Análisis de las nominadas a Mejor Película en los Oscar: "Manchester Frente Al Mar"
Análisis de las nominadas a Mejor Película enLos Oscar: "Manchester Frente Al Mar". Foto: Montaje VAVEL

Análisis de las nominadas a Mejor Película en los Oscar: "Manchester Frente Al Mar"

Son nueve las películas nominadas en la 89ª edición de los premios más prestigiosos del cine. Los Oscar llegan a Hollywood y en CINE VAVEL hacemos un repaso a las películas nominadas a Mejor Película. En esta ocasión os traemos “Manchester Frente Al Mar”

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Rafael Jiménez Montoya

Breve pero intensa. Así se define la filmografía del estadounidense Kenneth Lonergan, siempre anclado en el drama de personajes luchando contra fuerzas externas que remueven todo su interior. En su debut en el año 2000 con Puedes Contar Conmigo, ya encumbró a su actriz y su propio guión a la nominación al Oscar. Once años después, repitió la potencia del drama con actores más comerciales pero mismo tono intimista en Margaret; a pesar de contar con el respaldo de la crítica, no tuvo presencia destacada en los premios. Sin embargo, a la tercera va la vencida: su tercer film, Manchester Frente Al Mar, ha ido ganando nominaciones y favor de la crítica conforme la temporada de premios ha ido avanzando, hasta el punto de situarse en el podio de las favoritas para los Oscars. ¿Qué es lo que ha visto la Academia de Cine de Hollywood en este drama para otorgarle 6 nominaciones en las principales categorías?  

Múltiples alabanzas hacia Manchester Frente al Mar. Foto: Misterarkadin

Análisis de la película

¿Otro drama independiente más típico de premios? Sí, y no. A pesar del corte clásico que puede transmitir desde fuera el film, una vez el espectador se adentra en el visionado irá descubriendo el juego de piezas (muy potentes todas) que el director y guionista ha configurado de una manera verdaderamente prodigiosa. Sin duda que la historia que cuenta es muy dura; sin embargo, más allá de la muerte del hermano, hay otro drama mucho mayor que condiciona todo y que hay descubrir durante el visionado. Quizás hay que dar un voto de confianza al principio para la explicación del por qué (sobre todo del comportamiento del personaje protagonista), pero Kenneth Lonergan lo ha planificado todo para hacer del visionado del film una experiencia muy intensa en la que cada momento está donde tiene que ocurrir, y poco a poco te va suministrando las piezas que necesitas para ir construyendo el puzle.

Una pieza clave es el juego con los flashbacks. Por un lado, como se ha mencionado, son el complemento necesario para entender la historia, ya que no solo se está contando algo que ocurre en un determinado momento (la muerte de un familiar y las readaptaciones posteriores), sino el estado de ánimo de cada uno de los afectados, cómo les ha transformado su pasado para llegar a ese presente, y así poder entender sus pasos para el futuro. Hay que tener una visión amplia de esta historia, o mejor dicho, universo, ya que la película es como la vida misma: a pesar de poner el foco sobre un determinado momento, ese es uno más de una vida entera, por lo que los personajes no comienzan la película como un lienzo en blanco sobre el que escribir, al igual que tampoco los dejamos al final con la vida solucionada y un final cerrado. Así, vemos como se logra un matrimonio perfecto entre el qué se cuenta y el cómo se cuenta, ya que contar esta historia como parte de vida solo se podía hacer de esta manera tan peculiar.

Por otro lado, este recurso (que acaba convirtiéndose en ese algo característico que diferencia a la película) y el desarrollo general de la película, logran también introducirnos por completo en la mente de los personajes. No se trata de conocer su evolución a lo largo del largometraje (que también), sino más bien sacar a relucir todo lo que sienten por dentro, sin recurrir a momentos demasiado gratuitos y poco originales, o actuaciones sobreexcedidas. Y es que, como ya se avisaba antes, la portada del film puede parecer muy monótona, todo muy tranquilo donde (como se suele decir comúnmente) apenas pasa nada. Sin embargo, desde esa aparente tranquilidad, en un ambiente tan calmado como el breve oleaje de las costas de este particular Manchester, se esconde todo un mundo muy personal y potente que convierte a la película en un gran drama lleno de potencia.

