Muñoz de la Nava sucumbe a una estrella naciente
Thiago Monteiro en 2016. Foto: zimbio

Esto va muy en serio, no es el típico día lúcido de un jugador desconocido que se aprovecha de su condición, para sorprender a una figura relajada. Thiago Monteiro ha experimentado una transformación absoluta con la llegada de 2016. A sus 21 años, se daba por perdido al jugador brasileño para un reto ambicioso como es estar entre los 100 mejores. Relegado a torneos futures y algún challenger, Thiago en pocas ocasiones salía de Brasil, y parecía totalmente estancado.

Hasta que llegó el nuevo año. Los golpes de este zurdo han adquirido una potencia y efectos nunca antes vistos en él, su movilidad es frenética y hace gala de un espíritu competitivo inabordable. Lo hizo bien en los Challengers de inicio de año y eso le llevó a recibir wildcard en Río de Janeiro. Su victoria contra Tsonga rompió su anonimato, pero el darle continuidad esta semana imponiéndose a Almagro y Muñoz de la Nava, no hacen más que confirmar que Monteiro ha venido para quedarse.

Garra y coraje para remontar

Muñoz de la Nava era consciente de la oportunidad que se le presentaba. Le está costando mucho al madrileño ganar partidos en torneos ATP, habiéndolo conseguido en Doha con Feliciano únicamente, antes de este torneo. Es por ello por lo que salió a pista tremendamente concentrado, y no concedió ni una sola de break durante la primera manga, que se adjudicó por 4-6.

Muñoz de la Nava en 2015. Foto: atpworldtour.com
Muñoz de la Nava en 2015. Foto: atpworldtour.com

Muñoz de la Nava perdonó en el segundo set, dejando escapar cuatro bolas de rotura

Pero Monteiro reaccionó. Auspiciado por su público, el brasileño aprovechó una cierta relajación de Muñoz de la Nava para ir metiéndose en el partido poco a poco. En esto ayudó mucho el hecho de que el madrileño no aprovechara ninguna de las cuatro bolas de break de las que dispuso, en los compases iniciales del set. Dio moral al brasileño, que acabó rompiendo el servicio de su rival y equilibrando el marcador.

El duelo de zurdos beneficiaba a Monteiro, repleto en confianza  y con tendencia positiva. El español se bloqueó mucho, percibiendo la opción de la derrota con claridad, y arrugándose sobremanera. Todo lo contrario que Monteiro, que voló libre sobre el albero paulista. 6-2 para terminar un partido que le da el billete a los cuartos de final. Será interesante ver cómo se desenvuelve ante un gran jugador como Pablo Cuevas, experimentado como el que más y que viene con un título bajo el brazo.

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