Dédalo e Ícaro
Dédalo y su hijo Ícaro (1776), de Pyotr Ivanovich Sololov (1753-1791). Wikipedia (PD).

Dédalo e Ícaro

Cuenta la mitología griega que el hábil Dédalo tuvo un hijo con la ninfa Náucrate al que llamó Ícaro. Dédalo educó a su hijo en la isla de Creta, donde había sido desterrado y donde vivió albergando ansias de libertad. 

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AlmaLeonor López Pilar

El mito de Dédalo e Ícaro es uno de los más conocidos de la mitología griega y uno de los que más lecturas se han intentado extraer. Dédalo es un hábil artesano (en la antigua Grecia, albañil, artesano, etc. son actividades carentes de prestigio por ser trabajos manuales y generalmente realizadas por esclavos o extranjeros, llamados metecos) pero también el asesino de su sobrino por pura envidia de su habilidad, ingenio e inventiva, un muchacho llamado Pérdix (se le atribuyen los inventos de la sierra, el compás o el formón) al que su tío empujó desde el Templo de Atenea en la Acrópolis para matarle. Sin embargo la diosa se apiadó de él y le convirtió en un pájaro, una perdiz, tal y como también relatan las Metamorfosis de Ovidio en su libro VIII. Dédalo no olvidó este episodio y tal vez desde entonces ansiaba emular a los dioses y  transformar a un hombre en pájaro.

La mitología griega nos dice que Dédalo construye unas alas para él y para su hijo Ícaro con las que pretendía escapar volando del reducido espacio de la isla de Creta donde Dédalo fue desterrado por su crimen y donde creció Ícaro. Dédalo recurre entonces a utilizar un método incierto en lugar de usar la lógica para huir de la isla (recordemos que Ariadna lo logra más sencillamente marcando el camino con un ovillo de lana). Sus motivos parecen ser más elevados, tal vez más relacionados con el desafío que se ha impuesto cumplir ante los dioses. Pero el coste va a ser muy alto.

Para Dédalo será una tarea ardua si tenemos en cuenta que parte del mito nos informa de que el propio artesano había construido a Talos, un gigante de bronce articulado (alado en la primitiva versión) que recorría sin descanso el perímetro marítimo de la isla para evitar tanto que fuese invadida por extraños como abandonada por sus habitantes. Su punto débil era un tornillo que en la parte trasera de su pie (es el origen de lo que le sucede más tarde al héroe Aquiles, que es vulnerable únicamente en su talón) taponaba la vía sanguínea que contenía el icor, el líquido sagrado que hacía inmortales a los dioses. Medea hizo que perdiese ese tornillo para acabar con su vida, pero esa sería otra historia.

El mito cobra tintes muy complejos, tanto como el propio laberinto que identifica la isla de Creta en la época del rey Minos a cuyo servicio se encontraba Dédalo, y donde el cruel rey pudo encerrar a padre e hijo para que a nadie revelara la salida del laberinto. Para complicarlo aún más, Talos podía convertirse en un ser de vivo fuego, tanto, que en griego (Talos es un nombre cretense) equivale a Helios, el sol, y se especula con que en Creta se le adoraba como al mismo Zeus. Así, la recomendación de Dédalo a su hijo sobre que no se acercara demasiado al Sol para no derretir la cera que unía sus alas, ni al mar para que no se mojasen, parece referirse a una precaución hacia Talos, el vigilante de los cielos y los mares que Dédalo conocía bien. No obstante, hay una interpretación de Pausanías (Descripción de Grecia, IX 11, 4-5) que dice que lo que Dédalo idea son unas velas para las pequeñas barcas cretenses y poder escapar junto a su hijo de su cautiverio. Pero, igualmente, Ícaro falleció por imprudencia o impericia.

El lamento por Ícaro (1898), de Herbert James Draper (1863-1920). Wikipedia (PD).
El lamento por Ícaro (1898), de Herbert James Draper (1863-1920). Wikipedia (PD).

Ícaro era joven, rebelde tal vez, y alado descubrió la libertad por primera vez. Lo cierto es que su ascensión fue tan abrumadora que irremediablemente perdió sus alas y se precipitó al vacío, encontrando la muerte en el mar, cerca de una isla que desde entonces lleva su nombre, Icaria. La desobediencia o imprudencia de Ícaro suele relacionarse con este ardor juvenil que impele a querer superar a sus progenitores en todo. Pero cuando hablamos de mitología griega la mano de los dioses suele aparecer siempre como guía de cualquier destino. Las veleidades de Ícaro pudieron estar escritas. Pienso que incluso su muerte puede significar, precisamente, que le había llegado el fin de esa díscola juventud. 

Para Dédalo la pérdida de Ícaro supone un cruel recordatorio de que los dioses no permiten a los humanos huir de su pasado (como no le permitieron huir de Creta), ni tampoco dejan que el ingenio humano dispute su poder ancestral. ¿Es que acaso Dédalo no quiso hacer con Ícaro lo que Atenea había hecho con Perdix?

Hay una leyenda que dice que Dédalo pudo escuchar el canto de la perdiz mientras enterraba a su hijo…

“Ícaro crea el Cielo en el que se eleva, pero se eleva… El Cielo fue su deseo, el mar su sepultura: ¿Hay más bello designio o tumba más fértil?”. André Comte- Sponville.

Bibliografía: Wikisource; ICONOS  Universidad Sapienza de Roma; Imperiumorg; Historia de la Grecia Antigua (1998, U. Salamanca), de María José Hidalgo de la Vega et alli; Introducción a la Mitología Griega (2013, Alianza Editorial), de Carlos García Gual; El mito de Ícaro: Tratado de la desesperanza y de la felicidad (2015, Antonio Machado Libros), de André Comte Sponville.

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