Sobre Juan Carlos Osorio, Peña Nieto y los #RenunciaYa
(Fotos: Agencias).

México está en una situación de caos, todo el mundo lo sabe, aunque varios se hacen de la vista gorda. Por más que se suplica no hacer presencia en ciertos eventos como muestra de rechazo, nunca faltan los incautos que acuden a la cita, ya sea por diversión o por falta de algo mejor que hacer. Ya ahí se dedican a lo suyo, aplaudir y animar, aunque por dentro lo único que quisieran es mentar madres, pero vamos, no es políticamente correcto, como tampoco lo es querer siempre quedar bien.

A la sombra, una generación dorada parece desvanecer ante la falta de oportunidades; su única opción es salir y triunfar fuera, aunque seamos realistas, eso a duras penas pasa pues no llevan una formación sólida. Quienes logran consolidarse son menospreciados o tachados de "menos mexicanos", como si triunfar estuviera fuera del adn de los mexicanos

Algunos otros jóvenes han desaparecido y ni rastro de ellos. "Todo fue su culpa", claman algunos; y quizá sea cierto, pero con un entorno más favorable, no hubieran tenido que llegar a ese punto. Por si fuera poco, cambios estructurales afectarán severamente el desarrollo de las siguientes generaciones.

En el País de las Mentiras, Pinocho es juez y verdugo

Hay voces que difunden la situación real del entorno, pero la mayoría de las veces son minimizadas y ridiculizadas; en el País de las Mentiras, Pinocho es juez y verdugo. Los mismos afectados se unen al carnaval de la incoherencia y con ojos vendados promulgan barbaridades contra quienes se expresan críticamente, como si la verdad los asfixiara al sacarlos de la zona de confort que de amueblarla también son cómplices. Tiene que ser alguien de fuera quien hable para que cause eco, como si su opinión tuviera más validez, como si otro pasaporte hiciera de su voz una más autorizada; y realmente no importa si es una crítica o un guiño romántico, parece que lo fuera nos acomoda más.

Los victimarios se convierten en sus propias víctimas

En la zona de control, las rencillas y la falta de compromiso están a la orden. Por más que se promulgue un discurso de unidad, esta no se demuestra en el día a día, pues a fin de cuentas, cada uno ve por sus propios intereses. Y a la vista de todos está la cabeza del proyecto. Tan victimario como víctima, a veces de malos consejos y otras tantas de su propia ineptitud. Cada que se acerca la hora de presentar su balance, pareciera como si hubiera sido convenientemente colocado en la cima, para que si algo salía mal (y vaya que ha sí), fungiera como sacrificio, pues realmente hace pensar que no había reunido ni cerca los méritos suficientes para estar en donde está. Y ahí la pregunta sería: ¿es realmente su culpa no dar el ancho? ¿o lo es del sistema que lo instaló ahí?

Raíz podrida, frutos podridos

Claro está que todos piden que la cabeza sea guillotinada y con justa razón. Sin embargo, eso no resuelve el problema. Es como cortar las hojas secas del árbol que se pudre, pero dejar viva la raíz, por más que nuevas primaveras lleguen, nada cambiará. Para ver un cambio verdadero, se requiere un plan a largo plazo, bien diseñado y que aguante la tempestad. Como construir un edificio, colocando primero firmes cimientos para después buscar la altura.

Antes de pedir cabezas, diseñemos un plan. Antes de desdeñar contra los vecinos, limpiemos nuestro patio. Seamos críticos, pero conscientes. Apoyemos los proyectos, desde nuestra trinchera. Promovamos la honestidad, no nos dejemos engañar. Y si hay que actuar y mandar mensajes claros, hagámoslo y no detengamos a quienes ya lo hacen. Tengamos congruencia, que la paz llega cuando esta existe entre lo que pensamos, decimos y hacemos.

No importa si es #FueraFuera o #RenunciaYa, si es un deporte o si es la vida real, ni siquiera si quien rueda es Juan Carlos Osorio o Enrique Peña Nieto. Mientras en cada caso la estructura no cambie, las cabezas seguirán rodando y los resultados serán los mismos. Porque muchas veces el deporte es fiel reflejo de la sociedad.

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