Móviles en los conciertos: ¿estupidez o progreso?
Bob Dylan durante un concierto | Foto: The Independent

Móviles en los conciertos: ¿estupidez o progreso?

El uso de teléfonos móviles en espectáculos musicales es un debate que suscita defensores y detractores tanto entre músicos como entre fans.

mariopanadero
Mario Panadero

Para todo seguidor de Bob Dylan es conocida la psicosis del norteamericano con que  los asistentes a sus conciertos no tomen fotos del mismo. En cada esquina de los pasillos que dan acceso a las gradas del recinto hay pegados carteles con el mismo lema que ya había advertido al espectador en su entrada: "no se permiten fotografías". Para aquellos valientes que osen sortear la prohibición, los organizadores del show tienen guardada la última amenaza: la próxima vez, a la calle.

Del mismo modo, todo aquel que haya asistido a un concierto de Dylan en la última década sabe de su sequedad para con el público. No habla, ni una palabra. Ni "buenas noches", ni "gracias". Sin embargo, el de Minnesota rompió la pasada semana esta costumbre para, como no podía ser de otra manera, echarle la bronca a sus seguidores. Durante la interpretación de Blowin' in the Wind, el cantautor dejó de tocar para decir sus primeras palabras durante un show en años: "si queréis, podemos posar".

Para buscar un homónimo dentro de nuestras fronteras no tenemos que quebrarnos demasiado la cabeza. Roberto Iniesta, líder de Extremoduro aunque actualmente en solitario, es famoso por sus desaires sobre el escenario por varios motivos, entre ellos, el uso de teléfonos móviles por parte del público. Son vox populi sus ridiculizaciones a asistentes de un concierto que han pagado una entrada para verle a él, dirigiéndose a ellos directamente por haber sacado una foto. 

Bien es cierto que la adicción a la pequeña pantalla es un hecho innegable en nuestra sociedad, y que muchas veces parece que vivimos una experiencia para enseñarle a los demás que la hemos vivido y no para disfrutarla, creándonos una especie de personaje virtual que nos acerca más al maniquí de plástico que al ser humano de carne y hueso. Del mismo modo, sería ingenuo e irresponsable sostener una actitud neoludita, defendiendo que los móviles y las nuevas tecnologías son aparatos diabólicos. Las ventajas que han aportado a nuestras vidas son innumerables, estando por supuesto entre ellas la posibilidad de registrar un momento importante y poder regresar a él cuantas veces se quiera.

¿No es entendible, entonces, que a alguien que ha pagado ochenta euros (como mínimo) para ver a Bob Dylan en directo, le haga ilusión tener una foto de ese día tan importante para él? ¿Tan difícil es de entender para la estrella endiosada que registrar un fragmento de su canción favorita es un deseo puramente humano? 

Permanecer con el móvil en la mano durante la totalidad de un concierto resulta ridículo, pero tomar fotos de los momentos especiales es algo que se lleva haciendo desde muchísimo antes de la invención de los móviles con cámara incorporada. Nadie debería ser tan importante para llegar a creerse que sus conciertos son una suerte de ritual trascendental en el que hay que tener los cinco sentidos activados en todo momento. Porque ante todo, somos personas. Y cuanto antes lo entendamos, mejor.

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