El ladrillo de Cooper
Foto: EFE

Dijo Henry Ford que el verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos, y hoy tres de abril de 2013 la figura del ingeniero Martin Cooper emerge poderosa para recordar una llamada que cambió para siempre la historia de la telecomunicación.

Aunque la implantación tecnológica del teléfono móvil se remonta a los inicios de la Segunda Guerra Mundial, cuando la compañía Motorola creó un equipo llamado Handie Talkie H12-16 para la comunicación a distancia entre las tropas, las tecnologías de Tesla y Marconi se unificaron definitivamente para emprender el camino de su imparable evolución, gracias la brillante inventiva aplicada por Martin Cooper, padre del teléfono móvil, que fabricó el primer radio teléfono entre 1970 y 1973. Y aunque Cooper no fue el creador del concepto sí que fue el encargado de transformar la teoría en tecnología, fabricando un objeto físico al que hoy rendimos servidumbre y sin el que nos sentimos absolutamente desamparados.

Objeto diabólico sin el cual el mundo parece que deja de funcionar su espiral de dominio sobre la humanidad comienza hace justo cuarenta años, cuando un 3 de abril de 1973, Martin Cooper usó por primera vez un teléfono sin cables para llamar a Joe Engel, su más encarnizado enemigo laboral que trabajaba en un proyecto idéntico al suyo para los laboratorios Bell de AT&T. A Engel no le hizo la más mínima gracia la citada comunicación, pues aquella llamada significaba que Cooper, que trabajaba para Motorola, le había ganado la partida.

El terminal móvil que marcó un hito en la historia de la telecomunicación era un prototipo de Motorola DynaTac 8000X, tenía veinte minutos de autonomía, 794 gramos de peso, unos 33 centímetros de altura, 4.5 de largo y 8.9 de grosor. Su coste equivalente al día de hoy sería de un millón de dólares, el brillante ingeniero de 44 años paseaba por las calles de Manhattan y estableció comunicación con Joe Engel, ingeniero rival de la compañía Bell, que de esta forma recibía cumplida venganza del destino, pues cuenta la historia que Alexander Graham Bell, se apropió de una idea previa de Antonio Meucci para patentar el teléfono fijo adelantándose a su competidor Elisha Gray.

Aunque no se puso en el mercado hasta una década después, el paso tecnológico fue crucial para un monstruoso mercado que no ha cesado de crecer desde entonces. Aquella llamada constituyó el pistoletazo de salida para la guerra de la telecomunicación, la apertura hacia una tecnología que ha llegado a tal grado de dominación que es capaz incluso de condicionar nuestras vidas. El ladrillo de Cooper, que no cesó de armar y desarmar cosas desde su más tierna infancia, fue portada en julio del 73 en la prestigiosa revista «Popular Science».

Por todo ello, cuando a lo largo de la tarde de hoy ese maravilloso, liviano y diabólico objeto con vida propia os interrumpa uno de esos momentos de magia, alegría, tristeza, dolor, placer y cotidianidad, recordad que la culpa la tuvo Martin Cooper (Premio Príncipe de Asturias en 2009) y su ladrillo parlante, que cuarenta años atrás y desde una calle de Manhattan cambió para siempre la historia de la telecomunicación.

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