Crítica de “Un Asunto de Familia”
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 Crítica de “Un Asunto de Familia”

La última película de Hirokazu Koreeda con la que ganó la Palma de Oro durante el último festival de cine de Cannes ha llegado por fin a nuestro país para contarnos la historia de una familia diferente a las demás

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Pelayo Quesada

Hirokazu Koreeda es, como sabe cualquier fan del cine asiático en general o del cine japonés en particular, uno de los grandes directores Japoneses del momento en cuya filmografía se pueden encontrar películas de géneros muy variados pero el género que mejor se le da es, sin ninguna duda, el drama familiar. Muchas de sus grandes películas de estos años giran forman parte de este género como por ejemplo: “Nadie Sabe” (2004), “Still Walking” (2008), “Nuestra Hermana Pequeña” (2015) y la película sobre la que trata este artículo, “Un Asunto de Familia” (2018), película ganadora de la Palma de Oro en el último Festival de Cine de Cannes.

La historia trata sobre los Shibata una familia de clase baja que vive en una ruinosa casa de un barrio residencial de Tokio que al no poder llegar a final de mes con lo que ganan trabajando en sus mal pagados trabajos se dedica a robar para comprar cosas que no se pueden permitir o cosas para vender y sacar un dinero extra. La familia se compone de una abuela, Hatsue Shibata, dueña de la casa en la que viven que también aporta a la familia una parte del dinero de su pensión de viudedad, el matrimonio formado por Osamu y Nobuyo Shibata, que trabajan en la construcción y en una lavandería respectivamente, su hijo Shota, a quien no llevan al colegio bajo el pretexto de que allí solo van los niños que no saben estudiar en casa, y la nieta de Hatsue, Aki Shibata, que trabaja como chica de compañía (hostess) en un club, que más bien es una especie de sala erótica. Una noche Osamu y Shota se encuentran a una niña, Yuri, jugando cerca de una casa y la invitan a cenar con ellos con la intención de devolverla después pero cuando la familia descubre claros síntomas de abuso en el cuerpo de la niña, acaban adoptándola. Tras este suceso la familia continua con su vida y Yuri, cuyo nombre es cambiado a Lin tras enterarse la familia de que la policía la está buscando, va encajando poco a poco dentro de ella. Todos son aparentemente felices hasta que un trágico suceso y un accidente durante un robo fallido sacan a la luz los secretos de la familia y amenazan con destruirla.

¿Es posible formar una familia pese a la inexistencia de lazos de sangre? ¿En la familia son más importantes los lazos de sangre o el amor? Estas son las preguntas que Koreeda plantea en esta película y a las que acaba dando respuesta mediante esta maravillosa historia cuyas escenas son inolvidables, tanto las más duras como las más entrañables se quedarán grabadas en la mente del espectador varios días después de verla.

Aparte de las respuestas a estas preguntas también podemos encontrar en la película una gran, y según el director "involuntaria", crítica social. La familia que nos presenta Koreeda en esta película es una familia de clase baja, que tiene dificultades para sobrevivir y llegar a fin de mes sin morirse de hambre, o por lo menos pasarlo bastante mal. Su situación es un ejemplo de como viven muchas personas que sufren por esos mismos problemas, o problemas muy similares, debido al deterioro del Estado de Bienestar en Japón: no ganan suficiente dinero y las ayudas sociales son insuficientes. Además la sociedad mayoritariamente tampoco ayuda ya que ni siquiera se fija en ellos. Es por esto por las que estas personas, como se puede ver hacer a la familia de la película, se ven abocadas a hacer lo que sea necesario para sobrevivir, a veces incluso tomando decisiones de dudosa moralidad. No porque sean malas personas sino porque son víctimas de esta situación. 

Los personajes de la película son unos personajes muy bien construidos con personalidades e historias muy interesantes con los que no es difícil simpatizar incluso en sus momentos más moralmente cuestionables, principalmente por lo que mencionábamos en el párrafo anterior. Los personajes están muy bien desarrollados y ninguno termina la historia como la comenzó. El desarrollo del personaje de Shota, el hijo mayor, es el más interesante. El espectador puede ver como madura a raíz de la llegada de su nueva “hermana pequeña” a la familia y como su manera de ver algunas cosas y a su propia familia cambia según va avanzando la película.

La química que existe entre todos los personajes principales es increíble y en todas las escenas parece que el director está grabando a una familia de verdad. Las actuaciones de los actores pueden ser descritas entre muy buenas y absolutamente brillantes, y será muy difícil para la gente que vea la película decidir qué personaje es su favorito. Se tiene que decir que la actuación de Kirin Kiki ("Nuestra Hermana Pequeña", "After the Storm", "Like Father Like Son", "Una Pastelería en Tokio") es su gran despedida del público ya que la actriz nipona falleció este pasado mes de septiembre. Debido a esto, y a como es la escena, no será raro que a más de uno le cueste contener las lágrimas durante la última escena de la actriz en la película.

Una vez dicho todo esto ¿Qué nota se merece “Un Asunto de Familia? Un 10/10. La película es una de las grandes películas del año que no dejará indiferente a nadie que la vea, consiguiendo que el público piense y reflexione sobre ciertos temas y hará sentir a cualquiera una gran variedad de estados de ánimo durante su duración de 2 horas, dejándolos a todos con una sensación agridulce al final. Es una película que no se puede dejar de recomendar.

Ficha Técnica.

Título: “Manbiki Kazoku”; “Un Asunto de Familia”; “Shoplifters”.

Director: Hirokazu Koreeda.

Guionista: Hirokazu Koreeda.

Reparto: Lily Franky; Sakura Ando; Kirin Kiki; Mayu Matsuoka; Kairi Jo; Miyu Sasaki.

Duración: 121 minutos.

País: Japón.

Fecha de estreno: trece de mayo de 2018 (Cannes); ocho de junio de 2018 (Japón).

 

 

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