Pedro Cavadas, en el corazón de África
Foto: http://pedrocavadas.blogspot.com.es/

Pedro Cavadas, en el corazón de África

El Doctor Pedro Cavadas es reconocido mundialmente por su trabajo en Cirugía Reconstructiva, podría ser considerado el San Judas Tadeo de la cirugía por hacerse cargo de casos imposibles, desahuciados por otros profesionales, pero curiosamente descubrió el verdadero rostro de la medicina en pleno corazón de África.

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Mariano Jesús Camacho

A Pedro Cavadas Doctor en Cirugía Reconstructiva le cambió la vida cuando pisó África por primera vez, especialmente cuando se topó con la verdadera realidad que se vive en dos tercios del planeta. Fue curiosamente por error, Cavadas tenía inquietudes humanitarias que apuntaban a otros puntos del mapa mundial, pero el cirujano de éxito que estaba atrapado en la máquina trituradora del consumismo, acabó creando una pequeña fundación médica en el corazón negro del mundo. El Doctor Cavadas se enamoró de Kenia y pudo comprender que en Occidente el ser humano está tan apegado al materialismo que llega a perder conciencia del verdadero sentido que tiene la vida. Para Cavadas, África es la ventana desconocida, que a nadie le interesa abrir porque muestra una realidad que hace avergonzarse al primer mundo, que prefiere vivir de espaldas a ella. El Doctor se dio cuenta que en su Fundación podía intervenir a cien personas, pero que al darse la vuelta se encontraba con diez mil esperando ayuda, y que al marcharse no quedaba nada atrás, por ello trabajó en ampliar su Fundación en la mejor inversión posible de la cooperación: la educación.

Foto: https://blog.oriolmorell.cat
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Desde que descubrió aquel mundo, el que había sido un eminente y rico cirujano quiso desprenderse de muchos de aquellos lujos con los que antes pensó era imposible vivir. Pedro decidió seguir siendo el cirujano de oro que todos adulaban, pero empleando sus osadas y precisas manos bañadas en el citado metal, tanto para ricos como para pobres, convirtiéndose en faro, luz en la oscuridad para casos imposibles, tanto por la complejidad de las intervenciones como por la escasez de los recursos de países de origen de sus pacientes. En esta línea el Doctor Cavadas nunca ha ocultado su opinión favorable hacia la sanidad española y sus profesionales, pues pese a los recortes y que podría ser sensiblemente mejorable (listas de espera, masificación, condiciones en las que trabajan los profesionales) España pueda ser uno de los pocos países en el mundo en el que se trate a todo tipo de pacientes y patologías sin hacer ningún tipo de criba. Algo que no sucede en otros puntos del planeta, en los que en una sala de urgencias muchos pacientes tienen que regresar a sus casas porque no existen medios o los seguros simplemente no cubren el tratamiento médico o quirúrgico que precisa su enfermedad.

El verdadero sentido de la medicina

Foto: http://www.diariomedico.com/
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El señor Cavadas jamás fue un cirujano al uso, de hecho es médico por casualidad pues nunca quiso serlo. Su verdadera vocación era la de veterinario, pero en Valencia no tenía la posibilidad de hacerlo y, con diecisiete años el hecho de marcharse a otra ciudad para estudiar veterinaria suponía poco menos que hacer un viaje a Marte. Por ello se decantó por la siguiente opción: la medicina. La primera vez que pisó una sala de quirófano fue en cuarto de medicina, pasándole las gasas al cirujano en un simple legrado. Le gustó lo que hizo y vio, pero no supo que aquel era su lugar y la profesión a la que entregaría el sentido de toda su vida hasta varios años después de terminar la carrera, cuando comprendió que había acertado. Fue entonces cuando Cavadas descubrió el verdadero sentido de la medicina: un ser humano ayudando a otro ser humano, un ser humano poniéndose en la piel de otro ser humano, entendiendo su problema y siendo capaz de solucionárselo a través de los conocimientos adquiridos y los años de profesión. Por encima de todo una cuestión eminentemente humana y eso es lo que le impulsó a dedicarse a la cirugía reconstructiva; justo el día que se presentó ante él una mujer con las manos amputadas que le dijo: ¿qué hacemos con esto? Entonces comenzó a explorar en el citado campo de la cirugía.

