La Contracrónica: jugando en casa
(Foto: Marca)

La Contracrónica: jugando en casa

Aunque todos los partidos de la Selección Mexicana se juegan en los Estados Unidos, la afición mexicana se hace presente del tal manera que parece que están jugando en cualquier plaza mexicana. Doble triunfo esta noche en New Jersey: para quienes organizan el juego y para quienes lo van a ver.

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Daniel Rojas

No importa si es en Anchorage, Alaska, en Key West, Florida, en San Diego, California, o en East Rutherford, New Jersey, en toda ciudad de los Estados Unidos siempre habrá un montón de mexicanos más que dispuestos a apoyar a ultranza a la Selección Mexicana, el mejor producto de exportación al vecino del norte, incluso antes del TLCAN.

Para la última ciudad mencionada, fue el turno de recibir un amistoso más entre México y Estados Unidos, fue el turno de convertirse en la extensión norteamericana de cualquier fragmento del territorio nacional y de ser una manifestación más de la expresión plena de la interculturalidad entre ambos países, puesto que, cómo no, los aficionados mexicanos no dejaron de hacer la previa, la tradicional carne asada en el estacionamiento del estadio, el mejor producto de exportación al vecino del sur, incluso antes, también, del TLCAN.

Por una cuestión de mercadotecnia, la gran mayoría de los partidos amistosos de la Selección Mexicana se juegan en los Estados Unidos, siendo un gran acierto de parte de la Federación, puesto que es una situación ganar-ganar: el organismo rector gana mucho dinero, y la afición mexicana que allá radica, gana una hora y media de reivindicación con su país de origen, aunque no hablen español ni coman tortillas.

Se considera a priori que la Selección Mexicana ganará a la ‘Stars & Stripes’, en una especie de inconsciente colectivo, quizá impulsado por las cifras históricas entre ambos equipos, aunque la realidad es que no hace mucho que se rompió una racha sin ganar que abarcaba más de cuarenta años. La afición mexicana, como un todo, cree que los norteamericanos son clientes, que son malos por principio, a pesar del gran impulso de este deporte en aquél país, a raíz de la Copa Mundial de 1994. Por su parte, los gringos, en una forma un tanto más pintoresca de la doctrina del Destino Manifiesto, confían en que algún día dominarán el mundo del balompié, aunque ello tome un par de cientos de años, así que el hecho de darle batalla a México, es suficiente por el momento.

Esta noche el ‘Tri’ ganó por un cómodo marcador de tres a cero. Muy bien pudo haber perdido por el mismo marcador, y la reacción de la afición hubiese sido la misma, es decir, para los mexicanos que viven del otro lado del río, es siempre un placer observar ese elemento de conexión con sus orígenes, pues, aunque el combinado nacional siempre juega sus partidos amistosos allá, esto no sucede todos los días, amén de que Estados Unidos es un país lo suficientemente grande para tener que cruzar medio mundo sin salir de su territorio.

La Selección ganando en los Estados Unidos es un recordatorio de que, podrá ser un país con mejores estándares de vida, pero en futbol nunca tendrá lo suficiente para darles la vuelta (aunque los números digan algo diferente). Es un paliativo ante los numerosos complejos de inferioridad que aún permean en la sociedad mexicana, una válvula de escape que se desfoga en el momento en que Orozco detiene un penal que significaba el gol de la honra para el USMNT.

Después del silbatazo final, regresa el American Way of Life, las lecciones de civilidad y buen comportamiento aprendidas allá; la convivencia multicultural armoniosa y el trabajo duro para mejorar cada día. Ya se mencionó que solo dentro de un campo de juego se regresa a ser mexicano en el sentido frívolo del concepto, es decir, regresan los albures a los estadounidenses que no conocen los trucos idiomáticos del español, las mentadas de madre con un chiflido, las burlas a los ilusos aficionados de la Selección Norteamericana, en fin, todo lo que hace y siempre hará diferentes a los mexicanos de sus ahora connacionales, a pesar de estar totalmente integrados en su sociedad.

La próxima cita de México en aquellos horizontes es contra la Argentina: una buena ocasión para revivir a los fantasmas que rodean a este enfrentamiento. Será un buen momento para ver si aquella afición mexicana tiene lo suficiente para hacerse sentir, pues no es lo mismo apoyarla contra el vecino-hermano-rival-amigo-enemigo de toda la vida, que contra un equipo que, lamentablemente, ha convertido en una auténtica tradición derrotar de las formas más dolorosas a la Selección, sin dejar lugar a interpretaciones sociológicas.

Aquí es antipatía absoluta.

 

 

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