Rafael Nadal no
tiene límites: en Montecarlo superó dos nuevos records
Nadal levantando el trofeo de Monte-Carlo en una edición pasada. Foto: Zimbio.

Una semana perfecta del rey de la arcilla sobre la pista de Monte-Carlo. Rafael Nadal, que arribó al certamen del Principado luego de recuperarse de una lesión, jugó un torneo maravilloso y eliminó a todos sus contrincantes con extremada simpleza y con una facilidad que ni siquiera llamó la atención por tratarse del mejor tenista de la historia sobre polvo de ladrillo. El cuadro no era sencillo, a priori, pero Nadal se realzó y demostró por qué es el actual número uno del mundo: venció a Bedene, Khachanov, Thiem, Dimitrov y Nishikori, y consiguió (sin perder sets) su undécimo trofeo en Monte-Carlo.

Cuando de leyendas se trata y al igual que el de Roger Federer, el nombre de Rafael Nadal Parera se presenta casi de manera inmediata. La grandeza de estos dos emblemáticos del tenis se agiganta día tras día, torneo tras torneo. Mientras que hace poco más de un mes, en Indian Wells, el suizo consiguió batir su propia meta al alcanzar el mejor inicio de temporada con 17 victorias consecutivas, el domingo pasado Nadal hizo lo propio y se consagró como el tenista con más títulos ganados en un mismo certamen. Ganó su undécimo trofeo en el Principado y superó la marca que él mismo había instaurado en el ATP 500 de Barcelona y en Roland Garros, torneos que conquistó en diez oportunidades.

El dueño de 16 títulos de Grand Slams y de un total de 76 trofeos como profesional, logró también en Monte-Carlo, convertirse como el máximo ganador en la historia en la categoría 1000, al superar el récord que compartía hasta entonces con el serbio Novak Djokovic (30). La garra y la fortaleza mental es quizás la característica más envidiable que tiene Rafael Nadal entre las tantas virtudes que dispone.  Sin embargo, la capacidad y la predisposición para seguir alimentando y progresando su tenis a pesar de haberlo ganado todo reflejan las cualidades de un verdadero campeón.

En los últimos años, tanto el servicio como  el revés del pupilo de Carlos Moyá han mejorado a ritmos aligerados y ambos golpes se trasformaron de repente en armas letales que, sumados a un estupendo drive y una movilidad constante de piernas, anula casi todas las esperanzas y posibilidades de derrotarlo. Esto quedó, una vez más,  reflejado durante toda la semana de Monte-Carlo, un certamen que le calza como anillo al dedo y que ha ganado tantas veces que ya en 2018 se convirtió en algo rutinario.

Su historia en el Principado se remonta al año 2005. Cuando apenas era un niño y lucía con su tan característica remera musculosa, Rafa comenzó a brillar en el circuito ATP y se coronó  por -primera vez- campeón en el certamen de Mónaco. Desde entonces, encadenó ocho títulos consecutivos (2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011 y 2012)  para demostrar algo de lo tanto que sería capaz de conseguir  en una cancha de tenis. Cuatro años más tarde, el de Manacor volvió a consagrarse en Monte-Carlo y, otra vez,  inhaló tres torneos seguidos para establecerse como el máximo campeón sobre un mismo suelo.

Es tal la magnitud del balear y los logros que alcanzó a lo largo de su extenso y exitoso recorrido en el deporte que ya no le basta con superar muchos de los récords ajenos. Por sobre todas las cosas, su vigencia en la superficie de polvo de ladrillo es tan abrumadora y dispar que a partir de ahora deberá conformare con arrebatarse los récords a él mismo.

El año pasado Nadal se consagraba campeón en los certámenes de Monte-Carlo, Barcelona y Roland Garros, alcanzando en todos ellos su décimo título. Un año más tarde, el español se muestra tan dispuesto a ganar todo lo que se proponga que nada ni nadie parece posible de detener su marcha triunfal. Barcelona, que está a punto de comenzar, y Roland Garros (su tierra predilecta) tendrán un claro destinatario. Y sin dudas será un tal Rafael Nadal.

 

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