Realmente, Kenneth Lonergan ha puesto toda la artillería en el guión para no tener que abusar de artificios en la dirección (deja de lado los planos o movimientos con florituras en pos de una realización más clásica y planos más mantenidos) o el montaje (ni siquiera para los flashback se sale de las transiciones por corte, y como única posible floritura están los clásicos fundidos de entrada y salida). Sin embargo, sí que ha apostado fuerte también ha sido en la dirección de actores. ¿Qué sería de un drama humano fantásticamente escrito y estructurado sin unos intérpretes que lo hicieran palpable al gran público a través de las imágenes? Más allá de lo escrito, la poesía no tiene por qué ser solo de palabras; en este caso, las imágenes, gracias a los actores que las llenan, desprenden esa profundidad y magia que nos hace percibir este trozo de vida. 

La película es el camino a recorrer del personaje de un magnífico Casey Affleck, y todo lo que ocurre o se recuerda tiene que ver con él. El hermano de Ben Affleck tenía el reto de representar dos personalidades muy distintas, y la transición entre ambas en ese punto de inflexión de la película. Si bien en ambas está impecable, lo cierto es que esa personalidad tan intimista, desolada, achacada por el paso del tiempo, en la que se ven las consecuencias de un pasado que poco a poco vamos conociendo, es la que le hace entrar al actor en la liga de los grandes actores. Es mucho más difícil trabajar para dentro, desde la contención, sin caer en la monotonía, que hacia fuera y romper a llorar, gritar… Entre ambos polos se mueve el personaje de Michelle Williams, que cuenta con más importancia que minutos en pantalla, pero no duda en sacarle el mayor partido a cada uno de ellos. A pesar de su más que probado talento, el auténtico partenaire del protagonista es su compañero de viaje y principal motivo del mismo: el hijo de su hermano. Lucas Hedges encarna a la perfección el drama post-muerte de figura paterna: ¿naturalidad sin más? ¿No me afecta nada porque soy un joven inteligente sin sentimentalismo barato? ¿Sobrevenido por impulsos devastadores? El guión le da la oportunidad de jugar con todas esas caras del drama, y se gana a pulso, al igual que toda la película en general, su nominación al Óscar.

Casey Affleck y Lucas Hedges conducen todo el drama de la película. Foto: Blackfilm

Sus fortalezas para ganar

Merecida nominación, y merecidos premios. Sin embargo, dejando incluso a un lado la calidad más que probada del film, desde un punto de vista meramente estadístico, tiene mucho a su favor. El año pasado, Spotlight (Thomas McCarthy, 2015) se alzó con el Óscar a Mejor Película con tan solo 6 nominaciones (las mismas que Manchester Frente al Mar). El terreno también es el del drama, y le podría ocurrir como a ella también el imponerse sobre las más favoritas de público y que (seguramente) más se recordarán; al igual que Spotlight se impuso a Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) o El Renacido (Alejandro G. Iñárritu, 2016), quién sabe si podrá imponerse sobre La La Land (Damien Chazelle, 2017).

Además, aunque no gane el premio a Mejor Película, también tiene posibilidades de darle su primer Óscar a Michelle Williams o dar la sorpresa con Lucas Hedges y encumbras su carrera del todo (al fin y al cabo, ¿no están también para ello los Óscar?). Eso sí, en el terreno de lo seguro, las quinielas apuestan fuerte por los dos mismos puntos en los que el director ha hecho lo mismo: guión y actor principal. Esta primera será la lucha más igualada con La La Land (en Guión Original), mientras que en esta segunda la balanza se decanta claramente a su favor: ese trabajo para dentro que exprese para fuera, y no al revés como hace Ryan Gosling, parece ser el boleto asegurado de victoria para Casey Affleck como Mejor Actor Principal.

Sus debilidades por las que no ganará

Hablando de comparativas, lo cierto es que Spotlight rellenaba sus nominaciones, además de con película, actores y guión, con montaje, lo cual le falta a Manchester Frente Al Mar. E incluso también cogiendo casos de otros años, no siempre el drama profundo es victoria asegurada: la gran favorita Boyhood (Richard Linklater, 2014) cayó derrotada ante la virtuosidad americana de planos secuencia y actores de Birdman (Alejandro G. Iñárritu, 2014). Al fin y al cabo, ¿no es esta también la definición de La La Land?

Realmente, las debilidades de Manchester Frente Al Mar son todas las fortalezas de La La Land. Además, los Óscar suelen premiar dramas que sean necesarios temporalmente hablando, y si Spotlight alcanzaba esa categoría con el tema de los abusos a menores en la Iglesia, Moonlight (Barry Jenkins, 2017) hace lo propio con la homosexualidad, el racismo y el acoso escolar. Aunque Manchester Frente Al Mar no sea premiada este año, su potencia y calidad le dan un premio aún mayor que un Óscar: la inmortalidad entre las grandes películas realizadas. 

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