La Contracrónica: visitantes incómodos 
(Foto: Club Necaxa)

Con todo el frenesí que implica ver participar a ese club, ese que semana a semana te arranca gritos y pasiones, sí, con toda esa emoción amontonada en una estantería de esperanzas e ilusiones, la afición se daba cita una vez más, como ya es tradición.

Y claro, la afición siempre es fiel y, pese a los malos momentos, sabe pintar buen rostro y ondear la bandera bicolor, a veces desde la distancia, pero siempre firme con el grito de guerra.

La hospitalidad y cordialidad que distingue a todos aquellos que logran darse cita, hace que se reciba a los visitantes en el gran recinto de la Victoria, con el garbo pertinente y las atenciones merecidas.

Pero hubo un visitante que no estaba pactado, un visitante que no venía a jugar, sino a causar tristeza y desconsuelo entre los presentes. Ese visitante que, también semana a semana, le ha dado por aparecerse repentinamente:

Un gol tempranero volvió a recordar la pesadez que se avecina cuando se comienza adormilado un juego, un gol tempranero al que nadie invitó, pero que llegó a dar un escarmiento a esos descuidos de dejar la puerta abierta, pues cuando intentas cerrarla, puede ser demasiado tarde.

Y así fue. La paradoja de los buenos juegos fuera de casa queda reprimida cuando sé es el local, pues se confunde el concepto de hospitalidad

Una vez más se deja pasar a visitantes que no se deseaban, pero descuido a descuido han estado llevando todo a una generosidad bastante hostil, y ahora ya cualquiera puede meter a quien quiera a esta casa.

¡Pesan las caídas!, ¡cuesta reponerse!, pero la afición mantiene el grito de guerra, ese grito que no siempre se escucha dentro del campo, lamentablemente.

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