Shin Sang-Ok y Choi Eun-Hee, pesadilla al norte del Paralelo 38
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Shin Sang-Ok y Choi Eun-Hee, pesadilla al norte del Paralelo 38

En 1978, la actriz Choi Eun-Hee, conocida como "la Liz Taylor de Corea", y el Director Shin Sang-Ok, conocido como "El Príncipe de Cine Surcoreano", fueron secuestrados y llevados a Corea del Norte donde se les forzó a trabajar para mejorar el nivel de la industria cinematográfica del "Reino Ermitaño".

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Pelayo Quesada

Shin Sang-Ok (1926-2006) y Kim Eun-Hee (1926-2018) son probablemente dos de las figuras más conocidas del cine de Corea del Sur. No solo por sus grandes carreras como uno de los mejores directores y una de las mejores actrices del país asiático durante los años 60, sino por la tragedia que su fama como tales les trajo a finales de los años 70 cuando Kim Jong-Il, que había sido proclamado como el heredero para suceder a su padre al frente del gobierno de Corea del Norte, ordenó su secuestro como parte de un plan para renovar y mejorar la industria cinematográfica de su país.

Imagen obtenida de tn.com.ar
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Fue en 1978 cuando ni Shin ni Choi estaban pasando por su mejor momento. Ambos habían estado casados durante años, e incluso habían formado una familia juntos al adoptar a un hijo y una hija, pero su matrimonio se había disuelto tras conocerse que Shin había tenido una aventura extra-matrimonial con una actriz más joven que Choi, Oh Su-Mi, con la que había tenido dos hijos. Por si fuera poco, ninguno de los dos estaba bien de trabajo. Las películas de Shin durante los años 70 no habían tenido demasiado éxito y su productora había sido cerrada por el gobierno de Corea del Sur tras tener varios problemas con los censores del gobierno del Dictador Park Chung-Hee, presidente de la República de Corea entre 1962 y 1979, lo que también le costó el permiso para dirigir películas en el país. 

La carrera de Kim también había sufrido, en especial a raíz de su divorcio en 1976, y su situación económica no era demasiado buena ya que había contraído una gran deuda bancaria. Fue por esto que cuando a la actriz le fue ofrecida la oportunidad de viajar a Hong Kong y conocer a un empresario que quería hacer negocios con ella no lo rechazó, viajando a la entonces colonia británica en enero del 78. Sin embargo, después de llegar a la ciudad, Choi sería secuestrada por agentes norcoreanos que la guiaron a “Repulse Bay” y la llevaron en barco a Corea del Norte, donde llegaría ocho días después de su secuestro y sería recibida por Kim Jong-Il en persona.

Tras enterarse de la desaparición de su mujer, Shin fue a Hong Kong a intentar encontrarla. Tras llegar a la ciudad, Shin habló con la policía, que le informó de que se había encontrado un guion suyo en la casa de una de las personas relacionadas con la desaparición de su mujer, la agente norcoreana Lee Sang-Hee. Shin afirmó desconocer el guion del que hablaban, aseguró no estar involucrado en el incidente y pidió protección policial ya que se empezaba a hacer una idea de lo que le había pasado a su mujer y temía que le pudiese pasar lo mismo a él. No sirvió de nada, pues uno de los amigos con los que Shin se había puesto en contacto para que le ayudara a encontrar o a saber lo que le había pasado a su mujer, Kim Kyu-Hwa, resultó ser otro agente de la Corea comunista que acabó secuestrando a Shin y llevándolo a Corea del norte con la ayuda de otros agentes de Pyongyang.

Los primeros años de Kim y Choi en el “Reino Ermitaño” fueron bastante diferentes. Ambos eran prisioneros del régimen de Pyongyang, pero Choi fue llevada a una casa de estilo occidental de la que salía para acompañar a Kim Jong-Il a diversos eventos y donde se la obligó a leer diversos libros sobre la ideología comunista y Juche, la ideología oficial de la República Democrática Popular de Corea, con el objetivo de lavarle la mente. Aunque nadie la trató mal, fue el período en el que Choi lo pasó peor. Echaba de menos a sus seres queridos y estaba aterrorizada, sus captores habían dejado claro que la matarían si trataba de escapar.

Mientras tanto, Shin, debido a un intento de escape tras ser capturado, fue llevado a un campo de prisioneros, donde se le intentó reeducar y convertir, sin éxito, en un fiel súbdito de los Kim.

