Órdenes Militares: Militancia religiosa en la Península
Fuente: Arte Historia

Órdenes Militares: Militancia religiosa en la Península

Las órdenes militares son instituciones que comparten dos caracteres. Por una parte, el religioso y, por otra, el militar propiamente dicho.

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Isabel Portela Díaz

Las órdenes militares son instituciones que comparten dos caracteres; por una parte, el religioso y por otra, el militar propiamente dicho. Son creadas en el medievo, en el contexto de las cruzadas a modo de sociedades de caballeros cristianos, inicialmente con el propósito de defender los santos lugares. Más tarde serán utilizadas para la defensa de la fe cristiana.

Se trata de una institución que ya existía y estaba vigente cuando los Reyes Católicos llegaron al trono. Se crearon órdenes de carácter autóctono que coexistían con otras de carácter internacional, como la del Temple o el Hospital. Las autóctonas representan sus propias características que las distinguen, ya que atienden a una circunstancia histórica en concreto, por ejemplo, las creadas para hacer frente a la Reconquista cristiana.

El poder de las órdenes militares llegó a ser enorme y creció de manera bastante asentada. Los grandes maestres de las órdenes adquirieron poder especialmente en Castilla, donde tuvieron la oportunidad de desplegar su poderío y tenían la oportunidad de conocer a los reyes de primera mano. Algo que cabe destacar es la eficacia de su ejército en campaña, detalle que por supuesto los monarcas aprecian en gordo.     

Símbolo de la Orden de Calatrava. Fuente: WikiCommons
Símbolo de la Orden de Calatrava. Fuente: WikiCommons

La cruzada contra el moro en 1064, la decisión de un Papa cambiaría muy probablemente el curso de la historia, y es que Alejandro II, concedió el perdón absoluto de todos los pecados a todos aquellos que se decidiesen a acudir para lugar contra el islam en España. Además, se suma en 1118, un concilio reunido en la ciudad de Toulouse, que se encarga de conferir carácter oficial a la campaña militar contra los moros un carácter oficial de cruzada. 

Nace de esta manera el concepto de cruzada como guerras santas en territorio español y se produce un auge del desarrollo de estas órdenes autóctonas, que deben cubrir este proceso de Reconquista, y van de la mano de la repoblación cristiana. Hay tres zonas donde principalmente se concentran, siendo Castilla, Extremadura y el Sistema Ibérico.

Cada orden ejerce en estas zonas, un papel político y al mismo tiempo económico, que compartía bastantes puntos en común con el señorío feudal. El papel de las órdenes  fue creciendo con el paso del tiempo y se convirtieron en importantes centros de poder, que además tenían el apoyo pleno de los monarcas y que supo contribuir al avance de los territorios y ganarse la confianza de la población de cada lugar respectivamente, desde su posición política.

Órdenes castellanas y aragonesas A partir del siglo XII se fundan en la Península Ibérica las tras órdenes militares más importantes dentro del territorio, todas ellas eran de origen castellano, pero se comportaban como si de órdenes nacionales se tratasen. Se trata de las siguientes: La Orden de Calatrava, mantiene su sede en Castilla y es fundada por los mojes de Císter, la siguiente es la Orden de Alcántara, fundada en León. Estos son las dos primeras y están dotadas de un fuerte carácter militar ya que se trata de zonas donde abundan las fortificaciones.

Más tarde se establece al noroeste la Orden de Santiago, pensada en un primer momento para la protección de los peregrinos que iban a visitar el sepulcro del apóstol. Esas tres órdenes se fundaron a comienzos del siglo XII entre 1150 y 1160. Los miembros que las componen son sus monjes guerreros, cuyo régimen de vida se basaba en las armas y se identificaban plenamente con la defensa de la cristiandad frente al islam. Se vieron favorecidos desde un primer momento, no solo porque contasen con la simpatía del rey, si no porque además recibían cuantiosas donaciones, tanto por parte de los monarcas como de los fieles. El espíritu caballeresco que llevaban por bandera propició que muchos nobles se incorporaran a las órdenes. 

