El oxígeno de Madrid
Lago de la Casa de Campo, Madrid, tras su remodelación. Fuente: WikiCommons 

El oxígeno de Madrid

Un paseo por la Casa de Campo, el mayor parque público de Madrid donde se unen ocio, deporte, naturaleza y, por supuesto, historia.

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Lucía Noguerales García

Cuentan que cuando vaciaron su lago se encontraron móviles, bicicletas, electrodomésticos, juguetes y urnas funerarias. Los hay quienes dicen que había incluso un coche hundido en sus profundidades. Su superficie de 80.150 metros cuadrados de agua, unos ocho campos de fútbol, escondía todo tipo de objetos y varios siglos de historia.

 

Los primeros embalses de la Casa de Campo se construyeron en los siglos XVI y XVII. Algunos estaban dedicados a la cría de peces para consumo humano. En otros, dedicados al ocio de la realeza, había pequeñas embarcaciones de recreo en el verano y se utilizaban como pistas de patinaje sobre hielo durante los meses de invierno. Con el paso del tiempo, sin embargo, terminaron secándose por la falta de mantenimiento. Hoy en sus aguas hay carpas, patos, familias en barcas, aves de paso, parejas que se besan, cisnes, piragüistas.

 

 

Un grupo de ciclistas dejan atrás el lago y se adentran en la Casa de Campo; el mismo terreno que fue poblado por romanos y donde se hallaron restos de asentamientos visigodos. Al ser una zona de gran riqueza agrícola, forestal y animal, durante el siglo XVI, la nobleza madrileña consolidó su poder y prestigio comprando tierras alrededor de la ciudad. En concreto, la Casa de los Vargas, un antiguo linaje nobiliario del Madrid medieval, mandó construir una residencia a orillas del río Manzanares rodeada por sus huertas y terrenos. Delante del Palacio de los Vargas, hoy de propiedad municipal, dos niñas juegan con una pelota de Bob Esponja mientras sus padres, vestidos con ropa de deporte, charlan y las observan desde lejos.

 

En 1561 Felipe II decidió trasladar la Corte a Madrid y decidió, también, comprar diferentes terrenos que eran propiedad de los Vargas para unificar, así, el Real Alcázar, situado donde ahora está el Palacio Real, con el cazadero de El Pardo. Durante los siguientes reinados, la Casa de Campo fue lugar de recreo, de caza, de cultivo y de cría de ganado, peces y aves. Sin embargo, fue lugar también de abandono debido a la decadencia real.

 

La llegada de los Borbones a España supuso la construcción en 1735 del Palacio Real con Felipe V. Fue este monarca quien introdujo las modas y usos de la corte francesa y quien ordenó la remodelación de los jardines de la Casa de Campo. Con Carlos III, se produce el apogeo de la productividad de este terreno, al introducir nuevos cultivos y sistemas de riego y encarga a su gran colaborador, el arquitecto Sabatini, la reparación de la tapia que rodea a la Casa de Campo.

 

A lo largo de los años el mayor pulmón de Madrid se ha visto en peligro en numerosas ocasiones. Con la regencia de María Cristina de Borbón, en 1834, se presentó un proyecto de edificación del terreno para construir un nuevo pueblo. Además, durante el reinado de Alfonso XII la Casa de Campo sufre un gran incendio, coincidiendo con una de las peores sequías del siglo XIX, la cual se alargó durante cuatro largos años (1875-1879).

 

Con una dimensión cinco veces más grande que el Central Park de Nueva York, la Casa de Campo es, actualmente, el mayor parque público de la ciudad de Madrid. Sin embargo, durante la mayor parte de sus años este terreno fue propiedad privada de monarcas y nobles. En 1931 la II República llegó para democratizar el viejo orden y eliminar privilegios, llegó para entregar derechos y libertades a los ciudadanos.

 

El 20 de abril de 1931 el Ministerio de Hacienda aprobó un decreto por el cual cedía la posesión real de la Casa de Campo al Ayuntamiento de Madrid. Cuentan que el 6 de mayo, unos 300.000 madrileños acudieron al acto en el que Indalecio Prieto, Ministro de Hacienda del Gobierno Provisional, hizo entrega al pueblo de Madrid, representado por su alcalde, Pedro Rico, de la Casa de Campo. Por primera vez, la mayoría ciudadana podía disfrutar de lo que durante mucho tiempo habían disfrutado tan sólo unos pocos.

Durante la II República, dos de los viejos cinco embalses se unificaron para formar el lago actual. Dos chicas con el pelo teñido de rojo hacen malabares en la hierba que rodea al lago. Cerca, un grupo de adolescentes están tumbados en el césped y escuchan reggaeton con un pequeño altavoz. Como ellos, casi todos los que pasan por la Casa de Campo lo hacen para pasear, hacer deporte, disfrutar de la naturaleza o cenar en las terrazas de sus restaurantes. Este lugar que ahora es para el ocio, fue uno de los escenarios del peor conflicto bélico de la historia reciente de España: la Guerra Civil. Estos mismos árboles entre los que hoy pasean cientos de ciudadanos cada día, fueron testigos de trincheras, bombas, balas y cientos de muertes.

 

Actualmente la Casa de Campo acoge a turistas, ciclistas y corredores. Alberga el Zoo, el Parque de Atracciones y el Teleférico. Desde hace años se ha restringido el acceso de los coches para preservar su naturaleza, su verdor, su oxígeno -el de todos-. La última vez que se vació y se remodeló el lago fue el pasado año 2018. El Ayuntamiento de Madrid renovó el embarcadero, las barandillas del estanque e instaló nuevos bancos y un mirador. Desde allí, un niño da de comer a los patos bajo la atenta mirada de su abuelo. A su lado, sentada en un banco, una madre lee un cuento a su hija. Tal vez le esté narrando la historia de ese pato, o de ese lago, o de ese lugar llamado Casa de Campo. 

 

Fuentes: 

http://especiales.memoriademadrid.es/index/verficha/idpk/121039/id/9/obj/D/idag/20

 

https://elpais.com/ccaa/2017/12/12/madrid/1513113255_819041.html

 

https://www.rutaspangea.com/la-casa-de-campo-un-regalo-de-la-ii-republica-a-madrid/


 

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