Los mejores arietes aztecas en la historia de los Mundiales
(Foto: Edición VAVEL)

México y los Mundiales guardan una relación muy emotiva. Durante el máximo evento de la FIFA, México se paraliza al son del Cielito Lindo en busca de hacer historia. No importa que la novela se repita cada cuatro años, los mexicanos siempre estaremos esperanzados con ver a nuestra Selección en la cima del mundo, levantando la copa. Cierto es que pase lo que pase seguiremos siendo igual pobres o igual de ricos, que los problemas que aquejan al país no se resolverán sobre el cuadro verde –ojalá así fuera- y que la vida sigue de igual manera tras un partido.

Pero el sentimiento de pertenencia hacia el escudo de la verde une a los mexicanos, pues al fin y al cabo, como dice Jorge Valdano: “El Fútbol es lo más importante de lo menos importante”. Y dentro de esa importancia, el gol es amo y señor.

Y es que este noble deporte trasporta a la gente a un plano emocional; donde no importa otra cosa más que la de gajos; donde una gambeta se equipara al cuadro más bello de cualquier museo; donde un gol convierte a un hombre cualquiera en un guerrero legendario cuyo recuerdo vivirá en la memoria de muchos durante la eternidad.

Es por eso que en esta ocasión, VAVEL México te presenta a aquellos héroes cuya garra y puntería hicieron soñar a más de uno y alimentaron el deseo de triunfo en el ceño nacional: Los goleadores destacados del Tri en Copas del Mundo. Algunos metieron uno, otros más de dos, pero todos guardan un significado especial en nuestra historia, en nuestros corazones.

El Trompo y nuestro primer gol

Corría el año de 1930 y Uruguay celebraba el centenario del Juramento de su Constitución organizando la primera Copa del Mundo de la FIFA. 12 países –además del anfitrión- fueron invitados al magno evento, entre ellos México. Los países fueron acomodados en cuatro grupos, donde México compartiría cajón con Argentina, Chile y Francia, siendo los europeos el primer rival de los aztecas.

Entre los convocados de la Selección Mexicana destacaba Juan Carreño, pícaro delantero de apenas 1.65m que jugaba con el Atlante. Carreño sobresalía por su habilidad para dominar el balón y su notable carácter que lo hacía un jugador extravagante. También asistió a los Juegos Olímpicos de Ámsterdam en 1928, donde consiguió el primer tanto mexicano en dicha competencia. Quién diría que el destino le volvería a regalar la dicha de inaugurar los cartones mexicanos en una competencia importante.

El Estadio Pocitos de Montevideo fue testigo del primer partido de la Copa del Mundo, donde al minuto 70 México perdía con un contundente 3-0. Pero el ánimo no decaía y Dionisio Mejía metió un buen pase para Carreño, quien no falló y venció la meta del arquero Augustin Chantrel, para así descontar y gritar el primer gol mexicano en Copas del Mundo. A la postre la Selección Azteca perdería 4-1, pero el apodado ‘Trompo’ volvería a casa con un pedacito de historia.

Al fin y al cabo estaba El Cabo

Ingeniero químico de profesión. Supo ser parte de la fórmula perfecta que convirtió a Chivas en el campeonísimo. Hablamos de Javier Cabo Valdivia, mundialista mexicano en México 70. Su corta estatura, apenas 1.63 metros, no le impedían jugar como delantero, al contrario, fue uno de los jugadores más populares en la década de los 60’s. Durante la temporada 1969-1970 jugó 29 partidos con el chiverío, formando un temible ataque junto a Francisco Jara. Al finalizar la campaña Guadalajara conquistó el título de liga, lo que indiscutiblemente llevó a Valdivia al combinado nacional.

México inició su primera Copa del Mundo en casa con un empate a ceros ante la ahora extinta URSS. Pero el desquite llegaría en el segundo partido ante un viejo conocido: El Salvador. Los aztecas no tuvieron piedad y vapulearon a los centroamericanos con un contundente 4-0, siendo Valdivia el que inaugurara la cuenta mexica en el triunfo más abultado de México en Mundiales.

La primera parte estaba por culminar y México apretaba en busca del gol, cuando en un buen desborde por banda izquierda, el balón llegó a los pies del Cabo, quien controló y ante la salida del portero no dudó en cruzar el balón. El Azteca explotaba y el silbato sonaba. Pero al iniciar la segunda parte, otra joyita de Cabo nos esperaba. Solo un minuto había pasado cuando tomó el balón en los linderos del área, se internó en ella y de nueva cuenta fusiló al arquero con trallazo cruzado que desbordaba de alegría al país. Valdivia no solo era campeonísimo, ahora también era héroe nacional.