Con respecto a las órdenes perteneciente a Aragón, existen algunas órdenes que han perdurado como las “Militia Christi”, con las siguientes: la Orden de Alfonso I El Batallador, más conocida como la Cofradía de Belchite fundada en 1122. Por otro lado, encontramos la Orden de Monreal creada en 1124, que tras ser reformada por Alfonso VII de León, tomó el nombre de Cesaroaugustana. En 1149, con Ramiro Berenguer IV, se integran dentro de la Orden internacional del Temple. La portuguesa Orden de Avís respondía a las mismas circunstancias. 

Símbolo de la Orden de Alcántara. Fuente: WikiCommons
Símbolo de la Orden de Alcántara. Fuente: WikiCommons

Ya entrado el siglo XIV, una vez que se disuelve la Orden del Temple y tratando de salvar sus bienes, el rey Jaime II de Aragón funda la Orden Montesa. Le cedió el castillo que poseía en esta localidad, situado en la frontera con los sarracenos en tierras valencianas.

Estas órdenes crecieron en demasía, y el propio aumento de su poder trajo consigo algunas consecuencias. La fundación de estas órdenes fue principalmente económica ya que los bienes de las órdenes se concedían en encomienda. Un claro ejemplo de ostentosa economía, lo encontramos en la Orden de Calatrava, cuyas posesiones, se estima superaban las 350.

Poseían 90 iglesias, llegando sus encomiendas a 130 que producían anualmente más de cuatro millones de reales. Finalmente, la intención de estas órdenes era disponer de un poder absoluto y absorbente, dando de lado la posibilidad de que sin permitir la existencia de un estado dentro de otro estado. 

Una vez terminada vez terminada la Reconquista con la toma de Granada, en 1492, la nobleza se vio obligada a someterse al poder real. Los bienes que poseían las órdenes militares pasaron a formar parte de la Corona, ya que su misión estaba finalizada y de manera exitosa habían cumplido con su cometido. El título que se les reservó a estas órdenes fue el de instituciones honoríficas.

Para la idónea administración de la Corona, se creó un consejo que se encargaba de la administración de estas órdenes, que con el tiempo se convertiría en un tribunal. El Papa Adriano VI, en 1523, transformó en perpetua la organización de las órdenes militares por la Corona. Algunos autores sostienen que los Reyes Católicos crearon en 1489 un consejo para cada una de las órdenes, siendo Carlos I quien los reagrupó en uno solo. 

San Pío V, confirmó que debía existir una Bula correspondiente, que agrupase la administración de la Santa Sede y de la Corona, es decir, que ambas se fundiesen en un mismo sistema de administración. Durante el periodo de Felipe II, a modo de solución para resolver las desavenencias surgidas entre el Consejo y la mayoría de los obispos, se confirmará a dicho monarca mediante una Bula el 20 de octubre de 1684, firmada por Gregorio XIII y dándole permiso para terminarlas. Para ello, el rey nombrará una Junta compuesta por un consejero de Castilla, otro de Indias y otro de las órdenes, que recibirá el nombre de Apostólica. 

Escudo de la Orden de Císter. Fuente: WikiCommons
Escudo de la Orden de Císter. Fuente: WikiCommons

                                                         

Llegado el momento, las funciones que estas órdenes militares cumplían, es decir, la defensa de los territorios fronterizos y repoblación de las tierras conquistadas a los musulmanes, se perdió la entera justificación de su existencia. De la misma manera, se perdió el sentido de la percepción de rentas, que había empezado de manera objetiva a diluirse, al mismo tiempo que el creciente control de las funciones y los aparatos militares por parte del Estado.

A partir del siglo XVI, las rentas de las encomiendas de órdenes militares serán utilizadas para los propósitos de la monarquía. Dichos bienes fueron comprendidos en la desamortización, incautándose de ellos el Estado, especialmente por la Ley del 1 de mayo de 1855 y por la del 11 de julio de 1856. 

Fuentes:                                                         

-GARCÍA GUIJARRO, L. Cruzados, papado y órdenes militares. Editorial Catedra, 1999.

 

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