Alejandro Sanz, embajador de la alegría
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Dicen que los gaditanos nacen donde les da la gana, pero la frase siendo tremendamente acertada posee incluso una vuelta más, puesto que los gaditanos no es que nazcan donde les da la gana, sino que no les da la gana nacer en otro lugar que no sea Cádiz. Por ello Cádiz y su provincia no podrían haber elegido con mayor tino a Alejandro Sanz como nuevo embajador de la alegría. Es tan acertado el nombramiento, que Alejandro siendo un madrileño de pura cepa, es absolutamente circunstancial, puesto que siendo Sánchez (Sanz) y Pizarro, ni quiere, ni hubiera podido ver otra luz que la de Cádiz y su provincia. No en vano de Cádiz, entre Algeciras y Alcalá, le viene ese ADN que le convierte en marciano gaditano de la música y, nadie como él sabe, que no existe mujer como la de la tierra de su querida madre, alcalaína de nariz redondita cuya verdad era de mármol y su candor de piñas verdes. Diosa que tiene la risa más fresca de todas las fuentes, a la que ningún fanfarrón arrebata una brizna de su gracia, pues como muy bien conoce Alejandro, no existe mujer tan marciana como la gaditana. Dama valiente que se peina la trenza como las sirenas y rema en la arena, si quiere.

Quisiera ser el aire

Sanz quisiera ser el aire que escapa de su risa, de su brisa, quisiera ser la sal en el jardín de la alegría, quisiera ser la piel blanca de la cal viva de sus pueblos serranos, quisiera ser bulería en el barrio de Santiago jerezano, quisiera ser Puerto de Santa María a bordo de un vaporcito llamado Adriano, ser pito de caña y nudillo de 3x4 en los mostradores del carnaval gaditano. Quisiera ser caballa en La Caleta, uva en la campiña, alcornocal en Alcalá, atún en Bárbate, ola en Tarifa y cuerda de guitarra en Algeciras. Porque Alejandro no puede olvidar Algeciras, que es ese amigo que le dio la vida, por esa razón, porque ‘el niño del pajarito’ no es concebible sin la hondura parlante que la guitarra de Paco lucía. Es dulce trovador de Andalucía, un gran embajador que con el alma al aire de la Costa de la Luz, aprendió que en Cádiz las alas sirven para cantar en lugar de volar, y que el mar es la voz del poema, el disfraz del pájaro azul que sirve para volar.

En Cádiz la música no se toca

Por todo ello, porque en Cádiz la música no se toca y las canciones nunca mueren, Alejandro siempre se sintió un vendedor de coplas, de almas nuevas sin usar. De hecho son sus canciones el paraíso manuscrito de una tierra en la que encontró una veta inagotable de inspiración, la bandera de agua y claridad de un reino que estaba para él. Sol de la libertad, mansión riente que tiene, por dosel la alegría. Capitán tapón y comandante de pasos elegantes, corazón partío entre tierra y mar, marinero en tierra, camino de rosas y espinas para quien los sabe y llega tarde. Bandolero tragabuches, hombre del mar al que cuando se le da elegir entre Miami y Cádiz, responde con no me compares, y comienza a cantar ahora te enseño de dónde vengo y de qué tengo hecho el corazón. Dice que viene del aire porque Cádiz puede ser o no ser, a veces es suyo y a veces del viento. Del poniente y el levante que lo eleva y le hace dar mil volteretas, porque en la tierra de la escasez y la abundancia las murallas le cantan a que no me dejas. Para Alejandro no cabe duda que Cádiz y su provincia es la fuerza del corazón que le quita la razón, son el alba y el ocaso pisando fuerte, son sus fuertes miradas, elegantes y estudiadas. Pues Sánchez Pizarro es un aprendiz de Cádiz, tierra en la que conserva los recuerdos de su piratería, lo que expresó como todo aquello que me diste, por enseñarme a ver el cielo más azul, por ser mi compañera y darme tu energía…

Un viva la vida

El marciano de la música, quiere morir en su veneno, en el veneno de una piel que se vende y desparrama por balcones y macetas que venden almas nuevas. Puede que naciera en Madrid, pero tú Alejandro has sido y eres un gran embajador de los pentagramas gaditanos, que nunca dudó en cantar que la verdad de esta provincia es una verdad que lo arrolla todo, que salpica de risas, se come la tristeza y se bebe el dolor. Por ello, como canta el poeta gaditano, su vinculación a Cádiz se resume en dos canciones: Nuestro Amor será leyenda y Solo se me ocurre amarte, un sentimiento que no hay planeta que lo eclipse, aunque sea desde lejos. Es como la tierra amor, aire pa querer, aire pa vivir, el alma al aire gaditano, su manera de ser, vivir y caminar. Y como no le importan que le digan que es un viva la vida, que vive sin compromiso, siempre se sintió orgulloso de ser embajador de esta tierra para cantar y contar a los cuatro vientos, que después de haber querido nacer en Cádiz cree firmemente en el paraíso.

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