Qué bonito, Manuelito

De nombre Manuel Negrete, originario del estado de Guerrero. Manuel debutó con los Pumas en el 79’, equipo donde la historia le depararía una gran historia. Actuaba de centrocampista, posición que no le impedía sumarse al ataque y conseguir anotaciones. Esta habilidad lo llevó a convertirse en el máximo goleador mexicano dentro de la UNAM.

Pero una de las citas más importantes lo aguardaba un domingo 15 de junio de 1986, en dónde más… en el Estadio Azteca, el lugar donde los niños se convierten en hombres. México había avanzado de ronda por segunda vez en la historia, de nuevo en casa. En los cuartos de final chocaría contra Bulgaria, rival inédito para El Tri. 34 minutos habían pasado cuando una de las postales más memorables de nuestro fútbol sucedió. Manuel Negrete pasó el balón a Javier Aguirre, quien de buena forma lo elevó para un Manuelito que no pensó dos veces en lanzarse una soberbia tijera que vencería el marco del búlgaro Mikhailov.

Su grito de gol no pudo ser más emotivo: los puños cerrados, el aire saliendo fieramente de sus pulmones, la presión y la alegría siendo liberadas por una misma vía y todo el Coloso de Santa Úrsula aclamando a su nuevo ídolo. Todos reconocieron el arte y la belleza de aquella anotación, incluso la FIFA, quien lo considera el quinto mejor gol en la historia de las Copas del Mundo, pero para nosotros, es el más bonito.

La receta del doctor

Otro orgullo de la cantera universitaria es Luis García Postigo. Menudito, pero muy habilidoso y certero a la hora de definir. Sus característicos disparos de media vuelta y primera intención lo convirtieron en un delantero temible en el fútbol mexicano, al grado de ser campeón de goleo dos torneos seguidos para después emigrar al Atlético de Madrid, playera con la cual anotaría 19 tantos en su temporada debut, máxima cifra para un mexicano debutante en Europa, hasta ese momento.

Su convocatoria al Mundial de Estados Unidos 94 era más que justificada, El Niño de Oro acaparaba la atención de los medios. Y vaya que sería importante, sobre todo tras la derrota el primer partido a pies de los noruegos, quienes se impusieron 1-0. Tocaba el turno de jugar ante los siempre bravíos irlandeses, era el momento de García, quien no se achicaba ante los europeos y con un doblete le daría vida a México. El primero de los tantos llegó al 42’, cuando Luisito recibió de frente al área y no dudo en cruzar el balón para doblegar al arquero irlandés; el equipo se emocionaba y él gritaba como loco; y al 65’ repitió la dosis, de nueva cuenta un disparo bajo desde los linderos del área ampliaba la ventaja para los mexicanos.

Dos goles que permitieron avanzar de ronda, dos goles que encumbraron al Doctor como un histórico delantero.

Cabecita de oro

Hace 16 años, Ricardo Peláez Linares estaba por jugar su primera y única Copa del Mundo como jugador, en Francia 98. Hoy, se encuentra a unos días de participar como director deportivo de México en Brasil 2014. Su apodo lo dice todo, un goleador de época del fútbol mexicano, letal a la hora de rematar con la cabeza. Es el máximo goleador histórico de los Rayos del Necaxa con 138 tantos y en la tierra de la Torre Eiffel, anotó dos goles fundamentales para que México avanzara de ronda en un grupo complicado.

Su primer tanto llegó ante Corea del Sur, rival que al minuto 51’ derrotaba a México; pero llegó un tiro de esquina preciso para Peláez, quien a pesar de no rebanar el balón con la cabeza, no perdonó el reboté y rompió las redes para empatar un encuentro que la postre se ganaría. El segundo, ante Holanda, serviría para revivir a México en la búsqueda del ansiado pase a octavos y llegaría con la especialidad de la casa, la cabeza, esto cuando de nueva cuenta, en un tiro de esquina, Germán Villa metiera una joya de centro para el nueve tricolor, quien con un fuerte testarazo venció el marco holandés dándole vida a México.

Peláez se retiraría del fútbol en el año 2000, dejando como legado 16 goles con la casaca nacional; ahora echará la cabecita a andar para lograr que México llegue al ansiado quinto partido, que como jugador se le negó, pero como directivo espera alcanzar, y por qué no, superar.

El Zorro del Desierto y un cabezazo legendario

Hablar de Jared Borgetti es hablar del máximo anotador en la historia de la Selección Mexicana. 46 goles avalan la calidad y la certeza del también máximo anotador de Santos Laguna. Jared supo ganarse los reflectores en un equipo “pequeño”, formando una dupla temible con Rodrigo Pony Ruíz y llamando la atención del combinado nacional. Javier Aguirre depositó en él la confianza para guiar a México durante la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002.

