La contracrónica: castigados
(Foto: Getty)

El presagio de recibir al enemigo que más se adueña del esférico no era muy alentador. La estrategia, que tuvo que existir, se derrumbó desde los primeros minutos. El partido se convertía en un laberinto de inquietudes y de desesperación.

Con la cabeza a media asta, once infortunados caballeros buscaban un camino hacia la meta rival . Lo encontraron en algunas ocasiones, pero no supieron conducirse hasta él.

De pronto, el rigor del silbido del viento trajo el castigo más temido por los habitantes de este ambiente de por sí ya turbio, un entorno impregnado del hurto detestable de no poder tocar ese balón.

Sin embargo, la generación del primer disparo a puerta, en contra, sería producto de ese penal atajado por el guardián de los tres palos , cuya emoción fue destruida con la reiteración del cobro y la conversión del mismo.

Algunos minutos más tarde, levantándose apenas del golpe, la historia se repetiría: once jugadores, luego de once minutos, caerían de nuevo desde los once pasos.

Los castigos a la insolencia fueron fuertes. Aunados a las dos ' penas máximas ', la exclusión del estandarte del medio campo vino a disminuir la esperanza de alcanzar al rival en la carrera del marcador. Aun así, el descuento llegaría , pero acompañado de una posición antirreglamentaria, que deterioraría aún más el presente que se vive en el club.

La media docena de condenas ensambladas llegó una vez terminada la ceremonia de resignación, con la despedida del timonel de este barco que se está hundiendo, ahogado entre los gritos que nunca pudo pronunciar. Además, se está hundiendo por las malas decisiones de toda la tripulación, se está hundiendo por el desgaste de una idea infundada en la indecisión, por el agobio de los malos resultados y por la posición en la tabla.

La moneda ya no está en el aire. Ahora, esa moneda está en las manos de una desolada apariencia que controla el futuro del Necaxa, y que mantiene en suspenso las emociones de toda una afición. La moneda será lanzada en poco tiempo, y quizás lo único que se espera es que pueda caer mostrándoles la cara del sol.

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