Chivas demuestra que la pelota no sabe de lealtades

Por cuarenta y cinco minutos la fórmula anti-rojiblanca fue casi perfecta.

Chivas demuestra que la pelota no sabe de lealtades
(Foto: SC_ESPN).
Red Bulls
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Chivas
Red Bulls: Robles, Murillo, Long, Lawrence, Parker, Valot, Davis, Etienne, Royer, Adams y Wright-Phillips
Chivas: Cota; Cisneros, Salcido, Alanis, Hernández; Perez, Orbelin, Brizuela, Pizarro; Pulido y Godínez.

La época primaveral en Nueva Jersey no llega y, con las gélidas condiciones del noreste de Estados Unidos, Chivas se encogió en el Red Bull Arena.

Fiel a su nombre de franquicia, los Red Bulls de Nueva York plantaron unas brava líneas de presión. Su entrenador Jesse Marsch quiso con ello complicar la estructura de juego rojiblanca. Sin embargo, sería soberbio de su parte creer que desarmaría con tal facilidad a las Chivas de Matías Almeyda. Osadía o soberbia, llámesele como quiera, la presión alta aunado, por supuesto, a la fortaleza física de la mayoría de la plantilla yankee pagó dividendos.

Por cuarenta y cinco minutos la fórmula anti-rojiblanca fue casi perfecta. El 'Toro' apretó desde los medios hasta el área contraria. Ganó todos los balones por arriba; humilló en casi todos los duelos individuales; tiró 12 veces. El problema es que nunca pudo pegar la primera cornada.

Eso sí, para Chivas por ganas no pasó. El ímpetu de Godínez no lo hizo crecer un par de centímetros para las pelotas divididas. Tampoco le dio más estabilidad a Pizarro cuando Tim Parker metió la pierna. Tan simple como la selección natural: los toros se comían a las chivas.

Segundo tiempo

Para bien de los miles de aficionados del Rebaño, que colmaron el estadio, sus Chivas se acordaron de que el fútbol también es un juego donde la pelota puede rodar por el césped con pases y no trazos de 30 metros. Rodolfo Pizarro tomó la redonda y puso a jugar a su equipo. Si lo hubiera hecho por más de siete minutos seguramente varios estarían comprando mañana su boleto para Rusia.

En el 57’, el goleador histórico Phillip Wright-Phillips y ex seleccionado de Inglaterra casi aguó la fiesta de Almeyda. La locomotora inglesa por poco castiga el pasar de los años del capitán Salcido.

Así como el hambre es cabrona, recordando aquella polémica campana de marketing, la desesperación lo es más. La necesidad yankee de empatar el global le quitó el yugo al Rebaño porque se abrieron los espacios. Si el futbol fuera una meritocracia, Red Bulls debería estar celebrando su pase a la final. No obstante, la fiesta que será el vuelo Nueva York – Guadalajara demuestra que la pelota no sabe de lealtades.