Camino a Londres: David Ferrer, el de casa
Foto:Beatriz Gas Gozalbo.

Camino a Londres: David Ferrer, el de casa

Inseparable de Javier Piles, que dio un giro vital a su carrera, ha firmado un 2012 de ensueño con 7 títulos. Aún buscará más gloria en Londres y en la final de la Copa Davis.

Carton
Manuel F.Cartón

David Ferrer (Jávea, 1982) es una de esas personas que jamás se dejará seducir por los efluvios de la fama. Es un tío normal, tanto como la historia que trae detrás. Tanto como que en plena 'edad del pavo' le gustara más la marcha que entrenar, lo que estuvo a punto de privar al mundo de ese tenis de coraje del que hoy en día es bandera. Tanto como que prefiriera estar en su casa con los suyos que pasarse el día en Barcelona labrando un futuro en el que creían todos menos él. Quizás lo menos normal fuera castigarle horas y horas encerrado en un cuarto con agua y pan, pero parece que el resultado ha sido inmejorable. "Si actuaba como un perro, yo le trataba como a un perro" declaró al respecto Javier Piles, su entrenador de toda la vida, parte vital en el desarrollo de un David que hoy es quien es gracias a él.

Y es que Javier apareció en la carrera del reciente campeón del Masters 1000 de París-Bercy cuando más falta le hacía. Le conocía desde que apenas levantaba un palmo del suelo, y en el momento preciso le rescató de una Barcelona en la que no se sentía cómodo para traerle de vuelta a su Jávea natal, donde volvió a recuperar la pasión por el deporte de la raqueta. Por supuesto no sin crisis de fe, como la que finalmente marcó su destino hace ya doce años. Harto de las palizas de los entrenamientos, decidió que lo dejaba, que el tenis no iba a ser su vida. Una semana trabajando de albañil le valió para rectificar -¡bendita decisión!- y forjó los cimientos de la estrella rutilante en que se ha convertido.

Humildad, pasión y trabajo

"Soy el peor top100 de la historia", "soy el más flojo del top10" o "como mucho, el primero de los humanos". Así se define a sí mismo un Ferru que, si destaca dentro de las pistas, fuera lo hace con tanta o más fuerza. Su humildad, su entrega y su capacidad de sacrificio y superación son las bases en las que se sustenta todo un número 5 del ranking ATP, siempre a la sombra de los cuatro grandes, que han impedido que su ya de por sí vasto palmarés sea aún más granado. Una situación en la que otros se atascarían, pero que a él solo le sirve para seguir trabajando con más ahínco, sin más meta que la de mejorar. Solo así se explica que alcanzada la treintena siga mejorando áreas como su servicio, antes problema y ahora solución a ciertos atascos.

2012 es el mejor año de su vida No es fácil sobreponerse a hasta tres derrotas en finales de Masters 1000 y alcanzar la cuarta, la definitivamente buena. En pista rápida y bajo techo, para hacer la machada más épica. Es el colofón que necesitaba un año perfecto, que puede convertir en pluscuamperfecto en las dos semanas restantes, empezando por Londres. Acumula siete títulos, es el tenista que más ha jugado y más ha ganado pero sigue teniendo hambre. Su voracidad sin límite le lleva a debutar en este Torneo de Maestros haciendo oidos sordos al cansancio. Ese al que todos los demás han aducido para justificar sus resultados en París pero que para el Ferru no es excusa. Cada metro que recorre, lejos de desgastarle, le hace más fuerte. Y con esa fortaleza que le dan los resultados recientes -diez victorias consecutivas entre Valencia y París- tratará de paliar el agotamiento, llegando con la cabeza y con el corazón a los pocos lugares que no alcancen sus piernas.

Así se presenta David en Londres, donde ya el año pasado demostró aguantar mejor que muchos -firmó semifinales, derrotado por Roger Federer- aunque con menos carga que en este 2012, nada menos que 90 encuentros después. Las cifras le avalan y le sitúan favorito ante Tipsarevic, con balance favorable al español de 3-1, y ante Del Potro, al que ha derrotado en cinco de sus siete encuentros. El problema es Roger Federer, al que jamás ha vencido hasta la fecha (0-13), pero David maquina el antídoto, que puede ser innecesario si hace los deberes antes de verse con el helvético. De momento, espera Delpo a las 20:45. Paso a paso sin mirar más allá del próximo partido, la fórmula que asegura haber seguido toda su vida.  

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