Sánchez se fija en Rajoy
Rajoy felecita a Sánchez tras la moción de censura de 2018. / Getty Images

Sánchez se fija en Rajoy

Su rechazo a un gobierno de coalición que pondría en aprietos la estabilidad del país, catapultan a Sánchez a una figura de estado

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Iñigo Zabala Zamalloa

Es la historia de siempre. En épocas de inestabilidad, la fuerza más moderada tiende a ser la más apoyada por el electorado. Ocurrió con la victoria de Adolfo Suárez en el 77, con González en el 82 y con Rajoy en la repetición electoral de 2016. Días antes de que España fuera a las urnas por segunda vez en seis meses, Reino Unido votó a favor de salirse del la Unión Europea. Muchos expertos avanzaron que esa posible inestabilidad en la que entraría Europa iba a verse traducida en un voto conservador en las urnas del 26 de junio. Y así fue. El PP mejoró sus resultados y obligó meses después al PSOE a virar hacia la abstención. Ahora, parece que la partida se repite pero con los jugadores cambiados. Con la palabra España en el eslogan, Sánchez se lanzará el próximo 10 N a captar el voto de la población que aboga por la seguridad en una situación donde varios ejes pueden complicar el bienestar del país. 

Las posibles consecuencias que se deriven del fallo del Tribunal Supremo acerca del `Proces´, la salida de Reino Unido de la Unión Europea y la desaceleración económica que va a sacudir Europa, serán utilizados por el PSOE para reivindicar una forma de gobernar centrada en la estabilidad y fortaleza.

Por ello, nunca fue una opción viable de Ferraz un gobierno en coalición con Unidas Podemos. Un conglomerado de partidos que defienden las tesis soberanistas y que no dudarían en desacreditar la respuesta del Consejo de Ministros a una hipotética dura respuesta independentista. A su vez, la crisis económica que acecha en el horizonte obligaría a reducir el déficit, aplicando medidas para aminorar los gastos del estado, premisa difícil de aceptar por Podemos, teniendo por primera vez en su historia, una vicepresidencia de Asuntos Sociales. Asimismo, un gobierno con Unidas Podemos obligaba a depender- de nuevo- de Gabriel Rufián y Junqueras para aprobar los sucesivos PGE.  

La negación de los socialistas en septiembre de esta fórmula de gobierno, aleja la creencia que el bloque de la derecha dio entender tras la moción de censura, de que Sánchez se apoyaba en quien fuera para alcanzar La Moncloa. Por lo que el PSOE llega a la cita de noviembre desprendido de un discutido aura radical con el que se presentó en abril, representando a un partido que busca en todo momento un gobierno que dé solidez y estabilidad a España. 

Campaña alejada de los extremos

Una imagen presidencialista que se resume en tres claves: Su nitidez contra el independentismo, su apuesta por un nuevo contrato verde y social y el uso de la palabra España para diferenciarse de "aquella izquierda que se avergüenza de la palabra España". Tres ejes que convierten a los socialistas en el partido más centrado del arco parlamentario en un momento en el que los extremismos siguen invitando a dar una respuesta radical y alejada a lo que la sociedad demanda. Una estrategia que se parece a la que Rajoy y sus gurús en la Moncloa hicieron hace tres años. Una campaña lejana a los extremos, enfocada a la estabilidad que solo ellos pueden asegurar y alarmando a la sociedad con la posible aparición de otros partidos (Unidas Podemos entonces, Vox ahora).

Casado ha aprendido la lección de su desastrosa campaña electoral en abril y ha vuelto al moderación de su antedecesor. La retroalimentación del bipartidismo, la lucha por el centro político. El PSOE parte con ventaja. 

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