'Litus': La importancia de la amistad eterna
Foto: filmaffinity.com

'Litus': La importancia de la amistad eterna

Dani de la Orden presenta su película más personal, una comedia dramática donde sobresale Quim Gutiérrez.

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Jorge Caracuel

Tras triunfar el año pasado en taquilla con El mejor verano de mi vida, Dani de la Orden busca mostrar su lado más personal con Litus, una comedia dramática coral que cuenta en su reparto con Marta Nieto, Álex García, Adrián Lastra, Miquel Fernández, Belén Cuesta, Quim Gutiérrez, Jorge Cabrera y José Manuel Valdés.

A través del suicidio de un joven, su círculo de amigos más íntimos se reencuentran y, durante la reunión, saldrán a la luz los secretos más íntimos y las tensiones escondidas durante años se desvelarán.

Mediante una serie de cartas, Litus sabe aprovechar todo su potencial dramático, lo que crea una serie de emociones en los rostros de los actores y en el público. Esto sirve como excusa para retratar la torpeza emocional de una generación robotizada que parece que, con la tecnología, ha dejado los sentimientos a un lado. La dificultad para tratar sentimientos de dolor y tristeza está muy bien reflejada en la cinta.

Pese a ser una adaptación de una obra de teatro y ser un film muy teatral, su narración va directa al corazón del espectador. Aunque Quim Gutiérrez tiene el papel más lucido de la función, el resto de actores también tienen momentos en los que brillan, dando la oportunidad de ver a Belén Cuesta en un registro en el que no se la conocía y en el que sabe desenvolverse a la perfección.

Lo que comienza como un ligero y sencillo relato de amigos que se reencuentran, conforme se van exponiendo conflictos y rencores, el argumento va volviéndose dramático, intenso y más que notable. Pese a que abusa del uso de la música para subrayar las acciones, y esto puede interpretarse como que quiere manipular al espectador, lo cierto es que Litus cumple su objetivo como obra efectiva, divertida y emocionante.

Valoración: 4/5.

Lo mejor: su brillante elenco y su capacidad para emocionar.

Lo peor: que su exagerado uso de la música en la segunda parte pueda entenderse como un intento para manipular al espectador.

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