Rosalía, 'Los Ángeles'

Considerada como una de las nuevas voces del flamenco y el no flamenco, del lugar y el no lugar, Rosalía es pura transgresión de la pena negra de la guitarra flamenca con la intención del punk que pone de manifiesto en su disco 'Los Ángeles' para desconcertar maravillosamente a los críticos

Rosalía, 'Los Ángeles'
Foto: http://culturahipster.com

El flamenco es como el corazón, tiene cosas que la razón no entiende, todo el mundo conoce sus orígenes, sus raíces más puras, la ortodoxia y la tradición. Una venta, un tablao, silla de enea, volantes, guitarra, punta y tacón, palmas, compás, soniquete, alegría, dolor, luces, sombras, manos que hablan, voces quebradas desde la noche hasta las claras de la mañana. Cádiz, Jerez, Sevilla, Huelva, Granada… las minas, el mar, el cielo, la tierra, el viento, el azúcar, la sal, la hoguera, la rosa, el yunque, el martillo, la cuerda, la caja, el calé, el payo, el fuego, el agua, la risa, el llanto, una camisa como alma rota, la luna y la fragua.

Por encima de todas las cosas el cante, las cuerdas que lo acompañan, su propia historia, el alma de una pena negra que atraviesa al artista y llega a la gente. Sonidos inexplicables y por tanto la universalidad de un arte que a veces encuentra y ancla sus duendes en los lugares más insospechados. No se puede explicar de otra forma la dulce voz de la barcelonesa Rosalía Vila, flamenca sin tablao y con tablao, pero con las musas en la barriga de la Niña de los Peines.

Dicen que existen dos clases de variación de la frecuencia cardíaca, una armoniosa, de ondas amplias y regulares, otra desordenada, con ondas incoherentes, ambas directamente proporcionales a las emociones que se sienten. Como el corazón es flamenco, latido regular e irregular, motor inexplicable que arrastra con sus emociones a la cabeza, existen almas de voces y voces con alma, capaces de descifrar la ecuación entre lo 'jondo' y lo dulce, voces transgresoras como flores que desprenden su belleza y aroma independientemente del lugar y la época en la que broten y germinen.

Rosalía es esa quintaesencia capaz de renovar una voz anónima de siglos, una artista de enorme sonrisa que llora lágrimas negras, un guante blanco de ojos y cabellos oscuros que interiorizó a Camarón siendo muy pequeña, para a través del estudio de lo puro cultivar el cante. Aquel que hizo suyo como diálogo humano de la fusión entre la vida y la muerte, el sol y la luna. Por voces como la suya el flamenco siempre tendrá un lugar para el no lugar, porque solo aquellos que lo llevan dentro lo pueden expresar y lo entienden. En este caso el no lugar es esta artista que bebió de la fuente, de la raíz popular, pero que arrasó cantando junto al rapero C.Tangana. La mixtificación, la fusión y la encarnación del cante, sus diversos caminos, la canción, la música, la transmisión del dolor tomado como algo propio que se entrega al mundo.

Entre lo sagrado y lo profano, Black Sabbath, Enrique el Mellizo y Manolo Caracol, la música moderna, la técnica lírica y el cante flamenco, la sensacional herejía de la rapera y la flamenca pura, aquella que lleva una década dejando sin aliento y desconcertando maravillosamente a la crítica. Su experiencia con Juan Gómez “Chicuelo”, su participación en APAP Conference en Nueva York, su colaboración con La Fura Dels Baus, sus puntos y finales de telón junto a Miguel Poveda, su rompedora presencia en el Festival de Jerez 2016 y su trabajo junto a Rocío Márquez en la presentación de su disco El Niño, así lo avalan.

 Con 23 años  y a punto de licenciarse en Interpretación de Flamenco por la ESMUC, es un espíritu libre que deja sin palabras al que la escucha. ‘Los Ángeles' su trabajo junto a Raúl Fernández Refree, ha venido a remarcar que ya está considerada como una de las nuevas voces del flamenco y el no flamenco, del lugar y el no lugar. Magnética, dulce, cristalina, de matices oscuros e imparable, que se asoma a un abismo mortal que es a su vez un punto de fuga por el surge la creatividad del músico y un diamante que ha codificado su pasión con una clave estética fuera de lo común. Todo un tratado de la parca en el flamenco, doce canciones para nada elegidas al azar, pura pena negra de la guitarra flamenca con la intención del punk. Un disco que elige como carta de presentación Si tú supieras compañero (por alegrías extraída de fragmentos de "Del mundo leguas y leguas" de La niña de los Peines); las seguidillas en De plata; Nos quedamos solitos (una malagueña larga de Enrique el Mellizo que quita el aliento); Catalina (por tangos de Manuel Vallejo); Día 14 de abril (por tarantas); Que se muere que se muere (por fandangos); los tientos de Por mi puerta no lo pasen; la guajira de Te venero; los fandanguillos de Por castigarme tan fuerte; la milonga en La hija de Juan Simón; y la saeta en El redentor. Cerrando el disco con la oscuridad de I See A Darkness canción de Will Oldham cantada con la versión folk de Bonnie 'Prince' Billy como clara declaración de intenciones.

La experimentación de nuevos caminos, un flamenco de compleja catalogación que desafía a los estándares y tiene la particularidad como para regresar a lo antiguo de la edad de oro del flamenco pre-camarón sin dejar de ser algo nuevo, difícilmente explicable con palabras. Entre California y Jerez, entre Ligeti y Antonio Chacón, pasando por Cádiz, Sevilla.. con Enrique el Mellizo, Manuel Vallejo Manolo Caracol... 

Siempre con la instruida querencia por los cantes antiguos, heredada por Chiqui de La Línea, su maestro. La transformación de los clásicos con un toque personal tan bello, emotivo e inclasificable, como apasionante. Tan solo descifrable gracias a la universalidad de la raíz popular de una música sin barreras, en la que todo es posible si sale del alma…