Cartas sin remitente Parte 1

Cartas sin remitente Parte 1

En el box a veces lo más difícil no son los golpes. Primera parte del segundo cuento en homenaje a Gabriel García Márquez (Imagen montaje sobre alphacoders)

fabioBarrera
Fabio Barrera

Como todos los jueves, la Coronela bajó al pueblo a buscar una carta con ya más de 15 años de retraso, y como todos los jueves no había nada para ella, <>. El viejo Sabás movió la cabeza comprensivamente como aquella vez que le calzó los guantes por primera vez a esa muchachilla bríosa, todavía con la luz de los sueños quemándole los ojos, muy lejos de esa vieja de mirar mortecino y sueños rotos que le arrugaban la piel.

La Ciénaga grande es un lugar tan extenso como su nombre lo indicaba, pero quizá con 20 casuchas de madera y un amplio regimiento bragado de jornaleros que día a día se encargaban de exprimirle y darle nueva vida a las siembras de la región, mientras en casa o en los caminos las mujeres se encargaban de comerciar con lo que sus maridos e hijos llevaban a casa. Y así era cuando Sabás llegó al pueblo, con apenas 20 años cumplidos ya había vivido una guerra y le había tocado ver la muerte de su propio coronel que en su lecho de muerte le hizo jurar que terminado el combate se iría para la Ciénaga  y se casaría con su hija para que no le faltara nada; cuando por fin los de uno y otro lado decidieron acabar con las muertes tomó los 200 pesos que le dio el ejército por servir a su patria y se encaminó a buscar a su prometida.

"No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible." El Coronel.

Pero la futura esposa no era más que una criatura que se le escurrían los mocos en la cara chamagosa de una niña de cinco años, cuyo único trabajo era jugar con toda la ristra y untarle a su mamá el remedio para la frialdad de los pies, así que Sabás desde el primer momento supo que su promesa no iba a aguantar a que aquella muchachilla agarrara cuerpo de mujer, pero un hombre cumple sus promesas pasé lo que pase, no abandonó la casa del general, en su lugar se hizo padrino de la niña y se encargó de quitarle la frialdad de los pies a la viuda hasta el día en que una de las mulas del correo le pintó una coz en la frente y la mandó a dormirse con su amado esposo.

Con el tiempo la niña fue mostrando un carácter fuerte y decidido, aguerrido y reacio como el que Sabás conoció en su difunto general, por eso el padrino decidió darle a su ahijada dos cosas que marcarían para siempre su vida, la primera, herencia de su padre muerto, fue el apodo de la 'Coronelita' con que se conocería a lo largo y a lo ancho de la Ciénaga, el segundo legado de su padre vivo, sería el amor por los golpes y las técnicas pugilísticas que la llevarían a conocer todo el país, pero que también marcarían su desgraciada vida.

La Coronelita conoció el Box cuando un grupo de hombres montaron unas tablas y unos lazos en la plaza del pueblo para agarrarse a trompadas después de la misa de ocho, al principio la gente se mostró uraña y desconfiada ante el espectáculo salvaje y sanguinario de los forasteros, pero los hombres que habían sido soldados en la lucha de la "Playa Madera" ya sabían hablarse a trompadas y sobre todo, habían aprendido a disfrutar el show, los restantes, indoctos en el arte del golpeo, se fueron arrimando cuando en una gran estrategia de mercado el 'Griego' García, amo y señor de los guantes de la Ciénaga, comenzó a organizar peleas entre vecinos que se traían pique dando un cuarto de los ganado en la noche al vencedor, además claro de la satisfacción de agarrarse a trompadas con otro ingrato sin la amenaza de tener que dar la cara a la justicia.

A la Coronelita le tocó medirse los guantes por primera vez cuando cumplió 15, ya para ese entonces había despertado un cuerpo de mujer envidiable que no hacía juego con su actitud de muchachito travieso, por eso despertó el odio de Carmela la 'Gorda', quien envidiosa por las curvas que despertaban los ojos de los hombres  le aventó a la Coronelita una cubeta de orines con el pretexto de que se había robado los duraznos de un árbol que rozaba la propiedad de la Gorda, a sabiendas claro de que con un cuerpo colosal su peso le daría ventaja de llevarse el pleito entre las sogas.

Al domingo siguiente entró casi en pelea estelar de la noche la 'Elefanta' Carmela contra la 'Coronela', las apuestas que para ese entonces ya le daban sabor al caldo jugaban 5 a 1 encontra del cuerpo delgado y estético de la ahijada de Sabás que entró al ring con los mismos viejos guantes con que en secreto la enseñó a boxear su padrino y un vestido de algodón que le volaba con cada cruzado, su rival en cambio, como en procesión de paquidermos entró escudada por sus igual de hinchados hermanos, peleadores asiduos en el ring del domingo y hasta el momento invictos, razón más para apostar por su hermanita que además se veía que deseaba continuar con el camino familiar pues su bata gris de boxeadora y los finos guantes de profesionales eso parecían indicar.

Pero poco o nada duró la leyenda de la 'Elefanta' Carmela, si acaso el mero protocolo, mal organizado y bárbaro, capricho del máximo jerarca del box de la Ciénaga, porque entre las cuerdas, a sólo unos instantes de haber comenzado la pelea, se alzó rampante una guadaña de izquierda que se clavó en donde los colmillos se hacen uno con la trompa en los paquidermos, el sonido de la atronadora masa descompuesta mientras se difundía con el suelo fue el único sonido que se escuchó antes de los gritos de euforia de los muchos que perdían la comida de la semana por ir encontra de la Coronela y de los muy pocos que celebrarían con botella de Ron el triunfo,,,

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