¿Autómatas o futbolistas?

Disfrutar jugando al fútbol es increíble y el espectador, la grada capta al instante al jugador profesional que ha conseguido no dejar atrás el amateurismo, la calle, la capacidad de diversión.

¿Autómatas o futbolistas?
Foto: Adidas / Licuado: VAVEL

Los futbolistas desde muy pequeños reciben una enorme cantidad de información, algo lógico en la sociedad de la información menos informada. Hoy día existe mucha información pero la citada circunstancia no tiene por qué revelar que exista mayor conocimiento. Uno de los grandes defectos del fútbol actual es que se crean demasiados automatismos. Tenerlo todo estudiado deja poco lugar para la creatividad, la improvisación y el desarrollo creativo del futbolista. Las nuevas tecnologías realizan aportaciones positivas al fútbol, pero el abuso de ellas genera un enorme potencial deshumanizador, esencialmente atentan contra el talento. Se puede comprobar desde las categorías inferiores; está de moda el futbolista atleta, las carreras en línea en los entrenamientos y se olvida que el fútbol no es atletismo, que por muy veloz y potente que el futbolista sea, en un partido de fútbol se dan mil situaciones y variantes que un jugador se puede encontrar en una carrera. La primera es el balón, la segunda es el espacio, la tercera son los rivales, la cuarta la ubicación de los compañeros y la quinta la portería rival. Todo ello sin pasar por alto las condiciones del terreno de juego, por ello es en ese momento y, aun reconociendo que en el fútbol actual el físico es importante, es en el que debe surgir el chico que se enamoró del balón de pequeño.

Foto: http://paulie86.blogspot.com.es/
Foto: http://paulie86.blogspot.com.es/

Como muy bien dice Sampaoli, hoy día los campos de entrenamiento parecen pistas de aterrizaje de un aeropuerto. Nadie puede dudar que el Cholo Simeone ha cambiado la historia del Atleti con un tipo de fútbol muy determinado, basado quizás más en el aprovechamiento del espacio y la cultura del esfuerzo. Como bien defiende el Cholo todo estilo depende en gran medida de las características de los jugadores, pero jamás hay que olvidar aquel dicho popular que reza que si estas conduciendo un coche y ves una pelota en la carretera, se debe tener especial precaución porque tras ella suele ir un niño tan hipnotizado por el poder de atracción de esa esfera, que no mira el coche ni la carretera. Por todo ello la pelota nunca debe de perder importancia, convertirse en una mera herramienta de trabajo, muy al contrario es un elemento con vida propia a la que hay que domar y transmitir la personalidad creativa del jugador, o la de aquel equipo que la posee o maneja.

El Sevilla de Sampaoli

Sampaoli reflexiona en el banquillo sevillista. | Imagen: Juan Ignacio Lechuga - VAVEL (www.vavel.com)
Sampaoli reflexiona en el banquillo sevillista. | Imagen: Juan Ignacio Lechuga - VAVEL (www.vavel.com)

No es una cuestión de ir en contra del progreso, pero quizá sería beneficioso estudiar seriamente que está sucediendo en este fútbol que tantos números genera y desea generar, recapacitar y pensar que antes con una pelota bastaba. Reflexionar sobre el hecho de que el futbolista recibe tal grado de información y automatismos que no se le deja espacio para el divertimento. Un futbolista no puede convertirse en un oficinista; aunque en los entrenamientos se marquen unas pautas tácticas, los entrenadores deberían dejar espacio de maniobra a los jugadores para tomar decisiones propias ante las situaciones imprevistas que se pueden suscitar en el desarrollo de la acción y el juego. El visionado de los partidos han permitido a los técnicos impartir sus ideas tácticas y el juego que pueden hacer en función del rival, pero si se prefija cualquier tipo de táctica se cae en el error de la automatización.  En definitiva el futbolista pierde el sentido de decisión, por ello es tan importante el método y el discurso de Sampaoli, que defiende ser entrenador del futbolista, no de los entrenadores.

Los entrenadores deben ser educadores culturales desde la infancia, no deben poseer mayor protagonismo que el jugador. Una de las grandes carencias del fútbol actual es que se le educa para no pensar. El futbolista debe encontrarle sentido al fútbol contemporáneo y escapar en cierto sentido de él, debe desaprender en parte lo aprendido porque fundamentalmente tiene que descubrir que no forma parte de un mundo mecánico, sino que cada uno es importante. Percibir que el entrenamiento y los entrenadores pueden marcar una serie de pautas tácticas, pero que el jugador es cocreador y participante de una realidad mucho más importante. Por esa razón resulta tan gratificante la llegada al Sevilla y al fútbol español de una figura como la de Sampaoli.

