El koala cojo que no supo esperar a ser campeón
El accidente de Assen en 1992 le cambió la carrera deportiva a Mick Doohan. Foto: Pinterest

¡Pum! La Honda de Mick Doohan colisiona con las protecciones. 26 de junio de 1992, circuito de Assen, segundos entrenamientos libres de la categoría reina. El líder del campeonato sufre una caída al perder la rueda delantera. Mientras el piloto y su honda ya están en el suelo, el cuerpo del australiano comienza a girar, pero la montura está encima de él. Su cuerpo se retuerce, pero su pierna derecha no hace lo mismo.

Foto: Gold and Goose
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De la gloria al drama

Aunque no perdió el conocimiento durante el accidente, su pierna corría grave peligro. Estaba destrozada. Fractura distal con desplazamiento de su tibia derecha. Camilla, ambulancia y directamente al hospitality del circuito. Ahí terminó prácticamente la temporada 92 para Mick Doohan, también sus claras opciones al título, pero ni mucho menos fue el fin de su carrera deportiva.

Hace más de 25 años de aquel día, y, hasta esa cita, Mick Doohan era el líder de la general, habiendo ganado cinco de las siete carreras disputadas, siendo segundo en las otras dos. Wayne Rainey y Kevin Schwantz no podían con el australiano. El californiano se encontraba a 65 puntos, mientras que el tejano era su perseguidor de la general a 53.

Todo parecía indicar que Doohan iba a ser el campeón esa temporada, pero el accidente de Assen le dio completamente la vuelta. Sin embargo, su voluntad le hizo volver a levantarse, aunque fuese cojo, para volver a rodar.

Al borde de la amputación

La recuperación del australiano fue más que complicada. Sin apenas pensarlo, el australiano decidió quedarse en Holanda para poder estar bien lo antes posible, a pesar de que el doctor Claudio Costa le recomendase que fuese tratado en otro hospital. Era cuestión de lógica, Doohan no quería perder más tiempo para volver a montarse en una moto. Lo que no sabía es que los médicos de allí no iban a estar tan preparados como para sanar su pierna derecha.

Wayne Rainey le disputó la temporada 1992 a Mick Doohan. Foto: Pinterest

Durante las semanas siguientes al accidente, Doohan resistía como podía el dolor. Sus huesos rechinaban unos con otros. El australiano no tenía otra cosa en mente. Confiaba en volver pronto a las pistas y que pudiese, al menos, volver a caminar con una muleta.


- ¿Quién es el mejor cirujano ortopédico en Holanda? – dijo Doohan.

- Todos hemos ido a la misma universidad, así que todos somos igual de buenos.


Doohan siguió en Holanda. Seguía pensando que era la opción más rápida de recuperarse. El médico decidió usar placas y tornillos para fijar la lesión en lugar de un clavo, y administró a Doohan anestesia epidural en lugar de anestesia general. De esta forma, el australiano podía sentir parte de las operaciones e, incluso peor, escucharlas, según el propio Mick.

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"Durante la operación podía sentir la fuerza de las herramientas hurgando en mis huesos, así que pedí que me durmieran entero".


De mal en peor. La pierna de Doohan sufría síndrome compartimental. Demasiada presión, cortes sanguíneos… Y ahí fue cuando todo empezó a ir realmente mal.

Tras varias operaciones desastrosas en las que abrieron prácticamente su pierna, Doohan sabía que lo que estaba pasando no era la mejor vía para volver a subirse en su Honda. Costa le visitaba con frecuencia, y una de estas veces discutió con el doctor holandés porque quería amputarle la pierna. Le daban 24 horas para tomar una decisión. Si mejoraba situación, habría alguna opción.

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Tras la discusión, el médico holandés regresó a la cama de Doohan y le retiró los vendajes que tenía porque empezaban a oler mal. Estaba furioso, otro doctor le cuestionaba su trabajo. Costa, que no tenía permiso para ejercer en el hospital holandés, no quería perder más tiempo y reservó un avión para llevarse a Doohan y poder tratarlo él mismo en Italia. El australiano no se negó, viajó con Costa como última esperanza.

No solo tenía un problema en su pierna, Mick había perdido tanta sangre durante las operaciones y para mejorar la circulación, que sus órganos internos estaban en riesgo de colapso. Costa debía, en primer lugar, estabilizar sus constantes. La pierna sería otra historia mucho más complicada.

Después de una semana vi que tenía una gran cantidad de piel que extrajeron los doctores. Fue realmente desagradable. Me di cuenta de que tenía por delante un largo camino para recuperarme, pero todavía tenía ganas de seguir luchando».

Ver pasar el campeonato, ver perderlo

Pasaban las citas del campeonato. Ya se había perdido la siguiente a Assen y, a pesar de ver lo que quedaba de su pierna, no perdía la esperanza. Algunos esperaban su regreso. Otros sabían de su estado y hablaban de su retiro.

Costa decidió que solo lo mejor era usar el riego sanguíneo de su pierna izquierda para mantener con vida la derecha. Y así, decidieron coserle las dos piernas. El propio Doohan pensaba que era una barbaridad, pero confió en el doctor Costa.

Con las baja de Doohan, la clasificación se ajustaba más. Rainey se acercaba al australiano. Foto: Pinterest


“Decía que sí a todo porque quería volver a subirme a la moto, aunque ya sabía que mis piernas no volverían a ser lo que eran”.


