Pasa en la vida, pasa en el fútbol

Llevamos más de un siglo viviendo a expensas de un balón y 22 hombres tratando de golpearlo contra una red. Desde aquel día en que algunos ingleses rodeados de cerveza en un pub, decidieron reglamentar el llamado football, algo cambió. Sin saberlo, crearon una reproducción de la sociedad misma, la cual se plasma en un rectángulo verde durante 90 minutos, y a veces un poco más.

Venerado por grandes como Galeano, que pueden ver en este noble deporte un reflejo de la sociedad, sus valores, tradiciones y cultura. También desdeñado por muchos que lo tachan de comercial e idiota, al igual que a sus fervientes seguidores, exponiendo con citas copy paste de Borges -no menos grande que el uruguayo anteriormente citado- su clara tendencia al posmodernismo chairo, que tiende a criticar cualquier cosa que envuelva masas basándose en el gozo -exceptuando el cartón de la pizza que devoran frente a la pantalla de algún dispositivo-, aunque claro, no hay que generalizar.

Pero siendo honesto, muchas veces es preferible ser tachado de idiota, antes que cerrar los ojos a lo que puede ser una profunda reflexión, un bálsamo ante lo confusa que suele ser nuestra existencia. Sí, a usted que lee esto, le conviene ser ese idiota que inconscientemente se ve reflejado en alguno de esos personajes que corren sobre el pasto. Usted, yo. El idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez -con permiso de Cortázar, disculpe, donde quiera que esté, por tomar su genialidad para adornar un texto mortal-.

Hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez. "Es sólo un juego. Tú no ganas nada", rezan aquellos que quieren curarlo de su adicción al opio del pueblo. Sin embargo, ignoran que los humanos nos enfermamos cuando nos da la gana, y el mismo proceso se repite para encontrar la cura, o por lo menos hasta que nuestro cuerpo ya es lo bastante viejo o golpeado como para continuar el ciclo. Les hace falta ver más fútbol, así comprenderían que los fantasmas se alojan en la mente de quienes gustosos les bridan techo y comida, hasta que algún día, se deciden a desalojarlos. Y en nuestro caso, es un opio bien recibido.

Sin embargo, en las siguientes líneas intento exponer mi punto sobre los fantasmas.

La vida no es fácil, pero uno intenta caminar con normalidad, continuar avanzando. Y de repente, algo cambia. En un segundo su vida parece ir en caída libre. Sabe lo que le pasa, pero no se explica bien cómo pasó -o en realidad sí, pero a su vez no sabe cómo demonios no actuó de distinta forma-. La frustración y el temor se apoderan de usted. No hay más solución que sucumbir ante la impotencia. Ve como otros brillan mientras usted, por mano propia, se quedó a oscuras. El fantasma comienza a desempacar.

Y el tren no se detiene por nadie. Pero si algo hermoso tiene nuestro universo, es su magnífica capacidad para darnos revancha. Cualquier error que lo agobie seguramente traerá consigo una segunda oportunidad donde podrá revertirlo. El problema radica en que el fastasma sigue presente. Cuando eso pasa, ni estas palabras, ni las de su madre, ni una lastimosa sesión de lastimosos textos de Paulo Coelho van a poder convencerlo de que es libre; quizá eso le hagan creer, pero por dentro, sabe que el fantasma es parte de usted. Y parece no aprender. Parece que el destino lo unió con esa piedra con la que siempre tropieza -usted elige que nombre asignarle-.

A veces se tropieza porque la piedra es muy pesada, y por más que se esfuerce no puede moverla. Inevitablemente algo lo arrastra a la tragedia.

Algunas más, parecerá que algo metafísico lo arrastra a impactar su pie contra la piedra.

Hasta que por un segundo se da cuenta de lo jodido que es no cambiar de piedra. Deja seguir el camino de los demás, y empieza a trazar el suyo. Se da cuenta que errar es de humanos y herrar de ganaderos. Y pone a la venta el departamento donde vive el fantasma, lo desaloja, y se da cuenta que la historia tiende a repetirse hasta que alguien se decide a reescribirla. En ese momento, todo lo que vivió, todo lo que le dolió, se proyecta como aprendizaje y le da los blanquillos necesarios para comenzar de nuevo. Nota que la solución la ha creado usted mismo.

Y seguramente volverá a caer, y otro fantasma volverá a llegar. Pero vamos, siempre hay forma de sacarlos, y usted lo sabe.

Pasa en el fútbol, pasa en la vida. Dichosos aquellos que ven magia donde otros ven lodo. Cierto, es lo más importante de lo menos importante, pero qué importante es el simbolismo que conlleva. Desde el St. Pauli y su humilde anarquía, hasta Maradona vengando a su patria frente a los ingleses... qué bonito es el fútbol.

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