El regreso al barrio

Niños jugando al fútbol en el barrio marginal de Salgueiro en Río de Janeiro, Brasil. Foto: http://paulie86.blogspot.com.es/
Niños jugando al fútbol en el barrio marginal de Salgueiro en Río de Janeiro, Brasil. Foto: http://paulie86.blogspot.com.es/

Esta sociedad neoliberalista y consumista genera un fútbol demasiado cuantificado en guarismos y, quizás cada vez menos cualificado para generar buen juego. Al materialismo del fútbol actual le interesa que la gente no piense por sí misma, sino que sea obediente. La filosofía del buen juego es prácticamente una utopía en tiempos en los que se exigen resultados inmediatos, pero si se analizan las necesidades históricas del ser humano, siempre se encontraron entre ellas la de creer en algún tipo de utopía para soñar. En cierta medida la citada filosofía representa una invitación al jugador a volver a los orígenes del juego, a pensar por sí mismos, a tener criterio propio, ideas quizás más cercanas a otro tiempo, al barrio, al amateurismo. Afortunadamente existen numerosos ejemplos de utopías a lo largo de la historia (algunas muy cercanas en el tiempo) que salieron adelante y demostraron que jugando bien se puede ser competitivo y ganar. Intentar acabar con esa filosofía es una manera de formar futbolistas autómatas, más que formar a jugadores creativos con autonomía propia. El fútbol posee mil matices que lo aportan los futbolistas y el hecho de hacer ver al jugador que tiene poder de decisión sobre un terreno de juego es un factor muy motivador para él mismo.

El poder de la palabra

Imagen: https://lamenteesmaravillosa.com
Imagen: https://lamenteesmaravillosa.com

Quizás sin dejar de lado la tecnología, las estadísticas, los dígitos, se debe retomar el discurso humano, alejado de los imperativos de estos días. Luchar por la búsqueda de un fútbol en el que no solo se sienta representante de un club con una gran fuerza popular, sino que se sienta dueño y forme parte de la idea. El mensaje y su llegada al jugador resultan cruciales porque sobre un terreno de juego es él el que finalmente decide. Dijo una vez Di Stéfano: “podemos poner todos los números que queramos para hablar de fútbol, pero para jugar bien no sirven para nada”. Un técnico puede programar todos los esquemas tácticos que quiera, corregir durante un entrenamiento a golpe de silbato la posición de los jugadores, machacar con la pizarra, pero los futbolistas son seres humanos que se encuentran con diferentes situaciones en el partido que deben resolver por sí mismos. Cambiar de posición cuando el momento lo requiera, ir hacia arriba o hacer una ayuda al compañero, pero ir a robar el balón por la sencilla razón de que este es el que otorga verdadero sentido al juego. En estos tiempos en los que la imagen prima sobre todas las cosas, la existencia de un tipo como Sampaoli, que defiende muy por encima la palabra sobre la imagen, es una auténtica bendición. Como muy bien dice el técnico del Sevilla, la imagen se puede detener y manipular hasta convertirse en engañosa. En el post visionado de un partido se puede detener cuando se quiere y mostrar cualquier indicación, mostrar lo que se quiere, pero si se consigue explicar al jugador lo que se requiere de él, lo que el equipo necesita de sus características seduciéndolo a través de la palabra, se le habrá conseguido convencer mucho más de la función que debe desarrollar.

La diversión

Puede que en el fútbol los gestores de emociones estén pasados de moda, que remitan a un juego de otro tiempo, pero suele coincidir que independientemente de jugar con un estilo u otro, todo triunfador llega mucho antes con la palabra que con los medios tecnológicos. Es muy importante no perder la capacidad para generar rebeldía en el jugador, el discurso de valores debe imponerse a la insensible modernidad. Conseguir que el jugador disfrute del juego, que pase más horas pegando tiros libres que en el gimnasio o estableciendo marcas de atletas. Disfrutar jugando al fútbol es increíble y el espectador, la grada capta al instante al jugador profesional que ha conseguido no dejar atrás el amateurismo, la calle, la capacidad de diversión.  El entramado del negocio futbolístico atenta contra el disfrute y, muchos entrenadores presionados por la volatilidad de su puesto de trabajo caen en la trampa de la especulación. Entonces el fútbol se convierte en algo tedioso, se aleja del arte, de la construcción, de la relación con la pelota, el tiempo y los espacios. Se distancia de todo aquello que retrotrae al aficionado a ese pasado en el que relacionaba el fútbol con el juego y el placer.   

¿Autómatas o futbolistas?

Dicen que primero se admira y después se imita, y toda obra que perdura en la memoria de la gente genera un impacto que crea escuela. Todo el mundo tiene el derecho a sentirse más identificado con un estilo u otro, el debate entre la construcción y la destrucción es el más antiguo de la historia del fútbol, son las dos caras de una misma moneda en la que se encuentran el espacio y la posesión del balón, pero es de importancia capital que el consumismo, el negocio no atente contra el juego. No acabe con la identidad de los pueblos, su forma de interpretar el juego, convirtiendo a los futbolistas en mercancía, en autómatas en serie sin poder de disfrute, creatividad y decisión. 


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