Aunque sea contradictorio, las continuas operaciones sobre su pierna le evitaron pensar más sobre el final de su carrera deportiva. El propio Doohan aseguró que si hubiera estado sentado en el hospital durante seis meses habría pensado demasiado, seguramente, en su retirada. Fueron muchas y muy largas las operaciones que le hicieron. Perdió la cuenta, y siempre le decían “esta ha sido un éxito”. En realidad nunca lo fueron.

Tras 14 días con sus piernas juntas, decidieron separárselas para seguir su plan de recuperación e intentar regresar al mundial en Brasil, tan solo ocho meses después de su accidente en Assen.

Brasil era la penúltima cita del campeonato. La recuperación de Doohan le hizo perder cuatro citas, incluida la de Holanda. Sin embargo, a pesar de no puntuar, seguía siendo líder de la general con 22 puntos de ventaja sobre Rainey. Tenía opciones de proclamarse campeón.

Mick Doohan regresó en Brasil sin que estuviese recuperado por completo. Foto: Pinterest


"Casi no podía caminar pero quería probar. Pensaba que si salía y cogía algún punto sería suficiente…”


El australiano no podía caminar, no tenía sensibilidad de rodilla para abajo y su tobillo estaba fijado a 90º. No podía frenar con la rueda trasera y, aun peor, su pie podría salirse de la estribera.


“Mi pie podría salirse de la estribera y yo no me daría cuenta hasta que estuviera volando por los aires. Aquel día, en Brasil, simplemente di vueltas al circuito encima de la moto".


Doohan sufrió mucho encima de la moto en Brasil. Terminó en duodécima posición. Hoy en día habría sido campeón en aquella cita, pero 1992 fue el último año en el que solo puntuaban los 10 primeros. Rainey ganó en Brasil, estaba a solo dos puntos del australiano a falta de la última cita en Sudáfrica.

Costa se emocionó al verlo cruzar meta. Parecía imposible que dos meses después pudiese acabar una carrera. Doohan estaba más motivado, solo pensaba en la última cita y en proclamarse campeón. Tuvo una leve mejora y disputó la última cita con mejores expectativas que en Brasil. Aunque acabase sexto e hiciese una carrera heroica, Rainey terminó tercero y ganó el título por cuatro puntos.

Foto: Pinterest


“El segundo es el primero de los perdedores”.


Durante el invierno de 1993, los doctores se dieron cuenta que habían forzado la pierna. Ese esfuerzo físico le pasaría factura al propio Doohan. La sensibilidad no regresaba y le llevó otros doce meses volver a sentir la extremidad.


“Sabía que si podía recuperarme al 90 por ciento tendría una buena oportunidad de volver a ganar. Eso es lo que me mantenía luchando".


Volver a ganar, volver a caminar


1993 volvió a ser una temporada complicada. Durante las primeras carreras la pierna seguía débil y los resultados no llegaban. No fue hasta la quinta cita, en Austria, cuando Mick logró volver al podio. Acabó segundo, y en ese momento supo que era cuestión de tiempo volver a ganar.


“Básicamente me sujetaba a la moto con los muslos, mis brazos hacían todo el trabajo. Era un reto pilotar de ese modo".


No fue hasta Mugello, novena carrera de dicha temporada, donde Doohan volvería a lo más alto del cajón. Para él fue la victoria más dulce, en Italia, donde había pasado tanto tiempo con el doctor Costa para que volviese a subirse a una moto.

Momento exacto en el que Doohan se levantaba en mitad de la pista de Laguna Seca. Foto: Pinterest

Sin embargo, de nuevo, ¡pum!, ese mismo sonido, esta vez en Laguna Seca. Doohan comienza la bajada del famoso ‘sacacorchos’ y pierde el control de su moto. Su cuerpo se queda descolgado. Su moto se dirige hacia el muro. Al colisionar, su cuerpo se queda en el asfalto y su débil pierna le impide levantarse con rapidez. Las motos pasan por delante suya mientras que él solo quiere despertar de esa pesadilla.

Después de Laguna Seca, Doohan se quedó en California donde el cirujano Kevin Louie le colocó un fijador externo para poner recta su pierna derecha. Afortunadamente, Laguna Seca era la penúltima cita de la temporada. Fue baja para dicha cita y la última, Jarama. Así termino la temporada 1993 para Mick, cuarto de la general. Sin embargo, él mismo la recuerda como la que le hizo volver a ganar, la que le hizo saber que podría ser campeón del mundo.

Fijación de Kevin Louie para enderezar la pierna de Doohan. Foto. Fox Sport Australia

El nuevo rey

La siguiente temporada, 1994, fue el año de Doohan. Tras un invierno en el que pudo recuperar mucha fuerza de su lesión, el australiano se encontraba realmente en forma. Habían adaptado un freno trasero en la maneta izquierda para su pulgar y se encontraba cómodo con la nueva Honda.

Ganó el mundial. Nueve victorias. Lo había logrado. Sin embargo, el koala cojo no solo se proclamó ese año, sino cinco consecutivos. Pero el resto de temporadas ya es otra historia, aunque volvería a escuchar más ese sonido tan desagradable. Simplemente, ese koala cojo se convirtió en el rey de la selva.

Foto: Pinterest


“Mirando atrás, a pesar de todo el dolor y sufrimiento, no habría cambiado nada”.


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