El Doctor Milagro

El doctor Cavadas con su paciente Samira Benhar. Foto: MÒNICA TORRES | ATLAS
El doctor Cavadas con su paciente Samira Benhar. Foto: MÒNICA TORRES | ATLAS

Nunca quiso ser considerado como un héroe, pero en una sociedad en la que se mitifican a futbolistas por el mero hecho de jugar con unas cualidades especiales o una camiseta determinada, sería conveniente que un tipo como Cavadas, fuera tratado como mínimo con las mismas cotas de admiración que se emplean para estos deportistas de élite. Y es que Don Pedro Cavadas se implica tanto en su profesión y la inmensa complejidad de los casos que acomete, que suele declarar que se deja parte de su vida en la de sus pacientes. Sus historias componen el mapa del dolor físico y vital, son como el arrugado cuerpo de la leña, el crujir de la madera en el fuego de una hoguera, esas sensaciones vitales le asaltan cada vez que recuerda su primer trasplante completo de cara en 2009. Una intervención de quince horas, la primera en el mundo que se realizaba con un segmento de lengua y la mandíbula, incluida la dentadura inferior.

Desgraciadamente una enfermedad previa precipitó el deceso de su paciente en 2013, circunstancia que le marcó profundamente. A Cavadas se le agolpan recuerdos que le atraviesan el corazón cuando su memoria conecta con aquel 'amigo'. La tremenda complicación de la operación, su especial implicación que acabó haciéndole reconocer en una entrevista concedida a Pepa Bueno, que llegó a hacerse tan amigo de él, que una parte muy importante de su ser acabó muriendo con él. Y es que para Cavadas el glamour es todo aquello que puede salir en los medios de comunicación, que le sitúan en la vanguardia y le encumbran como un cirujano de alta competición capaz de abordar casos desahuciados por la mayoría de los cirujanos y hospitales, pero que su profesión tiene muy poco de glamour y mucho de dolorosa realidad. Aquel hombre pudo volver a ver la luz y tuvo cierta calidad de vida durante un tiempo, pero como defiende Cavadas en casos de tan elevada complejidad el riesgo es tan grande que no todo siempre sale bien y el Doctor Milagro no pudo hacer nada por salvar su vida. Especialmente porque en un trasplante demasiadas cosas dependen de factores que el médico no puede controlar.

La grandeza del donante

Cavadas defiende que en su especialización cobra una importancia capital el papel que juegan la Sociedad Española de Trasplante (SET) y la Organización Nacional de Trasplante (ONT), pues considera uno de los más grandes actos de generosidad el hecho de la donación de órganos, incidiendo especialmente en el caso de órganos visibles, de tal modo que para las familias constituye una decisión nada sencilla de tomar. A Cavadas se le ha vinculado a la figura heroica en más de una ocasión, algo que rechaza totalmente el cirujano, que considera que los verdaderos actos de heroicidad son los de las familias, que tiene esos gestos de grandeza difícil de imaginar.