En el segundo duelo, frente a Ecuador, Borgetti anotó su primer tanto en la competición cruzando de primera un centro que llegó por la banda derecha; ese tanto empataba el encuentro que al final México ganaría. Pero el mejor de sus goles estaba por llegar.

La cita fue en Oita, Japón. Otro centro preciso se elevaba para Borgetti, quien al ir en diagonal contraria al marco, brincó y giró su cabeza 360 grados en el aire para superar a Paolo Maldini y dejar inmóvil a Gianluigi Buffon. Un precioso gol nos regalaba Jared, una joya con la que sumó dos goles en la máxima justa del fútbol. Un tanto que sin duda, los que amamos este deporte, no olvidaremos y sí trasmitiremos a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

El duque de Catalunya

Rafael Márquez, uno de los mejores futbolistas de nuestra historia. Férreo y elegante, con una pierna derecha y un timing privilegiado, la mejor opción para salir jugando, y en su mejor época, uno de los mejores centrales del mundo. Surgido de la inagotable cantera del Atlas, Márquez se ganó muy joven un puesto en el fútbol nacional y emigró a Europa para jugar con el Mónaco.

Apenas a sus 23 años jugaba su primera Copa del Mundo en Corea-Japón, y por si fuera poco, lo hacía como capitán de la Selección, siendo el más joven en lograrlo. México sería eliminado en octavos a manos de Estados Unidos con Márquez como villano, esto tras ser expulsado. Pero cuatro años después, en Alemania, tendría su revancha. El Tri se enfrentaba a Argentina por los octavos de final queriendo romper el hechizo y avanzar más allá; Rafita tendría su premio cuando en los primeros minutos llegó completamente solo a rematar barriéndose un centro que fue peinado en el área. Márquez gritaba con todo el corazón y se llevaba el dedo a la boca, pues ese gol tenía una dedicatoria muy espacial. Pero tristemente el sueño no se concretaría y El Duque esperaría otros cuatro años para buscar otro gol. Y dicho y hecho; en Sudáfrica 2010, cuando las papas se consumían en el fuego, Andrés Guardado metió un centro venenoso y Márquez estaba en el momento y lugar preciso para controlar el balón y cruzar al guardameta Khune, convirtiendo un gol que empataba los cartones ante los locales.

Como capitán y guía en la cancha, y con el aliciente de ser bicampeón del fútbol mexicano, en unos días Márquez tendrá la posibilidad de buscar otro tanto para convertirse de manera definitiva en el defensa mexicano más goleador en los Mundiales.

Dinastía familiar

Hay familias que parecen ser bendecidas con algún talento, y esta es una de ellas. En 1954, Tomás Balcazar, delantero de las Chivas, fue seleccionado para acudir al Mundial de Suiza 1954. En dicho certamen, México habría de enfrentarse a Francia; los europeos terminarían por doblegarnos con un 2-3, pero Balcazar volvería a la patria con la satisfacción de haber anotado un gol a galos.

56 años después, la herencia surgiría en Polokwane, Sudáfrica. Javier Chicharito Hernández, nieto de don Tomás Balcazar, ingresaba de cambio en el segundo tiempo de un México - Francia empatado a ceros; llegó al certamen como la gran promesa tras ser líder de goleo en la Liga con Guadalajara y haber firmado un contrato con el Manchester United. Al 64’, Márquez mandó un pase filtrado para el joven atacante, quien al filo del fuera de lugar, controló y se enfiló con rumbo al marco de Hugo Lloris, a quien esquivó como crack para anotar el primer gol mexicano. Hernández gritaba y celebraba con la banca, la historia se hacía presente. Por si fuera poco, a diferencia de su abuelo, él sí pudo festejar como victoria su tanto.

Pero Javier quería escribir su propia historia y no se rendiría. Con Argentina liquidando a México 0-3, Chicha no se decaía, él corría, sudaba, tenía orgullo. Su esfuerzo rindió fruto al 72’, al controlar de espaldas un balón, dar una bravía vuelta y definir con potente disparo a la horquilla. Un gol que acortaba distancias pero no sería suficiente para evitar la caída mexicana. Ahora, con cuatro años de experiencia en Inglaterra, Hernández quiere seguir labrando su nombre con letras de oro y buscar convertirse en uno de los mejores tres goleadores de México en estos torneos, y quizá, el mejor…

De Tepito para el mundo: El d10s Azteca

Cuauhtémoc Blanco. Su nombre es sinónimo de magia y talento. Hablar de él es imaginarse de inmediato la casaca con el número diez. A las águilas se les infla el pecho de solo escuchar su nombre, y es que es el equipo que lo llevo a la fama y en donde se convirtió en el odiado más amado de México. Sin embargo, acudió a su primer Mundial como jugador de Necaxa, hablamos de Francia 1998. En dicho Mundial, anotaría un gol de antología, otro clásico de nuestro fútbol, cuando ante un centro pasado, se lanzó con las dos piernas al frente y batió al belga De Wilde para empatar un encuentro que se perdía 2-0 y así encumbrar a México a la siguiente fase, donde caeríamos ante Alemania.

