El legado de Giacometti recorre el Museo del Prado
Presentación de la exposición de Giacometti. © Museo del Prado. Andrea Comas.

El legado de Giacometti recorre el Museo del Prado

Desde el pasado 2 de abril, el Museo del Prado (Madrid) alberga un recorrido por las obras finales del artista suizo Giacometti. 

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Víctor Sánchez Ramos

Con motivo del Bicentenario de la inauguración del Museo Real de Pinturas, actual Museo del Prado, se exponen en la primera planta veinte obras de Alberto Giacometti, 18 esculturas y dos óleos. Provienen de colecciones públicas y privadas, tanto nacionales como internacionales, y que cuentan con el respaldo de la Comunidad de Madrid, la Fondation Beyeler, y el apoyo de la Embajada de Suiza.

Alberto Giacometti nunca llegó a visitar la sede del Museo, como tampoco viajó nunca a España. No obstante, admiraba a muchos de los maestros de sus salas, a los que tuvo la ocasión de contemplar en Ginebra, donde se exponían obras fundamentales de sus fondos en el verano de 1939, recién acabada la Guerra Civil. Con esta celebración el artista realiza un paseo, aunque póstumo, por la primera planta del Prado. Carmen Martínez, la comisaria, junto a la dirección de Falomir han decidido no confinarlas en una única sala sino diseminarlas en cuatro, incluida la de Las Meninas, para multiplicar las imágenes sugerentes de una exposición que quedará grabada en la memoria del museo Nacional.

Imagen de las salas de exposición. © Alberto Giacometti Estate / VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía © Museo Nacional del Prado
Imagen de las salas de exposición. © Alberto Giacometti Estate / VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía © Museo Nacional del Prado

El recorrido comienza en la sala 12, la sala oval de Velázquez. Frente a Las Meninas encontramos una recreación de la Piazza de Giacometti. Dos grandes mujeres, el Hombre que camina II y una Gran cabeza, miran al centro de la sala. En la Galería Central se dispone el grueso del contenido.  Comunicándose también entre ellos, junto al espacio imponente, del Lavatorio de Tintoretto se han dispuesto las siete afiladas mujeres venecianas que en 1956 se vieron en la Biennale de Venecia.

Frente al Carlos V en la batalla de Mühlberg de Tiziano encontramos su Carro comandado por una estilizada figura de mujer. Dos bustos de Eli Lotar y dos retratos de su hermano se disponen entre las obras maestras de Veronés y Rubens. Pese a la magnitud de las salas nombradas, la comisaria coincide con los críticos en que la conexión más poética se crea en la sala 19, donde otra de sus mujeres de pie, vertical, desolada y casi plana, da la espalda a cuatro bíblicas del Greco, de la Crucifixión al Bautismo de Cristo. Por último, en la sala 20 La jambe de Giacometti compite con las piernas de los Hércules de Zurbarán.

Imagen de las salas de exposición. © Alberto Giacometti Estate / VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía © Museo Nacional del Prado
Imagen de las salas de exposición. © Alberto Giacometti Estate / VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía © Museo Nacional del Prado

El escultor más reconocible del siglo XX

Hijo del impresionista Giovanni Giacometti, no tardó en trasladarse a Ginebra para estudiar en la Academia de Bellas Artes y, a París, en 1922, para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière en Montparnasse bajo la tutela del escultor clasista y monumental Antoine Bourdelle. Giacometti tocó el cubismo en su inicio, aunque rápidamente se decantó por el surrealismo. En este periodo se rodea de vanguardistas como Max Ernt, Picasso, Jean-Paul Sartre o André Breton, con los que colaboró y trabajó.

No será hasta 1934 cuando comienza a servirse de un modelo en sus composiciones, lo que desembocará en su ruptura con el surrealismo. El empeño por representar su realidad lo llevará a desvincularse, en cierta medida, de los ismos y surgirá el apego por el pasado. Durante la Segunda Guerra Mundial vivió en Ginebra, donde conoció a la que sería su mujer. El periodo, que comienza con su regreso a París en 1946, es el de mayor éxito y es el representado en las salas del Prado. Su arte se centra en la forma humana, en la de sus seres más cercanos, que tiende a contar el interior más que la superficie.

Su obra ha influido en la escultura y pintura desde la segunda mitad del siglo XX, convirtiendo su lucha contra el clasismo en una nueva vía de representación de la realidad. Que una de las pinacotecas más importantes de Europa incluya obras de este artista suizo recorriendo las principales salas deja claro dos aspectos: su importancia y el interés de la institución por el arte contemporáneo.

Imagen de las salas de exposición. © Alberto Giacometti Estate / VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía © Museo Nacional del Prado
Imagen de las salas de exposición. © Alberto Giacometti Estate / VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía © Museo Nacional del Prado

Para la celebración de los 200 años la institución ha preparado un plan anual cargado de exposiciones y eventos. Entre el cierre de la exposición “Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria” y la apertura de la dedicada a Fra Angelico y el Renacimiento florentino, en mayo, este museo nacional plantea una serie de exposiciones “menores” que centren el foco en la propia institución: “Una pintura para una nación. El fusilamiento de Torrijos”, “La última comunión de San José Calasanz” y, el que comienza mañana 9 de abril, “Gabinete de Descanso de Sus Majestades”.

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