El trasplante de cara es dotar de aspecto humano a un paciente que no lo tenía, técnicamente es uno de los más complejos, aunque como defiende Cavadas la verdadera complejidad comienza en los tratamientos posteriores. La espectacularidad se la llevan los cirujanos, pero tras ellos existe un mundo posterior quizás incluso más complejo. El Doctor Cavadas jamás quiso engañar a nadie y siempre estuvo totalmente en contra a la tendencia general a ocultar las complicaciones que se pueden generar tras un trasplante de las citadas características. Es más, no todo es brillo en su profesión, muy llamativa en los medios de comunicación, pero con un compromiso de implicación elevadísimo tanto por parte del cirujano como del paciente. Como se puede comprobar estadísticamente un importante porcentaje de casos desahuciados por otros profesionales no acaban con el final deseado. Su trasplantado de cara falleció y al trasplantado de piernas tuvo que amputárselas por un problema médico ocasionado por la medicación, que es altamente nociva en casos de problemas de salud base. Considera el cirujano que gran parte de su popularidad se debe a que su especialización genera mayor grado de impacato mediático en una sociedad que ha dejado de impresionarse con los trasplantes de órganos vitales, tan importantes o más que el de los órganos visibles. Afortunadamente los avances médicos han posibilitado que los trasplantes de órganos vitales se hayan convertido en rutinarios, pero como dice Cavadas en el citado campo queda mucho camino por delante, puesto que todos los trasplantes tienen fecha de caducidad. Se calcula que a los veinte años el 100% de los órganos trasplantados se han perdido estadísticamente.

Foto: EFE
Foto: EFE

Para Cavadas el dinero no es un impedimento, si a su consulta llega un paciente que no tiene recursos, que por su complejidad ha sido rechazado en todas las vías posibles, pero es viable  según su criterio médico, es intervenido; porque como él mismo dice, 'su religión' le impide darle un no como respuesta. El Doctor Cavadas hace unas dos mil operaciones al año, y durante un largo periodo de su carrera profesional trabajó de lunes a domingo, de hecho con dos hijos llevó con serias dificultades la conciliación familiar, al punto de que sus hijos llegaron a estar en su consulta para poderlos ver. Con el tiempo ha logrado delegar y trabajar de lunes a viernes, con idéntica intensidad, pero reservando un tiempo precioso para sus hijos. A su juicio la vistosidad de su trabajo no es ningún hito, es importante iniciar cosas que no se han hecho antes, pero en el momento que se pierde el contacto con el suelo la vanidad hace presa fácilmente; por ello Cavadas al que se le podría considerar como el San Judas Tadeo de la cirugía, siempre dispuesto con bisturí en mano para abordar casos imposibles, espera la llegada de una mente privilegiada capaz de desarrollar los tratamientos y trabajar en la investigación para que los trasplantes sean cada vez más eficientes. Mientras, sigue asombrando al mundo con sus intervenciones, la última extirpar un tumor gigante en el cráneo a Mike Koech, paciente al que se le detectó el problema en 2001 y que pasó más de una década recorriendo diversos hospitales en Kenia e incluso de India buscando una solución a su tumor. Intervenciones que agravaron el problema, hasta que  Pedro Cavadas conoció el caso de Mike a través de la Cruz Roja de Kenia.

Implicaciones humanas, vínculos indestructibles

Cavadas estudió y abordó las peculiaridades del caso, gestionándolo a través de su Fundación, siendo finalmente intervenido en el Hospital de Manises. A Mike Koech se le efectuaron en 2011, 2013, 2015 y octubre de 2016, resecciones craneofaciales con reconstrucción microquirúrgica para extirpar el ameloblastoma gigante que le había deformado parte de la cara. El Cirujano Milagro le devolvió la cara, pero fundamentalmente le devolvió la vida, porque su destino era la muerte. Entre las citadas intervenciones Mike tuvo una hija y llamó a Cavadas para comunicárselo, expresándole que “se la debía” y que era él, el que le debía poner nombre. Se dio entonces la circunstancia de que Pedro Cavadas acababa de perder a su madre, por lo que invitó al que ya era su amigo Mike a bautizar a la niña con el nombre de Carmen, el de su madre. Hoy Cavadas ha vuelto a prolongar la vida de un hombre y otorgarle la posibilidad de seguir cuidando de Carmen, ese vínculo indestructible que les une y que por encima de todo constituye la razón por la cual merece distinguirse su capacidad profesional, que constituye en esencia la de todos los médicos y la de la medicina: un ser humano ayudando a otro para hacerle la vida un poco mejor. El dogma del Doctor Pedro Cavadas, aquel rostro que acabó descubriendo en el corazón de África.

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