Tras varios intentos fallidos de escapar, Shin decidió cambiar de estrategia y dedicó su tiempo a escribir sendas cartas proclamando su lealtad a Kim Jong-Il, así como su deseo de trabajar con el heredero norcoreano para mejorar la industria del cine y derrotar a la industria cinematográfica del Sur. Fue liberado en 1983, año en el que se reencontró con Choi durante la fiesta de cumpleaños de Kim Jong-Il.

Imagen obtenida de ABC
Imagen obtenida de ABC

La primera sensación de Choi al ver a su exmarido fue de incredulidad, llegando a preguntarle qué hacía allí. Shin simplemente la sonrió y el resto de la noche la pasaron sonriendo a las cámaras y comportándose como los perfectos súbditos en los que el Norte les había querido convertir. Ese mismo año volvieron a casarse a sugerencia del “Querido Líder” (título por el que también se conocía a Kim Jong-Il) y tras contarse sus respectivas experiencias tras ser secuestrados decidieron tratar de escapar.

Choi estaba ansiosa de hacerlo cuanto antes, pero Shin era más cauto. Sus intentos de escape fallidos le habían enseñado que para lograr escapar de las garras de Pyongyang no bastaba con salir corriendo, necesitaban ser pacientes y trazar un buen plan.

El primer paso de su plan consistía en obtener pruebas de que habían sido capturados y no habían desertado, teniendo en cuenta que si lograban escapar tras haber trabajado para Corea del Norte sin pruebas de haberlo hecho contra su voluntad lo más probable es que acabaran en una cárcel de Corea del Sur. Y así cuando Kim les citó para hablar de cómo revitalizar la industria cinematográfica, Shin y Choi llevaron una grabadora y grabaron a Kim mientras se disculpaba por cómo les habían llevado hasta él, les aseguraba que su intención siempre había sido hacerles una oferta y que sus subordinados le habían malinterpretado cuando les había mandado que le trajeran a Shin y a Choi.

Durante los siguientes años de cautiverio Shin y Choi hicieron varias películas para el régimen de Pyongyang, con Kim Jong-Il como productor ejecutivo de la mayoría de ellas. Sobre esta época Shin le confesaría a Choi que había única cosa que le gustaba de trabajar en Corea del Norte: el no tener que preocuparse por el dinero. Shin era un director al que le gustaba gastar más de la cuenta en sus producciones y eso le había traído bastantes problemas cuando trabajaba en el Sur. Según Choi, durante esta época apenas dormían tres horas seguidas, Shin dirigía y a veces operaba las cámaras y Choi actuaba y era ayudante de dirección en las películas. 

Gracias a estos grandes esfuerzos realizados por ambos, y a que Kim Jong-Il les dio libertad para hacer películas que no fueran totalmente propaganda, el cine de Corea del Norte mejoró bastante y alguna de sus películas incluso ganó premios en festivales de cine de países comunistas.

Debido a su gran éxito en el Norte, imágenes suyas trabajando en las producciones norcoreanas se filtraron a Corea del Sur y, como había sospechado Shin, el gobierno de su país los empezó a considerar unos traidores. Opinión que no cambió cuando se pudieron leer algunas entrevistas con periódicos extranjeros en las que se deshacían en halagos hacia Corea del Norte y la dinastía de los Kim mientras que criticaban al régimen surcoreano. Además, viejos amigos suyos que habían coincidido con ellos en algún festival de cine también afirmaban que cuando hablaron con ellos también parecían tener sólo buenas palabras que decir sobre el régimen de Pyongyang.

Por supuesto, todo esto era un truco de Shin y Choi para ganarse la más absoluta confianza de los Kim,  conseguir que estos les permitieran  seguir viajando y tener la oportunidad de pasar pruebas de su secuestro al mundo libre e incluso ponerse en contacto con su familia en la República de Corea, además de para buscar la oportunidad perfecta para escapar de las garras de sus captores.

Oportunidad que se les presentó en 1986 durante un viaje a Austria que era teóricamente para alcanzar un acuerdo de coproducción con un empresario local para realizar su siguiente película. Shin y Choi  se hospedaban en un hotel de Viena junto a sus “cuidadores”, miembros de las fuerzas de seguridad de Corea del Norte, de los que lograron escapar aprovechando un momento de distracción que aprovecharon para salir del hotel y coger un taxi a la embajada de Estados Unidos.

Años más tarde Choi describiría lo nerviosos que estuvieron ambos durante ese trayecto en taxi  y como durante gran parte del recorrido les pareció que otro taxi les estaba siguiendo. Por suerte consiguieron “perder a sus perseguidores” gracias al tráfico de Viena y llegaron a la embajada americana donde solicitaron asilo político.

