ATP Finals 2017. Rafael Nadal: a completar su historia
Previa ATP Finals: Rafael Nadal, a completar su historia | Fotomontaje: Diego Blanco - VAVEL

La Copa de Maestros es el gran objetivo de todos los tenistas a lo largo de la temporada. Este certamen, que reúne a las ocho mejores raquetas del año, es un reclamo para el panorama tenístico internacional; su carácter mediático, la popularidad de la que goza y su magistral escenario hacen de estas Finales una cita imperdonable, remarcando estas fechas en el calendario. Roger Federer, Novak Djokovic, Andy Murray... Tres cuartas partes del llamado Big Four cuentan con uno, o varios, de estos trofeos; todos ellos, a excepción de Rafael Nadal. Nadal, actual número uno del mundo, nunca ha podido hacerse con esta corona, bien sea por su elevado número de bajas, o por su desempeño, algo irregular en esta competición. Finalista en 2010 y 2013, perdiendo ante Federer y Djokovic, Rafa tratará de culminar este histórico 2017 de la mejor forma posible, y como él mejor sabe: haciendo historia. Pero primero, y antes de enfocar la actuación de Nadal de cara a estas Finales, hay que comentar los méritos del español para llegar hasta aquí.

Muchas incógnitas a principio de temporada

El año 2016 de Rafael Nadal fue algo incierto. Campeón del Masters de Montecarlo o del Conde de Godó, además de firmar una memorable actuación en los Juegos Olímpicos, el físico del balear no dio más de sí y, tras una serie de altibajos, decidió poner punto y final a una temporada que acabaría como número nueve del mundo, su peor ranking a final de año en más de diez temporadas. Mermado física y mentalmente, el 2017 sería un punto de inflexión en su carrera. Ganando el torneo de exhibición de Abu Dhabi, que reunía a varios de los mejores nombres del circuito, su primera participación oficial este año se saldaría con unos meritorios cuartos de final en el ATP 250 de Brisbane, donde cayó eliminado a manos del canadiense Milos Raonic.

Volviendo a coger contacto con las pistas, y con la competición oficial, Nadal llegaría al Open de Australia en un contexto un tanto complicado, con un 15º Grand Slam demasiado lejos en el horizonte. No obstante, su participación en Melbourne Park fue excelsa, llegando hasta la gran final después de dejar por el camino a jugadores de la talla de Dimitrov, Zverev o Monfils. En aquella épica final, sería su gran rival, Roger Federer, quien le apartase del título, en la que posiblemente sea la final más emotiva en la historia del tenis; por contexto, y por protagonistas. Escalando posiciones, y experimentando un rejuvenecimiento, Rafael Nadal estaba más que preparado para afrontar el resto de la temporada.

Nostálgica gira de tierra batida

Sin obviar lo ocurrido en los dos primeros Masters 1000 de la temporada: Indian Wells y Miami, de lo que hablaremos posteriormente, las primeras alegrías para el número uno español llegaron en su terreno: la arcilla. Con la baja de Federer en toda la temporada sobre polvo de ladrillo, y el escaso nivel exhibido por Murray y Djokovic, era el momento para que Nadal brillase. Este histórico e irrepetible recorrido sobre la tierra batida comenzó en el Masters de Montecarlo, donde el español haría historia al levantar su décimo título, récord de cualquier jugador en un torneo específico. Este 29º Masters 1000 para Rafa no sería el último, actuando, poco después, como profeta en su tierra en el Mutua Madrid Open tras batir a Dominic Thiem, consolidando así su dominio en esta superficie. Previo a ello, Nadal levantó otro décimo entorchado, esta vez en el Conde de Godó, despachando, de nuevo, a Thiem en la final.

