De lo diestro y lo siniestro

Las zancadas de medias bajas, las de zurdas caídas, poetas de la banda y la carrera, irrumpen con fuerza en estas líneas rescatadas de la corta memoria del fútbol, de otro estilo que les caracterizó y que seguro marcó a varias generaciones

De lo diestro y lo siniestro
De lo diestro y lo siniestro / Foto: Cartas Esféricas

En el imaginario colectivo e histórico del aficionado al fútbol peruano existe un futbolista que se ganó a pulso la condición de ídolo y leyenda de su país. Cuentan los que le vieron jugar que su zurda desprendía magia y malabarismo, que su pausa, su arranque y su toque eran el ritmo y la estética pura, el lenguaje en este caso corporal de un artista con un balón que se acercó de forma sutil a la metáfora y por tanto a la poesía. Por ello este futbolista del que se guardan recuerdos inolvidables en Perú, en Alianza de Lima, Dpvo. Municipal y Colombia con las camisetas del Atlético Medellín y el América, fue ‘bautizado futbolísticamente’ con el sobrenombre de “El Poeta de la Zurda”.

Foto: trome.pe
Foto: trome.pe

César Cueto es posiblemente uno de los zurdos más modestos de la grandiosa lista de siniestros, palabra que etimológicamente podría ser utilizada para definir lo avieso y malintencionado; infeliz, funesto o aciago, pero que encuentra su significado originario en el latín y el antónimo del vocablo dexter (derecho). Es por tanto sinister (izquierdo) la evolución etimológica de una palabra con distintas acepciones. La más común es la izquierda, la zurda, pero resulta igualmente interesante aquella otra que teniendo posiblemente su origen en una sinécdoque o una metáfora, se identifica con los malos augurios. Término que empleaban los romanos para identificar su condición positiva o negativa en función de la ejecución del vuelo de las aves (por la izquierda o la derecha) en sus rituales.

Foto: www.rankingsdefutbol.com
Foto: www.rankingsdefutbol.com

No cabe duda que en fútbol lo siniestro, ser zurdo, es un mal augurio para el portero rival y los defensores, pues habitualmente el zurdo suele coincidir con una forma de concebir el juego ciertamente especial, encontrando su mayor paradigma en Diego Armando Maradona, el zurdo más diabólico y celestial posible, malos augurios y buenos augurios dependiendo del prisma de rival o compañero. La lista de zurdos geniales es ciertamente interminable, pero como los augurios de estas líneas vienen condicionados en función del vuelo de las aves, el archivo histórico del recuerdo traslada su desarrollo hacia tres poderosas aves zancudas y zurdas que por un motivo común quedaron grabadas en la memoria del aficionado.

Hans Peter Briegel

Foto: es.fifa.com
Foto: es.fifa.com

Tres futbolistas zurdos, bastante distantes de Cueto y Maradona en su concepción futbolística, pero que dejaron una huella imborrable en el terreno de juego. El primero de ellos un portentoso y polivalente defensa zurdo alemán que podía jugar tanto en defensa como en el centro del campo. Adornado con una buena proyección ofensiva, Peter estaba dotado además de una condición atlética envidiable, de una zancada espectacular y una capacidad de trabajo incansable. Sus piernas eran como dos enormes secuoyas que arrasaban con todo a su paso, su nombre Hans Peter Briegel.

Jan Ceulemans

Foto: es.fifa.com
Foto: es.fifa.com

 El segundo de ellos, uno de los mejores jugadores europeos de su generación y sin duda entre los tres mejores jugadores belgas de todos los tiempos. Un portento físico, luchador nato, un extremo zurdo o medio ofensivo dotado de una gran zancada y un gran remate de cabeza, que pese a su altura -188cm.- poseía gran destreza con el balón. Su nombre Jan Ceulemans.

Rafael Gordillo

Del tercero de ellos basta con aseverar que su figura brilla en el podio de los laterales/extremos zurdos más completos en la historia del fútbol español. Con un más que notable dominio de su pierna izquierda y unas dotes sobresalientes para el centro al área en carrera, este jugador sobresalía por su gran zancada y su velocidad, especialmente en largas distancias. Además era todo un ejemplo de calidad y entrega, inagotable durante los noventa minutos. Su nombre Rafael Gordillo, el “Vendaval del Polígono”.

Tres zurdas caídas

Foto: www.betisweb.com
Foto: www.betisweb.com

Tres futbolistas, tres, con una inimitable estampa que quedó grabada en la retentiva histórica como el trazo diabólico de tres ‘funambulistas de la línea de cal’, de piernas robustas pero estilizadas con la forja del alambre, de aspecto desgarbado y carrera amplia pero agónica. Equilibristas en ese filo del alambre sobre el que cayeron todos sus rivales, que irrumpen en el recuerdo y el olvido, en el preciso momento en el que la imagen se procesa en la memoria. Una imagen que incursiona en aquellos tiempos en los que posiblemente con una exposición evidente de lesión, los futbolistas podían expresar su propia personalidad o comodidad portando el uniforme con riguroso protocolo estético y en perfecto estado de revista, o con total libertad para expresarse sobre el terreno de juego. Es en este punto donde se identifica el segundo nexo de unión de tres futbolistas legendarios: sus medias caídas. Una estampa que los caracterizó y que a diferencia de otros (que se las bajaban por agotamiento físico) formó parte de su estética, su personalidad, durante toda su carrera.

Es por ello por lo que las zancadas de medias bajas, las de zurdas caídas, poetas de la banda y la carrera, irrumpen con fuerza en estas líneas rescatadas de la corta memoria del fútbol, de otro estilo que seguro marcó a varias generaciones. Medias caídas de entrega, talento e incansable recorrido hacia la gloria, el tercer nexo de unión que evoca su recuerdo. Muy especialmente en el caso de Rafael Gordillo, porque su corazón verdiblanco acaba de ganar la carrera al siniestro, vertiginoso e imparable, rodar de la vida. Rafa ya no solo puede presumir de los dos muelles de sus piernas desgarbadas, sino que vuelve a ser bandera del beticismo gracias a los dos muelles (stents), que los diestros galenos han insertado en su arteria coronaria derecha.  Historias cotidianas, recuerdos imborrables de lo diestro y lo siniestro, malos augurios y buenos augurios, pura realidad…


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