El "estrado" de las damas
Estrado de Damas en el Castillo de los Mendoza en Manzanares el Real. Imagen de Santiago López Pastor en Flickr.

El "estrado" de las damas

Durante el Siglo de Oro español, más que unas habitaciones propias, las mujeres contaban con un espacio exclusivamente femenino que se dio en llamar “estrado”  y pervivió incluso hasta el siglo XIX.

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AlmaLeonor López Pilar

«…Y te la saco de los rastrojos, y te la pongo en toldo y en peana, y en un estrado de más almohadas de velludo que tuvieron moros en su linaje los Almohadas de Marruecos.»
"El Quijote". 2ª parte, capítulo V (Cervantes Virtual).

De esta manera figura en la segunda parte de El Quijote una de las muchas menciones literarias de ese curioso espacio femenino llamado estrado. De origen islámico, las casas castellanas siguieron contando desde el siglo XV con un elemento exclusivamente femenino que se dio en llamar estrado por presentarse habitualmente con una pequeña elevación mediante una tarima respecto al resto del pavimento de la sala. A veces no aparecía esa elevación y se delimitaba de otra forma, como por ejemplo, con una serie de alfombras, almohadones y cojines sobre los que las mujeres se acomodaban.

«…pidió al Duque que, si fuese posible, le acomodase de algún cojín, o de alguna almohada, aunque fuese del estrado de su señora la Duquesa
"El Quijote". 2ª parte, capítulo XLI (Cervantes Virtual).

Era un lugar reservado a las mujeres de la casa  y también a miembros femeninos de la familia, vecinas y amigas. Con el paso del tiempo se incorporan sillas, normalmente de patas bajas, de tijera o jamugas (sillas de cadera), así como taburetes (escañil), habitualmente para damas principales o señoras de más edad. También contaban con algún mueble con cajones, arquillas, atriles, brasero y tapices para dar calidez a la estancia. Solía estar presidido por una imagen religiosa, casi siempre una advocación mariana, a la que las mujeres rezaban en susurros mientras bordaban o cosían (también hilaban, y por eso a veces, se incorpora una rueca). También era un lugar para practicar la lectura, leer en voz alta e, incluso, tocar algún instrumento musical.

Un baile han hecho
Claridano y Galatea
que os ha de agradar, sentaos,
no en los estrados compuestos
de tela, que no son estos
los palaciegos saraos.
                                             
"El valor de las Mujeres", de Lope de Vega.

El estrado era un lugar recoleto y privado al que no se invitaba a todas las mujeres, solo las más allegadas a la dueña de la casa, como demuestra la comedia de Félix Lope de Vega y Carpio. En este tipo de comedias del Siglo de Oro español, se puede apreciar como este espacio va adquiriendo una función de sala de recibir de la señora principal, no ya a damas conocidas, sino a todo tipo de visitas, incluidos varones, que se sitúan fuera del estrado propiamente dicho, aunque sigue sin perder su carácter privativo. Se observa, por ejemplo, en la obra de María de Zayas y Sotomayor (1590-1661) titulada “Novelas amorosas y ejemplares”, o en el mismo Quijote, donde parece insinuarse el estrado como un lugar apropiado para un encuentro amoroso…

«…Camila le respondió que mejor reposaría en el estrado que en la silla, y así, le rogó se entrase a dormir en él. No quiso Lotario, y allí se quedó dormido hasta que volvió Anselmo
"El Quijote". 2ª parte, capítulo XXXIII (Cervantes Virtual).

En el siglo XIX ya no son de uso corriente, pero aún pueden encontrarse en alguna casa de clase media de la época de la Restauración. Ahora las casas se compartimentan más y hay salas especiales para recibir visitas, salas que en realidad son espacios públicos dentro de una vivienda privada. En el inicio del periodo isabelino, hacia 1833, la dote de una dama permite identificar las estancias de una casa media, en la que se menciona una sala estrado además de otras habitaciones, cada una de ellas con un uso determinado, como la alcoba, el cuarto de labor, el gabinete o la antesala. E incluso en un año ya tan tardío como es 1874, un estrado femenino ocupaba buena parte de la estancia de recibir de una dama de importancia, madre de un médico y comerciante de Valladolid, que contaba con «dieciocho sillas y dos confidentes». Es, probablemente, una de las últimas viviendas en las que se puede documentar este espacio tan particular e íntimo femenino.

Fuentes:

-"Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX" (2018), Mª del Pilar López Almena, Universidad de Valladolid, Valladolid.

-Imagen de cabecera en Flickr.

 

 

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