Este nostálgico triplete Montecarlo-Barcelona-Madrid daba alas a un Nadal resplandeciente, y que brillaba por sí solo. Recordando al Rafa de antaño, dueño y señor en esta fase de la temporada, llegaba la gran cita: Roland Garros, el segundo major del año. Como no podía ser de otro modo, y continuando con la buena dinámica, el Rey de la Tierra se consagraba en la arena parisina por décima vez en su vida, estableciendo una nueva marca, lógicamente, sin precedentes. Con todo y con ello, el manacorí daba por finalizada una fase memorable de su carrera, resurgiendo de sus cenizas y asentando las bases de un nuevo futuro.

US Open y gira asiática como fin de fiesta

Tras su discreta actuación en Wimbledon, cayendo en tercera ronda a manos del veterano Gilles Müller en un partido para la posteridad, Rafael Nadal llegaba a la gira norteamericana, conocida como US Open Series, con la ambición de llevarse algún que otro Masters 1000 y una buena participación en el último Grand Slam de la temporada, el US Open. Por desgracia para él, una férrea oposición de la conocida como Next Gen de la ATP, que esta semana disputa su particular edición de las Finales, apartaría al español de sus objetivos, siendo eliminado por Denis Shapovalov en Montreal, y por Nick Kyrgios en Cincinnati, dejando a Rafael con un sabor agridulce.

Una vez superados estos puntuales baches, se presentaba una peculiar entrega del US Open. Con Djokovic, Wawrinka o Murray fuera ya de las pistas, era el turno para que jugadores de un perfil medio tuviesen su gran oportunidad, en vistas del posible cruce entre los dos Maestros: Federer y Nadal, en semifinales. Tras una parte alta del cuadro salvaje, y protagonizada por, además de los ya citados, Del Potro, Dimitrov, Berdych o Goffin, sería el español quien sobreviviese, plantándose en una nueva final, que ganaría ante el sudafricano Kevin Anderson, que se valió de una franja inferior más suave, y con un reparto más equitativo de las oportunidades. Con el 16º major debajo del brazo, Rafael Nadal volvería, tres años después, a lo más alto de la tabla clasificatoria, destruyendo el binomio Murray-Djokovic que venía copando todas las portadas.

Un mes de descanso pudo permitirse Rafael antes de volver a la competición, esta vez en la gira asiática. Fue llegar y besar el santo; Rafa, desplegando un tenis directo y altamente eficaz, conquistó el sexto título de su temporada en Pekín, llegando al penúltimo Masters 1000, Shanghai, con una elevada dosis de moral. No obstante, un escollo casi siempre presente durante todo el año 2017, Roger Federer, volvió a interponerse en su camino, venciéndolo en la final y alejándolo de una nueva conquista.

Roger Federer, enemigo íntimo

A pesar de este espléndido año, Rafa Nadal todavía tiene muchas cuentas que saldar en esta última semana de competición. Además de luchar por hacerse con uno de los pocos botines que le faltan, el número uno del mundo lucha contra su propio orgullo. Rafa, conocido como la némesis del gran Roger Federer, todavía no ha conseguido vencer al suizo en estos once meses, cediendo ante el suizo en las finales del Open de Australia, y los Masters 1000 de Miami y Shanghai, además de en los octavos de final del Masters de Indian Wells. Dominando todavía, ampliamente, el Head To Head, Nadal buscará quitarse esa doble espina clavada: tanto ganar por primera vez la Copa de Maestros, como imponerse al Maestro suizo.

Pero para verse las caras con su enemigo íntimo, Rafael Nadal tendrá que superar, previo a ello, a sus tres rivales en la fase de grupos. Dominic Thiem, Grigor Dimitrov y David Goffin son tres rivales de peso, que no le concederán lo más mínimo al español. El contexto en el que llega el español a tierras británicas tampoco es el ideal; tras bajarse del Masters de París por un problema en la rodilla, no fue hasta este pasado miércoles cuando Nadal confirmó su presencia en estas sus octavas Finales de la ATP.El asalto a Londres comienza este lunes, y quién sabe lo que esta intensa y preciosa semana de tenis nos podrá deparar.

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