Diana Navarro, 'Resiliencia'
Foto: http://www.diananavarro.org

Con una sinfónica en la garganta y una transparencia personal de tal calado que al cantar se puede identificar plenamente los retazos del alma, regresa la artista malagueña que tuvo en Camarón a la banda sonora de su infancia. Posiblemente por ello, además de que el cante le viene en los genes por parte de padre, su privilegiado instrumento alarga vocales y notas de tal modo que se tornan infinitas en su estilo interpretativo. Ese siempre fue el sello de Diana, que deja sin palabras a todo aquel que ha tenido la ocasión y el placer de escucharla. Y regresa arriesgando con ‘Resiliencia’, su nuevo trabajo, un término quizás complejo para usar como título de un álbum musical, pero que sin duda define a la perfección el grado de madurez personal y artística, al que ha llegado Diana Navarro.

La Diana de nueve años que cantaba en un coro folklórico cuando era niña queda lejos, pero sin ella no existiría la maravillosa voz que deleita por largura y profundidad. De hecho en aquella etapa crucial aprendió a reconocer su intuición musical, que luego fue moldeando a base de mucho trabajo y un enorme talento. Una capacidad que ya demostró en 2005 con el sencillo Sola, que la catapultó al éxito. Tema que formó parte de su primer disco No te olvides de mí, por el que recibió el premio Ondas a la mejor artista revelación de ese mismo año.

Luego llegaron 24 rosas, Camino Verde, Flamenco, Género Chica y La esencia. En todos y cada uno de ellos demostró su capacidad de fusión y amplísimo espectro vocal para dominar todo tipo de artes y estilos. Al punto de que a día de hoy, tras la publicación de su nuevo disco, ha sido etiquetada como ‘folktrónica’. Un largo y arduo proceso por el que ha pasado con la admiración de todos, pero curiosamente con el desgarro personal del ‘desquerer’. De ahí esta ‘Resiliencia’, término procedente de la física, pero igualmente empleado por la psicología para determinar la capacidad de adaptación que poseen las personas para estirarse como una goma en las vivencias existenciales que producen desgarro, pero sin llegar al punto de la ruptura total, saliendo reforzadas de ellas.

En esencia Diana, siempre fascinante, pone a disposición del público la artesanía arabesca del armónico conjunto de cuerdas de su voz, propiciando catarsis propias y ajenas. La malagueña es la viva demostración de que la mujer tiene alas de dragón y, que en su caso guarda el tesoro de un ave canora que gorgojea infinitos matices capaces de arrancar en la raíz más pura, para acabar elevándose a la copa del árbol musical más innovador, desde el que quiere contar y cantar experiencias.

Diana Navarro siempre fue palabras mayores, lo bello, lo suavemente desgarrador y hoy es lo nuevo que llega para sorprender. Resiliencia contiene trece temas en los que abre su corazón, sacando una a una, tema a tema, las espinas que le impedían quererse a sí misma con idéntica intensidad a la que siempre se entregó a los demás. En esencia la malagueña comparte con el público el citado camino, que es la suma de todas las Dianas posibles que el público tuvo el privilegio de descubrir y conocer, la niña, la flamenca, la saetera, la lírica, la cantante pop, la mora, la gitana y la negra, porque solo en contadas ocasiones las musas, que son las arpas voladoras del arte, eligen a alguien para portar en la garganta pura magia.

Puede que ‘Resiliencia’ sorprenda y desgarre, pues el riesgo asumido por la cantante malagueña es altamente significativo, pero es un trabajo lleno de desnudez personal, de verdad y creatividad, de una artista en constante evolución, como demuestra en Ni si quiera nos quedó París, el ‘single’ con el que presentó su nuevo trabajo.

Angelito de canela; El perdón; Yo me voy a querer; Eres tú; Haz conmigo lo que quieras; Los niños, no; La revolución del amor sincero; Olivia Ovidia; Que sí, que sí, que sí...; Ni siquiera nos quedó París; Desnuda vengo aquí; Me amo y me acepto completamente y La reina de Occidente. Trece canciones duras en las que el texto cobra significativa importancia, terapia para una nueva Calíope, la musa malagueña de la bella voz que canta experiencias vividas y vívidas, las de una mujer que un buen día acabará transfigurándose en la melodía que transforma el viento en una suave y melosa brisa que acaricia. Que sí, que sí, que sí…Diana la de siempre y la de nunca, que canta rota y recompuesta con sus cañones de artillería.

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