Isco, 'Fútbol en color'

Perdidos en sus pequeños reinos del balón, los niños Ninguno descubrieron la existencia de un fútbol en color, aquel que se alimentaba de los sueños de todos los colores.

Isco, 'Fútbol en color'
Foto: Dani Mullor / VAVEL

Existe un cuento de Pilar Mateos en el que se relata la historia de Ninguno, un niño pequeño del que ya nadie recuerda su verdadero nombre. El fútbol un juego de niños al que se dedican profesionalmente los adultos se encuentra repleto de estos chicos, niños pequeños de los que ya nadie recuerda sus verdaderos nombres, pues el mercado y la profesionalización acabaron secuestrando el sustantivo que definía la viva complacencia que sentían jugando con una pelota: ilusión.

Existen muchos niños Ninguno en el fútbol aunque cada vez son más difícil de identificar, pues es muy común que estos chicos cubiertos de oro pierdan por el camino del éxito pedacitos de la esencia que les llevó a soñar con ser felices jugando al balón. Fiel a la remota mirada de aquel niño pequeño al que la mercadotecnia devoró, de vez en cuando, Ninguno saca a relucir trucos del viejo baúl de la ilusión y los sueños, aquellos en los que recuerda la plazoleta o el cuartito de tierra como un espacio enorme, una gran plaza rectangular, el patio del castillo de los sueños, su reino y una pelota. Perdidos en sus pequeños reinos del balón descubrieron la existencia de un fútbol en color, aquel que se alimentaba de los sueños de todos los colores.

Porque el fútbol en color es ese y no aquel otro que devora las pasiones, secuestrado por los forofos de bar, banderas, estamentos, clubes, sociedades anónimas, periodismo basura…. Afortunadamente estos niños Ninguno siguen existiendo y son los encargados de sacarnos de un paisaje demasiado aburrido, excesivamente plano, extremadamente mediatizado, planificado, mercantilizado y tristemente radicalizado.

Quizás por ello la libertad y la improvisación en el mundo del fútbol actual es un bien demasiado escaso. No en vano cada vez que uno de estos chicos osa recordar su verdadero nombre se enciende una luz en el corazón de la gente, independientemente de las banderas y los colores que defiendan. Porque el fútbol en color tiene muy poco que ver con los colores, representa la ilusión de antaño que les hizo sentir muy bien. El instante que les hace libres pero sujetos a un raro bienestar que parece capaz de convertir en un valor universal la repentina conexión hacia su cuerpo, su entorno y la pelota, que se proyecta de una forma absolutamente mágica en el juego. Chicos que se prometieron íntimamente hacerse un regalo excelente en cada aniversario de su primera jugada sin reparar en gastos para sus trucos de magia

En este fútbol en color no tiene cabida  la enfermiza disponibilidad del fanático de turno, tampoco su subjetiva y sesgada utilización de las estadísticas, pues este fútbol siempre se alimentó de instantes inolvidables, jamás de números, sino de los recuerdos que dejan en los demás la jugada excepcional. La historia del fútbol suele contar que el mundo que rodea a la pelota se empeña en complicar un juego que a veces se resuelve con mayor efectividad gracias al manejo de la sencillez. Quizás esta frase pueda servir para resolver la ecuación de aquellos que aún se preguntan el por qué del éxito como entrenador de Zinedine Zidane, uno de aquellos niños Ninguno que siendo futbolista jamás olvidó su verdadero nombre, y que como técnico hizo recordar a los suyos el sustantivo que definió sus emociones de pequeños.

La historia también cuenta que bajo el traje de los fanatismos laten destemplados insultos, palabras y descalificativos demasiado previsibles, y desafortunadamente muy comunes. Un juego en el que los padres no suelen dar el mejor ejemplo y, en el que demasiados educadores enseñan a los chavales a buscar la ventaja en la trampa antes que a jugar. De la misma forma en el fútbol en color no existen dogmas, ni biblias fabricadas a medida del forofo por un periodismo adulterado, sino simplemente niños Ninguno iluminados por una ilusión que dibuja en sus rostros una sonrisa de sandía. Felices de ver amanecer otra jugada soñada a sus pies, emergiendo con la pelota a través de un bosque de vertiginosas piernas. Un rayo de luz atravesando el corazón del público en forma de pase por el hueco de los imposibles.

Ninguno podría jugar con el nombre de Messi, Ronaldo, Modric, Iniesta, Neymar, Griezmann, Dybala, Buffon, Mbappe, Rashford, Benzema, Thiago, Gabriel Jesús, Pogba… pues en el fútbol en color no existen los colores y como tal el final de esta nota concluye con un nombre: Francisco Román Alarcón Suárez ‘Isco’ pues ninguno como el futbolista malagueño ha hecho más por recordar su verdadero nombre y la esencia de ese fútbol en color que une a la gente.


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