Javier López de Guereña: "El influjo de Krahe en la música es enorme, pero se ha aprendido muy poco de él"
Fotomontaje: Jorge García

Javier López de Guereña: "El influjo de Krahe en la música es enorme, pero se ha aprendido muy poco de él"

Hablamos con el compositor y cantautor el día de la presentación de 'La Sonrisa de Krahe', de quien fue mano derecha durante más de treinta años.

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Mario Panadero

uEl pasado 21 de febrero se presentó en la sala Galileo de Madrid La Sonrisa de Krahe, el CD+DVD que recoge el concierto homenaje al emblemático cantautor, acontecido en la misma sala en noviembre de 2016. La presentación a los medios tuvo como anfitriones a Joaquín Sabina, el Gran Wyoming y Javier López de Guereña. Este último quizá sea el menos conocido para el gran público, pero probablemente también sea el que más cosas tiene que contar sobre Krahe -y sobre muchos asuntos más-, de quien fue inseparable escudero durante más de treinta años.

Javier cuenta con una apabullante carrera a sus espaldas. Ha dedicado casi la totalidad de su vida a hacer y producir música, rotando por una cantidad de géneros y vertientes prácticamente sin parangón en el panorama musical español. Compositor de una amplia obra sinfónica y camarística, jazz, bandas sonoras de cine y televisión, sintonías (entre ellas la del informativo de RTVE), productor de más de treinta discos, y arreglista de todo lo que se le ponga por delante. Hace tres años se lanzó a interpretar sus propias canciones en formato cantautor. Baile de Lágrimas es su álbum debut.

Hablamos con él la víspera de la publicación de La Sonrisa de Krahe, a quien acompañó en sus aventuras durante más de tres décadas. Nos cita en la Cervecería Santa Ana, su lugar preferido de Madrid.

Hemos estado esta mañana en la presentación del álbum en directo del concierto homenaje a Javier Krahe. ¿Qué recuerdos tiene de ese día? ¿Qué significó tanto para músicos como para asistentes?

Estuvo muy bien, fue un concierto muy alegre. Estábamos evocando a un personaje que transmitía inquietud y humor. Aunque ya no estuviera, su legado no era lacrimoso. Si alguien hubiera empezado con el "allá donde estés..." le habríamos cortado la mano. Fue un concierto íntimo y cómplice, fue una fiesta.

Pasados más de dos años del concierto, ¿qué cree que queda en el 2019 del espíritu de los poetas y cantautores de los primeros años ochenta en La Mandrágora?

El influjo de Krahe en la música es enorme, pero también es palpable lo poco que se ha aprendido de él. Se le tiene idealizado, pero no se ha captado su esencia: su rigor métrico, una visión especial de la realidad, su pulcritud en la letra. Él se tomaba mucho tiempo para componer, tardaba tres años en hacer una canción, y eso se nota. Todavía no está valorado, pero era musicalmente muy inquieto. La gente cree que Krahe hacía canciones con dos acordes, pero le daba cien vueltas en complejidad armónica a cualquier canción que te encuentres ahora mismo. Musicalmente el panorama en general es bastante desilusionante. Yo soy más músico que otra cosa, y si he estado pegado a él durante tantos años es por algo. Además, la gente cuando piensa en Krahe, piensa en el Krahe de La Mandrágora. Cuando piensan en él, se quedan en el primer Krahe, que él mismo abandonó hace muchos años. Musicalmente, el mejor Krahe es el último.

Entonces, ¿no es optimista con el panorama musical que se avecina en España?

