Condenados a la muerte súbita
Gilles Muller ya está en la final de Hertogenbosch | Foto: zimbio

El luxemburgués Gilles Muller ya espera en la final del torneo de Hertogenbosch.  Lo consiguió tras derrotar al gigante Ivo Karlovic en una primera semifinal carente de ritmo, resuelta en dos tie breaks por 7-6(5)/7-6(4).  El partido terminó sin que ninguno de los contendientes dispusiera de bolas de break, lo que habla de la efectividad que ambos exhibieron al servicio.  Al final, la muerte súbita decidió un encuentro que se antojaba previsible, con dos jugadores que consiguieron 22 (Muller) y 21 (Karlovic) aces cada uno.

El partido se antojaba plomizo a priori, con dos sacadores que no suelen plantear un juego con ritmo desde el fondo, y menos aún en pista de hierba.  Se esperaban puntos cortos, muchos saques directos y abundantes subidas a la red, y las expectativas se vieron cumplidas. 

Camino inexorable al tie break

La primera manga se desarrolló a ritmo de saques.  Karlovic, apoyado en su descomunal servicio y su potente golpe de derecha, se mostraba implacable en este aspecto del juego, sin dar ningún tipo de opción a su rival y esperando oportunidades al resto.  Muller, por su parte, conocía las carencias de Karlovic a la perfección, la mayoría de las cuales se encuentran por el lado de su revés, y aprovechó su saque abierto de zurdo para hacer daño a su rival y conseguir infinidad de puntos gratis.  El jugador de Luxemburgo jugó sus cartas con inteligencia, sin caer en la desesperación que a veces provoca Karlovic en sus rivales, que no ven nunca la manera de abordarle al resto. 

El set siguió por los mismos derroteros hasta llegar al inevitable tie break.  En este punto, Karlovic partía como ligero favorito por su experiencia y su servicio, pero Muller sorprendió al conseguir un temprano minibreak y sacar con temple para hacerse con el primer parcial por 7-6(5).

El partido siguió por el mismo caminoSi algún espectador esperaba que el golpe de efecto dado por Muller provocase un vuelco en el partido, nada más lejos de la realidad. La segunda manga fue un espejo de la primera, con ambos jugadores mostrándose tan intratables al servicio como endebles al resto.  Al igual que en el primer set, ninguno de ellos pudo disponer de opciones de rotura en un parcial que caminaba inexorablemente hacia una nueva muerte súbita.  Karlovic, curtido en mil batallas y acostumbrado  a llegar al final de los sets con el marcador apretado, supo tranquilizarse y esperar sus oportunidades.  Muller, por su parte, siguió jugando de forma muy inteligente y eficaz, eligiendo muy bien sus golpes para hacer sufrir al altísimo jugador croata.   Ambos contendientes mostraron su veteranía en un partido que no fue muy lucido ni espectacular.

Muller fue superior en los momentos decisivos

Como todo el mundo esperaba, el segundo set llegó también a un tie break decisivo.  Al igual que el resto del parcial, la muerte súbita también fue un fiel reflejo de la de la primera manga, con Muller consiguiendo un tempranero minibreak y Karlovic incapaz de dar la vuelta a la situación.  El luxemburgués volvió a mostrar una gran tranquilidad, y consiguió amarrar sus servicios para llevarse el set, y el partido, por 7-6(4). 

El encuentro ofreció lo que se suele esperar de estos dos jugadores sobre la superficie de pasto, y dejó a un Muller muy reforzado de cara a la final, sobre todo en el aspecto de mentalidad.  El domingo se enfrentará al vencedor del duelo entre otros dos expertos sobre esta superficie, el francés Nicolas Mahut y el americano Sam Querrey.

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