La Fiesta Jarocha, entre culpa y doble moral
(Foto: Club Tiburones).

Qué bonito es Veracruz y qué bonita es su gente. Un lugar mágico e histórico, donde por más mal que esté tu vida, no la puedes pasar mal, pues siempre habrá algo o alguien que te alegre y te haga ver que a fin de cuentas La vida es un carnaval, dijera Celia Cruz.

Por ello no es de extrañar que en Veracruz la gente duerma tarde, las calles se mantengan circuladas ya caída la noche y que los antros y bares tengan bastante afluencia incluso entre semana. Pues vamos, ¿a quién no le cae bien una noche de "desestrés"? El problema llega cuando se convierte en un exceso, cosa frecuente por cierto.

El fútbol no se ha mantenido al margen de tales costumbres. Conocidas son las historias que cuentan como el legendario 'Pirata' Fuente se perdía en alcohol y mujeres, y al día siguiente sacaba el pincel y realizaba trazos mágicos en la época de oro del fútbol jarochos; de dominio público son los relatos de las largas noches de fiesta que Cuauhtémoc Blanco gustaba brindarse durante su corta pero exitosa estadía en Veracruz. A nadie le importaba lo que hacían, pues rendían en la cancha. Y ahí está el meollo del asunto.

Este jueves, Fidel Kuri habla para ESPN y ventila que los futbolistas de su equipo se han estado pasando de fiesta, al punto en que ha tenido que recurrir a contratar elementos de seguridad que los vigilen. Para Kuri Grajales, el problema del equipo en estos momentos es la fiesta. Y para ello habría que preguntarse: cuando el equipo marchaba bien y gustaba... ¿era gracias a la fiesta? Pues no es ningún secreto a voces el gusto de algunos elementos escualos por los antros y bares. Incluso muchas veces, al salir a zona mixta tras los partidos, no lo hacían con sus uniformes de concentración, sino listos para continuar la noche en algún otro lugar. Pero como todo marchaba bien, como se aseguraba una Liguilla tras más de diez años, nadie internamente decía nada hacia el exterior.

"Han estado de fiesta, les he puesto vigilancia a los jugadores que he detectado", Fidel Kuri. 

Y así no es de extrañar que los futbolistas se confundan, tanto dentro como fuera de la cancha. Primero les sueltan la rienda y luego intentan domarlos, y de eso el mismo Fidel Kuri tiene parte de responsabilidad. Es decir, durante el torneo pasado, cuando su campaña de candidatura para ocupar una diputación se encontraba en pleno climax, no dudó en llevar al equipo a Orizaba y pasearlo por la ciudad como si ya se hubiera bordado una nueva estrella en el escudo; la directiva tampoco reparó en apapachos y en regalos cuando un pequeño bajón llegó. El problema no se corrigió a tiempo. Situación parecida a la vivida hace no mucho por Ángel Reyna, comenzó su paso por el Puerto como ídolo y la directiva lo consentía; bajó su nivel y fue exhibido. 

El punto es que no se puede analizar este tema con una doble moral. No puedes ser permisivo y luego intentar ser recio. Debe existir congruencia en la forma de actuar y tomar decisiones, tanto dentro como fuera de la cancha. Si la fiesta es un problema, debe serlo incluso con el equipo en la cima de la liga. 

"Son jugadores que me pertenecen y tengo que ver la manera de hablar de que se pongan las pilas", Fidel Kuri.

Como bien se mencionó, este ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia del equipo, y dependiendo del paso que este lleve, se beatifica o crucifica al jugador en cuestión. Si bien es cierto que la fiesta debe disminuir, y que eso debió plantearse desde mucho antes, también es cierto que deben encontrarse otras causas mucho más poderosas del bache que enfrenta el equipo. Y de esas hay varias, desde un estéril manejo de partido, hasta una notable falta de variantes, así como loablemente a mencionado Gabriel Peñalba, un bajón individual de varios elementos. De más está decir que exhibir y ventilar algo cuya responsabilidad se gestó hace tiempo, no es correcto.

Hoy Veracruz afronta una situación complicada, pero no irreparable. El equipo se encuentra en plena lucha por calificar y eso es destacable, pues de repente se olvida que hace un año nadie veía por donde salvar al equipo. Este bajón debería servir para que todos, tanto jugadores, como directiva y aficionados pongan los pies en la tierra. Ganar tres seguidos no los hace invencibles, perder tres no los hace los peores

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