No soy pesimista, soy pesimista con la sociedad en general, porque la atención a la cultura es muy pobre. Ahora mismo hay una sobreoferta de cuestiones culturales porque no hay la menor autocrítica y cualquiera se erige en un supuesto foco de interés. Antes había más dificultad para aparecer en cualquier medio, pero también había un filtro. Ahora cualquiera puede aparecer en una red social, y para enterarte de quien vale la pena hay que hacer un desglose inmenso. Faltan un par de tortas de las madres que no se dieron en su tiempo. O lo haces bien, o no lo hagas. Cada vez que veo en Facebook  un vídeo de alguien diciendo "estoy ensayando no sé qué", me dan ganas de mandarle una bomba. Apréndetelo, y cuando te lo aprendas, me lo enseñas. 

Aunque está feo comparar, ¿cree que en esta generación puede existir un Javier Krahe o un Joaquín Sabina, o son fenómenos irrepetibles?

Sí lo creo. Conozco gente con talento y con ganas de hacer cosas distintas y bien hechas, aunque no lleguen a trascender. De todas formas, los caminos de Joaquín y Javier son muy diversos. Joaquín es un tío tremendamente popular, que ha llegado a instalarse en todas las casas de España. Y Javier, que era la persona a quien Joaquín más admiraba, se movió en un perfil medio/bajo. Comodísimo y feliz, eso sí.

Ya sin comparar, ¿qué es lo que más le interesa del panorama musical actual?

Es una mala pregunta. Yo hasta los treinta años escuchaba música  a raudales. Después, cuando uno se va haciendo más mayor, cada vez me interesa más la música que hago yo y menos la que hacen los demás. Es una postura un tanto egoísta, pero me temo que todo el mundo que se dedique a inventarse cosas le termina pasando lo mismo llegado a cierta edad. Yo estoy todo el día haciendo música y entonces escucho poco. Sí que me interesa conocer el panorama actual de la música contemporánea sinfónica, y todos los días me descorazono, porque casi nunca oigo algo que me llame la atención. 

El CD+DVD se llama La Sonrisa de Krahe, y usted en su página web dice que el humor y la diversión es algo que siempre busca en su trabajo, tanto para usted como para quien lo consume. ¿Qué papel tiene el humor en la sociedad de hoy en día y cómo podemos defenderlo?

El humor hoy en día es tan peligroso que puedes acabar en el juzgado. Estamos en un momento socialmente patético. El humor es lo que nos defiende contra la miseria de la vida. Gracias al humor que cultivó Krahe, nosotros seguimos riéndonos después de su muerte, en vez de estar mesándonos los cabellos o haciéndonos el harakiri. El humor es importantísimo para sobrevivir, pero va vinculado a la inteligencia, y los gobiernos sucesivos se han empeñado en que la gente piense lo menos posible, y si piensan, que piensen en el partido de antes de ayer. Tienes grandes estadísticos y matemáticos, pero no existe pensamiento crítico, que es la base del humor. El humor debería servir para hacer más gozosa la vida, y no para que te metan en la cárcel. No obstante, en los momentos así es cuando más se ha afilado el humor. Con la censura es cuando se encuentran los mejores vericuetos para el humor. No es que desee que España retroceda para mejorar los chistes, pero todo tiene su parte buena.

Lleva haciendo música toda la vida, pero interpreta sus canciones en formato cantautor desde hace sólo tres años.

Sí, pero tuve un fracaso, que lo peor de todo es que ni siquiera fue estrepitoso, con lo cual he vuelto al mundo sinfónico, y ahí sigo. Yo sé mucho de cómo hay que cantar, pero el carisma importa mucho, y eso yo no lo tengo, entonces no me han hecho ni caso.

¿En qué proyectos está metido ahora?

Estoy terminando de perfilar un musical que en realidad es una zarzuela, y estoy viendo a ver a quien se lo puedo engatusar para llevarlo a cabo. También estoy escribiendo un concierto de marimba y orquesta,  y en mayo me publican un concierto de guitarra, vibráfono y orquesta con un sello internacional, lo cual está muy bien porque, si lo piensas, con que el uno por ciento de los concertistas chinos de guitarra se encaprichen de mi disco, igual vendo cincuenta millones de discos.

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