Penales: Matias Fernández (convirtió), Lionel Messi (convirtió); Arturo Vidal (convirtió), Gonzalo Higuian (falló); Charles Aranguiz (convirtió), Éver Banega (falló); Alexis Sánchez (convirtió)
¡Chile campeón de América!
Los jugadores de Chile festejan el titulo. Foto: Copa America

¡Chile campeón de América!

En Santiago, Chile venció por penales a Argentina tras haber empatado 0-0 en tiempo reglamentario y alargue en la final y se coronó campeón por primera vez en su historia de la Copa América.

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Alan Mineo

A la instancia decisiva llegaban los dos equipos más ofensivos de la competición. El local, que buscaba por primera vez el título, había derrotado a Perú por 2-0, mientras que Argentina había vapuleado 6-1 a Paraguay. Dos formas de jugar al fútbol distintas se iban a encontrar, con el único objetivo de llegar a lo más alto del continente.

El equipo de Jorge Sampaoli fue quien tuvo la iniciativa del partido. ¿Los argumentos? La tenencia del balón por parte de sus volantes, la presión constante, la rapidez mental de algunos de sus jugadores (en especial la de Jorge Valdivia) arrastraron a su rival de turno hacia su propio arco en los primeros 20 minutos. Luego, los dirigidos por elTata” Martino reaccionaron a los embates locales y recuperaron la posesión del balón: Sergio Agüero, marcado correctamente pero siempre al acecho, tuvo la única chance de peligro e inquietó a Bravo; Lionel Messi, quien arrancó desde muy atrás, no pudo desplegar su juego, por ende, el equipo careció de creatividad; y a esto tenemos que sumarle la lesión de Ángel Di Maria, que dejó el campo de juego sin velocidad, asociación y habilidad.

Primer período muy parejo, con dos situaciones de peligro por bando, en el que carecieron de decisión y determinación, pero que la velocidad, en algunos tramos del mismo, fueron fundamentales e inquietantes (Eduardo Vargas atormentó a Marcos Rojo y Nicolás Otamendi, éste último de gran partido junto con Martin Demichelis; Ezequiel Lavezzi, reemplazante de Di María, desperdició un gol en el área chica).

Las claves para el segundo tiempo, sin dudas, eran ofrecer más poderío ofensivo, más inteligencia para crear jugadas, la distribución correcta de la pelota y la aparición de sus jugadores distintivos. Chile comenzó mejor, presionando en todos los sectores del campo y atacando de forma ordenada, pero no logró mantener esa estrategia. La “Albiceleste” se reacomodó, atacó con Javier Pastore, Messi y Lavezzi, arrinconó a los chilenos sobre su área no obstante, con el correr de los minutos, varios factores no funcionaron: Agüero pasó desapercibido, el juego colectivo comenzó a decaer, falló el manejo del balón y Gerardo Martino realizó algunas variantes en vano.

El ingreso de Gonzalo Higuain no sumó nada al ataque, Medel y Silva no lo dejaron avanzar, el nivel de Messi descendió… El cambio fue erróneo, ya que Argentina necesitaba a un jugador hábil, decisivo, creativo. (¿Banega, Tevez?). Los locales siguieron con su estilo de juego, avanzando con el protagonismo de Valdivia o Matias Fernandez, con la profundidad de los laterales Isla y Beausejour, y estando atentos a errores contrarios. Cuando parecía que el marcador no se modificaba y los equipos iban al tiempo extra, una genialidad de Messi desde mitad de cancha hacia adelante habilitó a Lavezzi, quien, en el área, cruzó su remate buscando a Higuian, pero el delantero, sin ángulo, no logró definir.

En los próximos minutos, los equipos no tuvieron un gran juego, ideas ni chances de peligro. La forma física de los jugadores fue el gran protagonista, ya que, por el lado de Argentina, Javier Mascherano y Lavezzi se habían acalambrado, a tal punto que Messi se situó como único delantero e Higuian ayudó en la mitad de la cancha.

Tras ello, los penales definieron el partido. Cara o cruz. Los chilenos convirtieron los 4 que patearon y la selección de Martino no pudo celebrar el título, debido a que Higuain y Banega desperdiciaron sus chances. Chile concretó un viejo anhelo: salir campeón de la Copa América por primera vez en su historia. Hoy lo logró, la localía le jugó a favor, y la suerte, también. Mientras que la Argentina perdió su segunda final consecutiva (antes, la del Mundial 2014), no pudo alcanzar a Uruguay como máximo ganador del torneo y Lionel Messi fue la gran deuda del equipo.

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