soldados y una orden de la Inquisición Veneciana que confiscaron todos sus bienes y libros.

Mocénigo hizo de Judas Iscariote y entregó en bandeja de plata la cabeza de Bruno y sus ideas heréticas a la Inquisición. Giordano intentó convencer al tribunal que sus obras eran filosóficas, tenía la esperanza de que en Venecia la Inquisición no fuera tan dura pero su traslado en 1593 a la Inquisición Romana alargó el juicio hasta los siete años sin esperanza de una salida conciliadora que le librara de la hoguera.  

Permaneció encerrado en las temidas y famosas mazmorras situadas junto al Vaticano durante siete años, cuando en enero de 1599 compareció ante el tribunal del Giordano vital no quedaba nada en el aspecto físico. Absolutamente demacrado, con los huesos de los pómulos extremadamente pronunciados, su famélica estampa representaba la evidencia física de sus padecimientos y torturas, pero en cuanto abrió la boca, todos pudieron comprobar que Giordano no se había movido un milímetro de sus ideas y posiciones sobre un Universo infinito. Bruno no era científico pero demostró que para la ciencia, las ideas y por qué no el empírico concepto de un soñador, pueden ser absolutamente imprescindibles para el estudio y la demostración científica.

Las ideas nunca mueren

El Papa Clemente VIII declaró que el acusado era " un hereje impenitente, tenaz y obstinado " Llevado al brazo secular, el cardenal Madruzzi pronunció la sentencia el 8 de febrero  de 1600. Giordano Bruno fue declarado hereje y se ordenó que sus libros fueran quemados en la plaza de San Pedro, siendo castigado su delito de herejía «sin derramamiento de sangre». O lo que es lo mismo condenado a ser quemado en la hoguera. Tras oír la sentencia Bruno dijo: «El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla». Giordano Bruno fue quemado en la hoguera en Campo dei Fiori en Roma alrededor de 10 días después. Desafiante hasta el final, Bruno apartó la vista del crucifijo antes de perecer en las llamas. Lo hizo clavando la vista al infinito, hacia la inmensidad de una idea que vislumbró sin telescopios, una verdad revelada en sueños, donde creyó ver la infinitud de su creador reflejado en un Universo que muchos de aquellos ignorantes no podían ni imaginar pues la hoguera de la Inquisición sólo sirvió para quemar cuerpos, jamás las ideas…

Pues como muy bien dijo Carl Sagan: “Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias. La imaginación frecuentemente nos llevará a mundos que jamás fueron. Pero sin ella, no iremos a ningún lado”.

Foto: http://www.mamurio.it

 

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