Crítica de 'Hasta el último hombre': la guerra tiene varias caras
Imagen promocional distribuida de 'Hasta el último hombre'

Muchas veces los guionistas no tienen que quebrarse la cabeza inventando nuevas historias que atraigan al público. En ocasiones esa historia que están buscando ya existe, sólo hay que rescatarla y saber mostrarla. 

Con el evidente sello patriota americano (pero mucho menos que 'El francotirador' de Eastwood) la película presenta la historia de un adventista que se alistó al ejército pero con el fin totalmente opuesto que el resto de sus compañeros: Él no quería quitar vidas, quería salvarlas.  

Sin duda, el punto fuerte de la película es la acción y la trama puramente bélica. Las ofensivas americanas en Okinawa y las posteriores labores de rescate del protagonista crean momentos de tensión y acción muy agradecidos. 

Se alistó al ejército pero con el fin totalmente opuesto que el resto de sus compañeros: Él no quería quitar vidas, quería salvarlas.  Pero la película no se limita a guerra y más guerra, muerte y más muerte. De hecho, la primera mitad de la película se dedica a explorar otras tramas fundamentales para entender lo que posteriormente ocurre en el campo de batalla. Por una parte está la trama familiar que aborda la complicada relación del protagonista con su padre exsoldado interpretado por un soberbio Hugo Weaving. Por otro lado, se trata sin demasiada recreación (algo que se agradece) la relación amorosa de los personajes de Andrew Garfield y Teresa Palmer, recalcando el hecho de que en este tipo de películas la presencia femenina suele quedar en un segundo plano.

Paralela a estas dos subtramas se encuentra en todo momento de forma primaria la trama religiosa y los problemas que su creencia le traen al personaje principal. 

En ciertos momentos la película se embriaga de una espectacularidad tan necesaria como peligrosamente excesiva en ciertos momentos. 

Otro arma de doble filo es la presencia de Vince Vaughn. Su papel instruyendo a los soldados resulta un acierto en los primeros compases brindando al espectador un inicio cómico que quedará como de lo mejor de la película. Sin embargo, para aquellos que sigan más la trayectoria de Vaughn les chirriará ver a este cómico por naturaleza batiéndose en combate y guerreando en las trincheras.

Lo mejor: el primer contacto con Okinawa. La primera escena de guerra cruel tras escalar el alto precipicio quedará para la posteridad. Y es que en ciertos momentos recuerda al mítico desembarco en Normandía de 'Salvar al soldado Ryan'. Muertes de forma indiscriminada, mutilaciones, incertidumbre y desesperación se juntan para dar forma a una batalla bélica en toda regla.

Lo peor: demasiado propagandística. Esta película no lleva impreso el sello del Tío Sam de una forma tan casi respulsivamente patente, pero parece que hacer una película bélica en Estados Unidos suele llevar incluido la propaganda nacional. En algunas escenas sobran comentarios y actos que dan por hecho la distinción entre los buenos (ellos) y los malos (todos los que no piensan como ellos), las causas justificadas (las suyas) y las no justificadas que hay que combatir (las de todos los demás). Hacen que el espectador desconecte de la película en especial algunas valoraciones que dejan en muy mal lugar a todo aquel que decide no ir a la guerra.

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