Hidalgo también es libertador
Hidalgo también es libertador

De repente, parece que Sudamérica se olvida que en Dolores, Guanajuato, el cura Miguel Hidalgo y Costilla alzó un estandarte nacionalista que levantó a la guerra que liberaría a México de la tiranía española.

Así como en el sur Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Francisco Miranda, Antonio Sucre, entre muchos otros, hacían lo propio por quitar la opresión que se sufría desde la corona en la península ibérica a lo que hoy son distintas naciones, en tierra azteca se unía a la lucha José María Morelos y Pavón para tomar la estafeta hidalguense.

Sí, acá también “nos liberaron”, y el futbol mexicano merece permanecer en la Copa Libertadores de América por ser un gran activo deportivo y económico para las arcas de la Conmebol y que le ha peleado de tu a tu a los grandes ganadores del trofeo más prestigiado en nuestro continente a nivel de clubes.

El primer caudillo que irrumpió con gran forma fue el Cruz Azul del 2001. No pueden olvidar las tropas celestes encabezadas por Francisco Palencia, Pablo Galdames, Julio César Pinheiro y su refuerzo paraguayo José Saturnino Cardozo. Una Bombonera a reventar con el colorido que eso conlleva no amedrentó a los soldados de la Noria. Los hijos de José de San Martín no esperaban un encuentro tan cerrado, que posteriormente tuvo que definirse en penaltis. La estrategia del Coronel Treja fallaba y sus pupilos también.

Luego, México tardó nueve años para volver a protagonizar este evento de gran escala. Las Chivas invadieron suelo carioca para caer en los 90 minutos 3-2, no sin antes vender muy caro la entrega de su bandera por medio del mariscal Adolfo Bautista, en pleno apogeo de sus facultades mentales y que, con gran virtuosismo, maravillaba en el campo de batalla a propios y extraños. Sus herederos en el mando: Omar Bravo y Marco Fabián conservaron la estirpe de su legado que se fundió poco a poco.

Por último, en el Nuevo Reino de León se gestaba una insurrección que acabaría, de nueva cuenta, ante las imbatibles fuerzas de De San Martín. Los sureños se reagruparon y, tras duras batallas anteriores, tuvieron en frente a la mezcla de indígenas, criollos y un francés para apuntalar con elegancia y fineza su entrada a los Andes.

Nunca se habían estado tan cerca de conquistar el cono de abajo en el globo terráqueo como en aquella noche. Nunca habían mayores esperanzas de traer esa anhelada copa de regreso al norte como en aquella noche. Una batalla sin fin que dio la primera estocada en el fuerte del Monumental cuando Lucas Alario fusiló a las tropas del Comandante en Jefe Ricardo Ferretti. Después, Carlos Sánchez abrió más llagas en la rayada piel felina y Ramiro, el Funes Mori defensa, acabó por desmoronar a las tropas mexicanas con toda la desilusión que ello conlleva.

Y antes, los cadetes de la Academia habían dado cátedra de buen juego de pelota con el Atlas. “América para los americanos” fue una doctrina que nació posterior pero que en los cuarteles de Coapa retumbaba corazones.

No se puede tirar por la borda 18 años de fragor en la batalla que dan los aztecas por una calendarización que, incluso, va contra la lógica de las grandes competencias del mundo. Pelear de febrero a noviembre no tan solo es complicado, es insensato para el socio comercial más importante de la Libertadores y que no precisamente sale como patrocinador oficial a un lado del logotipo.

Vamos Sudamérica, reconsidera, porque en el continente también Miguel Hidalgo es un Libertador.

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