La regencia de
Mariana de Austria: ¿determinación o sumisión?
“Carlos II y Mariana de Austria”. Círculo de Sebastián de Herrera Barnuevo. 
Museu Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú. 

El derecho castellano establecía que, dada la corta edad del príncipe (Carlos contaba con cuatro años de edad), la reina viuda debía ejercer como regente. Mariana de Austria inició así su andadura como reina regente de la Monarquía hispana, papel que desempeñaría durante diez años, hasta 1675.

Nacida a finales de 1634 en la actual Austria, Mariana era hija de Fernando III y María Ana de Austria, emperadores el Sacro Imperio Romano Germánico. La unión entre el monarca hispano Felipe IV y Mariana de Austria fue acordada en 1647. El enlace se celebró dos años después. Mariana tenía catorce años de edad, era sobrina carnal de Felipe IV y sus padres eran primos hermanos. Un cóctel explosivo, como se evidenció en las limitaciones del hijo de Felipe y Mariana, Carlos II “el Hechizado”, último rey de la dinastía Habsburgo.

La historiografía tradicional, representada por autores como Manuel Ríos Mazcarelle, sostiene que la regencia de Mariana de Austria fue un período de sumisión de la reina a dos validos: Juan Everardo Nithard (quien también era su confesor) y Fernando de Valenzuela y Enciso. Otro autor tradicional, Fernando González-Doria, también presenta a Mariana como una pésima y nefasta regente afirmando que “Doña Mariana, conociendo (…) el límite de su propia incapacidad se entregó políticamente en manos de su confesor”. En resumen, la historiografía tradicional entiende que Mariana de Austria protagonizó una torpe regencia y se sometió a negligentes validos.

Pero, en los últimos años, se ha llevado a cabo una intensa revisión de la figura de Mariana de Austria. Historiografía más reciente presenta a la regente como la indiscutible protagonista de esta etapa. Autores como Alejandro Pérez Muñoz afirman que esa fue “una década (…) que estuvo marcada, aunque de forma velada, por las intenciones y creencias de Mariana”. En otras palabras, las nuevas perspectivas sostienen que Mariana tenía unas ideas claras de cómo debía ser el gobierno de la Monarquía y se dispuso a llevarlas a cabo si bien, como destaca Pérez Muñoz, de forma discreta (para autoprotegerse).

Otra idea que para la historiografía actual refuerza el argumento de que Mariana era perfectamente consciente de su poder y no tan incapaz como habitualmente se la retrata lo encontramos en sus maniobras para la adjudicación de puestos dentro de la Junta de Gobierno. Felipe IV había determinado en su testamento la creación de una Junta que apoyase a la reina en su regencia. Uno de los miembros de la misma, el Arzobispo de Toledo, murió poco antes que el rey. Su puesto, por lo tanto, quedaba vacante. Mariana, ágilmente, aprovechó esa vacante para introducir en la Junta a un hombre de su confianza: su confesor Juan Everardo Nithard. En esta jugada, Pérez Muñoz entiende que Mariana “tiene, tal vez no la habilidad política, pero si la destreza de una buena cortesana para mover los hilos y conseguir sus objetivos”.

Además de Mariana de Austria existe un segundo personaje que jugó un papel crucial en el período de la regencia, y este fue Juan José de Austria. Juan José era hijo ilegítimo de Felipe IV y había nacido en 1629, fruto de la relación del monarca con la actriz teatral María Calderón, más conocida como “la Calderona”. Juan José fue el único de los bastardos reales que reconoció Felipe IV. El bastardo viajó por prácticamente todos los reinos y territorios de la Monarquía hispánica. De esta manera conoció a las élites de los distintos territorios y comprendió los entresijos del sistema. Juan José advirtió que las élites de los distintos reinos deseaban volver a ejercer poder en sus propios territorios, pues habían sido desplazadas y ya no se hallaban integradas en el sistema.