Allí fueron interrogados por las autoridades americanas, e incluso por agentes de Corea del Sur, y finalmente se les dejó viajar a Estados Unidos donde la pareja eligió permanecer unos años debido a que, pese a las pruebas que habían aportado, el Gobierno de Corea del Sur, ahora en manos del Dictador Chun Doo-Hwan, no se creía del todo la historia del secuestro, particularmente la historia del secuestro de Shin.

Imagen obtenida de agenteprovocador.es
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Tras pasar dos años bajo la protección del gobierno americano, Shin y Choi decidieron mudarse a California. En Hollywood, Shin se involucró en la franquicia de Disney “Tres Ninjas” como productor y escritor, también dirigiendo la tercera película bajo seudónimo. Aunque no volvieron definitivamente hasta unos años más tarde, Shin viajó a la República de Corea para dirigir la película “Mayumi: La Terrorista Vírgen” (1990), basada en la historia de la agente norcoreana Kim Hyon-Hui, una de los dos responsables de la destrucción del vuelo 858 de Korean Air el 29 de noviembre de 1987 que acabó con la vida de las 115 personas a bordo del aparato.

Después de conseguir escapar, Shin y Choi permanecieron juntos hasta la muerte de Shin en 2006. Choi le sobreviviría 12 años, muriendo en abril de 2018.

Películas más importantes de Shin y Choi durante su estancia en Corea del Norte

Imagen obtenida de Gojipedia
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"Emisario Sin Retorno" (1984). Basada en la obra de teatro “Conferencia Sangrienta” escrita por Kim Il-Sung. La obra cuenta la historia de Ri-Jun, un emisario del Emperador Gojong de Corea, que llega a la segunda conferencia de paz de La Haya para intentar anular el Tratado de Protectorado Japón-Corea de 1905. Cuando Ri-Jun no consigue el apoyo de las naciones occidentales, se suicida enfrente de los diplomáticos.

"Amor, Amor, Mi Amor" (1984). Basada en una antigua historia coreana, la Historia de Chunhyang. La historia trata sobre la joven Chunhyang, quien está enamorada de Mongnyong, un joven aristócrata del cual se debe separar al partir este a la capital para convertirse en oficial. Un tiempo después el nuevo gobernador de la zona se enamora de ella y al ser rechazado la encarcela y condena a muerte pero Chunhyang regresa a tiempo para salvarla. La historia es un musical y es la primera en la que se vio un beso entre una pareja de enamorados en una película norcoreana.

"Fugitivo (Runaway)" (1984). Song-Ryul y su mujer viven en la pobreza y deciden trasladarse a Manchuria en busca de una vida mejor, pero siguen sufriendo y Song Ryul acaba siendo arrestado. Cuando es liberado por los hombres de Kim Il-Sung, Song-Ryul se une a su causa. La película contiene una de las mejores escenas de la carrera de Shin.

"Sal" (1985). Una familia esconde a un mercader de las autoridades japonesas, lo que resulta en la muerte del patriarca durante una confrontación entre bandidos chinos y la policía. En la más absoluta pobreza la protagonista busca la ayuda del mercader, pero este no solo no la ayuda, sino que la viola. Por una vecina la protagonista se entera de lo lucrativo que es el contrabando de sal y empieza a dedicarse a él. Durante uno de sus viajes la mujer es atacada por los japoneses y salvada por los comunistas a los que se acaba uniendo. La película fue protagonizada por Choi Eun-Hee, que ganó el Premio a la Mejor Actriz del Festival de Cine de Moscú.

"La Historia de Shim-Chong" (1985). Una historia de amor filial en la que Shim-Chong, una muchacha que vive junto a su padre ciego, decide sacrificarse para que él sea curado y se entrega a unos mercaderes que la llevan a su barco y acaban tirándola por la borda. Shim-Chong llega al palacio del Dios del Mar y es devuelta a tierra donde se enamora del rey, con el que se casa, y se reencuentra con su ya curado padre.

"Pulgasari" (1985). Una historia inspirada por la popularidad de la película de "Godzilla". La película para la que se invirtió más dinero. Una campesina trae a la vida a un pequeño dragón de arroz que se alimenta de metal. Cuando el monstruo crece ayuda a los campesinos a derrocar al tirano que los gobierna, pero su apetito es tan feroz que se acaba convirtiendo en una amenaza para la supervivencia de los campesinos y la campesina elige sacrificarse para acabar con el monstruo. Para la realización de la película Kim trajo de Japón a varios empleados de la productora Toho.

 

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