Cuatro años después, ayudó a que México quedara como líder de su sector anotando un penal ante Croacia, dicho penal significaba el triunfo ante los europeos y los primeros tres puntos del certamen. Pero Cuauh hizo mucho más que eso; él volvió de una terrible lesión provocada por un carnicero para calificarnos al Mundial tras un oscuro y turbio Hexagonal, donde él y Javier Aguirre sacaron el barco a flote.

Injustamente fue ignorado por Lavolpe para asistir a Alemania 2006, quien prefirió llevar a su yerno. Incluso, en 2008 se le realizó un juego de despedida en Chiapas ante Canadá. Pero un emperador no se podía ir así y un año después sería requerido de nueva cuenta por Aguirre para salvar al barco que de nuevo se hundía. Blanco contagió su coraje a un equipo muerto y de nueva cuenta llevó el Tri a buen puerto; por supuesto, él lo acompañó en todo momento y lo hizo relucir en Polokwane. Tras el primer gol de Hernández ante Francia, Pablo Barrera se enfiló al área y fue derribado por Abidal. Para cobrar una pena máxima, ¿quién mejor que Blanco? Acomodó el balón y tomó la impresionante carrera que lo caracteriza, tal era su seguridad que se dio tiempo para discutir con Valbuena mientras observaba el arco. 3, 2, 1… gol de México, raso y a la esquinita, como se debe de cobrar un penal. Cuauhtémoc sellaba la victoria azteca y se convertía en el primer mexicano en anotar gol en tres mundiales distintos. Se acaba de despedir de nueva cuenta, pero nunca saldrá de la mente de los mexicanos.

Matador, Matador, ¿dónde estás Matador?

Luis Hernández, el máximo anotador de México en la Copa del Mundo. Pocos con su entrega y garra. Nunca fue el mejor en técnica, pero siempre fue el mejor en corazón. Desde el primer momento en que se puso la verde, sabía que su misión era consagrarse como un gran referente nacional. Su primera gran prueba la dio en la Copa América del 97, torneo donde se proclamó campeón de goleo con seis tantos, una cifra importante para un torneo corto. Por ende, Manuel Lapuente no dudó en llevarlo a la justa mundialista de Francia 98.

La respuesta del Matador en la copa fue monumental. Primero vacunó en dos oportunidades a Corea; en una ocasión empujando un balón a las redes y en otra dando una bravía media vuelta que dejaba sin oportunidad al arquero, victoria tres a uno. Dos partidos después, ante Holanda, México esperaba ansioso el resultado de Bélgica para asegurar su pase a octavos ya que caía 2-1 ante los Tulipanes, pero no fue necesario depender de nadie; en el último minuto del agregado, un “ave maría” fue lanzado desde la defensa hacia el área, Luis peleó ese balón palmo a palmo ante el central holandés, al cual desplazó para luego definir ante la salida del arquero y darle el pase a México. Todo el país se unía al grito de gol.

Ya en los octavos, tocaba enfrentar a la todapoderosa Alemania, con todo que ganar y nada que perder. Sorpresivamente, Matador ponía al frente a los nuestros con una jugada individual en el área, donde tras eludir a la defensa germana, disparó para anotar el primer gol de México, la esperanza de un triunfo se sentía en el aire. Pero tristemente, Klinsman y Bierhoff se encargaron de destrozar el sueño. México caía derrotado pero con la cara en alto. Luis Hernández había inscrito su nombre dentro de los libros históricos de nuestro fútbol. Ahora es recordado como el gran Matador, aquel hombre cuya gallardía ayudó a México a soñar más allá, a pensar que sí se puede.

Y es así como finaliza este especial de los goleadores más destacados de México en los mundiales, con la esperanza de pronto poder agregar otros nombres a esta lista descomunal de talentos. Ahora solo queda apoyar a México y gritar cada gol como si fuera el último, porque así se vive una Copa del Mundo, con pasión, con orgullo, con vigor y para eso… como México no hay dos.

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