Un film que no tendrá los ojos de la sociedad
pero sí del corazón que la mira
Cartel Oficial de la película

Un film que no tendrá los ojos de la sociedad pero sí del corazón que la mira

Van Gogh de los campos de trigo, bajo cielos nublados.

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Julian Rosechz

Una nueva visión de Van Gogh a través de la herencia del mayor coleccionista privado de la obra del artista holandés; Helene Kröller-Müllery su sueño:  El Museo Kröller-Müller

Cines Verdi

Una sala que se apaga. Una Iglesia y el afecto, reconocimiento y respeto que dio una chica, Helene Koller Muller, a Van Gogh. “No puedo creer en Dios. No puedo creer en un dios artificial.”, así inicia el sueño.

Fruto de los humildes, los que sufren y de Marco Goldin en un escenario dedicado al amor y la vida de Van Gogh. Un recorrido fílmico sobre la mayor y más especial colección de obras del pintor holandés. Aunque privada, pues lo es de su amiga y lejana Helene Kröller-Müller (1869-1939), quien a principios del siglo XX compraría trescientas de sus obras para fundar, con el tiempo, el Museo Kröller-Müller de Otterlo. Con él, una exposición de arte, la del propio Marco Goldin en un lugar conocido por el veloz pintor, la Basílica Palladiana de Vicenza. Abriría sus puertas en 2018, en primavera, y recogería 40 cuadros y 85 dibujos realizados durante sus últimos 10 años de vida.

La idea de luchar contra la frustración y la enfermedad mental. Van Gogh solo tuvo una relación carnal con una prostituta. Es la expresión, los colores, las pinceladas. Vincent iba hacia el extremo. Un momento de descanso y pausa mental antes de pintar y escribir hasta 900 cartas a su hermano Theo. En 1882, quiso mostrar la verdadera tristeza pese a su vulgaridad. Alguien que "no tendrá el respeto de la sociedad pero sí del corazón que la mira", dijo Vincent una vez

Un viaje a través de un océano infinito de vegetación, narrada y filmada en la iglesia de Auvers-sur-Oise junto a la mirada de Valeria Bruni Tedes-chi. 88 obras y 180 dibujos encontrados. De 1880 a 1890. Van Gogh, interesado en representar momentos a oscuras, la atmósfera nocturna, siempre contó a su hermana que pintaba la noche porque le permitía ver la luz del alma y no la de las hojas. Hasta que decidió pintar una gran obra sobre la pobreza. En 1890 pintó su último cuadro con colores del alba, la obra transmite una sensación de muerte inminente y un delirio entre tierra y cielo, rodeado de olas. Lo absoluto del paisaje y la esencia del infinito. Marineros melancólicos sonreirían con ella, así lo imaginaba ella, Helene. Pensaba que el arte se podía disfrutar más rodeado de naturaleza que de ciudad. La tranquilidad y la paz. Los aspectos más recónditos del alma, y de eso hablaba Koller en sus 3.000 cartas. Que habrían dos corrientes artísticas: una seguiría a Van Gogh y otra a la corriente tradicional. Iban dirigidas a Sam Van Deventer, un hombre 20 años menor que ella. Todas las cartas de Helene lo hacían. En 1911 caía muy enferma. Mejoraría y se fortalecería hasta pensar en el sueño: crear un edificio para Vincent con sus obras. Helene sufrió depresión. Murió en 1939, una vez más el tiempo y la forma de proteger, conservar y restaurar retratos.

Todo empezó antes, en los Países Bajos. La vida rural, los campesinos, cultivadores de patatas... Millet y su influencia en Van Gogh. El pintor que Vincent admiraba, por la gente que pintaba. Creía que como él, su forma de vivir, su forma de ser y sentir los hacía fieles a la vida frente a cualquier sensación o intento burgués. El mundo de los campesinos, pobres y sombríos trabajadores. “Cada vez son mejores las sensaciones que me transmiten”, escribía Vincent.

Su padre Theodorus, parte de su vida. Por ello Vincent se consideraba un sustituto, por ser el segundo hijo, el primero vivo pero sustituto al fin y al cabo para él. La tristeza. “Busco desesperadamente una forma de consagrar mi vida alejada de Dios. Un sentimiento humano real, necesito dejar el mundo a mis 30 años”, narraba entre hojas blancas.

Van Gogh, un pintor genial pero también un dibujante con un gran talento. Así lo piensa Marco Galdin, como La Academia de las Artes de Bruselas. “El inscrito 8.488”, así lo cuentan. “Se dio cuenta de que aprender a dibujar era clave.” Y aquí la diferencia entre lo que uno siente y uno puede hacer.

Al pintor neerlandés no le gustaban los modelos desnudos. Por eso fue al campo a buscar la verdad. El cambio de estilo en 1886 al llegar a París y conocer el arte impresionista invitado por su hermano, el Mulat de la Galette, donde pintores impresionistas iban a trabajar y su lucha contra la locura, lo cambiaron. Más aún su relación con Gauguin. Y esos locos con sombrero en sus visiones. Su ingreso en un hospital mental por voluntad propia y tras ser diagnosticado con epilepsia aun sin saber lo que le ocurría. Las obras que realizaba estando enfermo, esterilizado, mermado por su imaginación manipulada e insuficiente para él. Siempre en mente la discusión continua con su forma, pinceladas, creencias y síntomas. Su arte, estado y pinceles, algo que era distinto en su vida y el césped del campo, las telas del jardín. La vida sigue y el tiempo nunca vuelve o las palabras de Delacroix. 37 domicilios en 37 años. 10 obras inexplicables. La sensación de renuncia final, en junio y sus últimos paisajes.

La alfalfa, una inmersión total en la naturaleza final y horizontal de grano. Luz, poesía y destino. “La vida. Debí acabar con un sacrificio por la vida - apagad mis obras y las luces”.

Ficha técnica

Título original: Van Gogh: Tra il grano e il cielo Duración: 70 min.
Director: Giovanni Piscaglia
Guión: Matteo Moneta 
Fotografía: Lorenzo Giromini
Música: Remo Anzovino
Reparto: Valeria Bruni Tedeschi, Marco Goldin, Eva Rovers Producción: 3d Produzioni srl / Nexo Digital
Distribución: Avalon
Género: Documental | Pintura
Fecha de estreno en cines: 24 de Febrero de 2019

Sinopsis

Una nueva visión de Van Gogh a través de la herencia del mayor coleccio- nista privado de la obra del artista holandés: Helene Kröller-Müller (1869-1939), que, a principios del siglo XX, terminó comprando casi 300 de sus obras, pinturas y dibujos incluidos. Narra la historia de la unión espiri- tual entre dos personas que nunca se encontraron durante su vida (Helene Kröller-Müller tenía 21 años cuando Van Gogh murió en 1890), pero com- parten la misma atracción por el absoluto, la misma inflexible y pura bús- queda artística y la dimensión religiosa.

Puntuación. 7 / 10

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