La historiografía actual entiende que estos viajes por los diferentes reinos de la Monarquía, además de granjearle la simpatía y apoyo de las élites periféricas, contribuyeron a que en la cabeza del bastardo cristalizara una determinada visión de qué debía ser y cómo debía organizarse la Monarquía: Juan José de Austria se convirtió en uno de los principales defensores de la “monarquía compuesta”. Y, así, nos encontraremos con dos modelos contrapuestos: la monarquía compuesta apoyada por Juan José y la monarquía articulada que va a defender Mariana de Austria.

La historiografía actual, frente a la tradicional, que suele hablar de estos años como un período de profunda decadencia, señala que en esas décadas del siglo XVII fue cuando comenzó el período de reconfiguración de la Monarquía hispana. Las reformas fueron iniciadas por el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, y continuadas posteriormente tras la destitución de este. Estas reformas, que obedecían al intento de salvar una monarquía colapsada, incapaz de integrar de forma efectiva la multitud de territorios que poseía, se enmarcan dentro del ideario de una monarquía articulada.

La idea de monarquía articulada defendía que Castilla debía ser el reino principal, el centro de la monarquía, y que había que conseguir que los distintos territorios se homogeneizaran y se confesionalizaran. Con la confesionalización no solo se aspiraba a que los distintos reinos compartieran una sola religión (el catolicismo), sino también que los súbditos se vistiesen, pensasen, actuasen y se comportasen de la misma o muy similar manera en todos los territorios. Por su parte, la monarquía compuesta abogaba por que los diferentes reinos mantuviesen sus peculiaridades y tradiciones.

Mariana de Austria compartía las ideas de su esposo de organizar la monarquía de manera articulada, y trabajó para verlas materializadas. Para la historiografía actual, estas dos formas opuestas de concebir la monarquía, esta dicotomía, fue la razón principal que propició el enfrentamiento entre la regente Mariana y Juan José de Austria. En la historiografía tradicional, sin embargo, no se hace mención alguna a esta doble manera de entender la monarquía. Las malas relaciones entre la reina regente y el bastardo suelen explicarse simplemente desde el odio mutuo que ambos se profesaban debido al orgullo y ansias de poder de Juan José de Austria.

No obstante, es necesario señalar que la historiografía actual sí acepta que existió una influencia de Nithard sobre Mariana de Austria en lo relativo a la defensa de la monarquía articulada. Pero, distanciándose de la historiografía tradicional, la reciente sostiene que el confesor de la reina no tuvo tanto peso político como tradicionalmente se le otorga. En otras palabras, ambas historiografías entienden que Nithard fue un personaje importante en la vida de Mariana de Austria y que efectivamente influyó en su pensamiento político. En donde difieren es en la relevancia política que se le otorga al valido.

En definitiva, la principal conclusión es que, en los últimos años, se ha llevado a cabo una intensa revalorización del papel político desempeñado por Mariana de Austria. Actualmente se entiende que esta reina es una de las figuras claves para poder comprender los entresijos políticos del siglo XVII: frente a los postulados tradicionales nos encontramos ahora con una Mariana estadista, consciente de los manejos políticos de la corte y con unas ideas fijas de cómo y hacia donde debía dirigirse la Monarquía. Algo similar ocurre con don Juan José de Austria quien, actualmente, al igual que Mariana, es concebido como un hábil estadista.

Fuentes:

GONZALEZ-DORIA, Fernando. Las reinas de España. Madrid: Alce, 1978.

OLIVÁN SANTALIESTRA, Laura. “Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII”. Tesis doctoral. UCM. 2006.

PÉREZ MUÑOZ, Alejandro. "La gobernación de la Monarquía Hispánica en la regencia de Mariana de Austria (1665-1675)". Tesis doctoral. URJC. 2014.

RÍOS MAZCARELLE, Manuel. Mariana de Austria: esposa de Felipe IV 1635-1696. Madrid: Alderabán, 1997.

 

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