23 de abril: libros, rosas y desalojos

El colectivo independentista y los sin techo comparten espacio en el centro neurálgico de Barcelona.

23 de abril: libros, rosas y desalojos
Acampadas reivindicativas el pasado miércoles en Plaza Catalunya. | Foto: Beatriz Martínez (VAVEL)

Con una superficie aproximada de 30.000 metros cuadrados, la Plaza Catalunya está siendo escenario de dos acampadas reivindicativas. La primera de ellas, la concentración independentista, se instaló a principios de febrero reclamando la puesta en libertad de los políticos encarcelados. Organizada por la plataforma 'Despertem la República', afirman que no desistirán hasta que la investidura del President se haga efectiva.

La acampada independentista

David, de 54 años, es el portavoz de la acampada independentista y asegura que no tienen conocimiento de la orden de desalojo por parte del Ayuntamiento de Barcelona, programado para el próximo 23 de abril. Añade también que "el desalojo es competencia de la Guardia Urbana y cuidamos mucho que haya menos de 20 personas, para que se considere reunión y no manifestación". Además asegura que la reivindicación independentista no está respaldada ni por los CDR (Comités de la Defensa de la República), ni por la ANC (Asamblea Nacional Catalana), ni por la asociación Òmnium Cultural.

"Somos una reunión, no una manifestación"Según David, el movimiento surge de forma improvisada con personas que comparten los mismos ideales y luchan por una causa común. Niega en todo momento el apoyo externo por parte de otras asociaciones o grupos políticos. Por lo que se refiere a la convivencia con los sin techo, el colectivo independentista asegura que es una relación respetuosa y generosa.

La acampada de los sin techo

Por otro lado la acampada de las personas sin hogar, denominada 'Acampada X Drets', muestra su frustración e indignación ante la situación deplorable que están viviendo. Dos de ellos relatan cómo se sienten: "no tenemos dónde dormir y los albergues son infrahumanos. Son ofertas que te desestructuran totalmente y te sientes humillado. No puedes compaginarlo con una vida normal: tienes que pedir cita para ducharte y esperar una hora, después moverte a otro sitio y hacer cola para dormir. Todo está disperso. Nos sentimos invisibles y las ayudas están saturadas." Denuncian también, la falta de atención por parte del Consistorio. "Hay gente enferma, personas con infecciones y todo es cuestión de un lavado de cara", afirma uno de ellos.

A diferencia del colectivo independentista, los sin techo son conscientes del posible desalojo el próximo 23 de abril, con motivo de la celebración del día de Sant Jordi. "De hecho la semana pasada, cuando se celebraba un importante evento deportivo, la Guardia Urbana nos invitó a que nos marcháramos", ironiza uno de ellos. Resulta curioso cómo uno de ellos tilda a la acampada independentista como un "grupo hermético", con los que apenas mantienen relación.

"Nos sentimos invisibles", denuncian los sin techoEl pasado jueves tuvo lugar una reunión de dos horas de duración entre los responsables del área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona y el colectivo de las personas sin techo. Anteriormente éstos habían emitido un comunicado al Consistorio en el que plasmaban la inverosímil situación y denunciaban la falta de interés de los servicios municipales. A su vez, planteaban la posibilidad de la construcción de un hotel para alojar a las miles de personas que duermen en condiciones infrahumanas. Según han informado a través de la red social Twitter, se sienten decepcionados ante la reunión mantenida, ya que no han obtenido ningún tipo de solución. Aseguran además que no piensan desalojar la céntrica plaza hasta que no se les proporcione un lugar digno.

¿Hasta qué punto llega la empatía del ser humano? ¿Importa más que la ciudad luzca limpia y bonita, que la situación de miles de personas desamparadas? ¿A quién se le atribuye la competencia del desalojo? ¿Por qué el Ayuntamiento de Barcelona no ofreció ninguna solución el pasado jueves? Un sinfín de preguntas carentes de respuesta por el momento y un puzzle sin resolver. ¿La pieza clave? La alcaldesa, Ada Colau.