El día que soñé con vos, Ariel
Te vamos a extrañar (Fuente: www.riverplate.com)

Gambetas endiabladas surgían por mi mente como una especie de remolino que arrasa todo a su paso. De repente, esas gambetas llenas de tierra se teletransportaban a un verde césped. Allí, en el césped más verde del mundo se vería toda tu magia desplegada.

Te tiraban y te volvías a levantar destruyendo todo a tu paso. Rivales, enemigos y hasta amigos del campeón sufrían tus regates.

Las imágenes pasaban en mi cabeza desde Ledesma hasta Miyagi. Desde los partidos en los potreros de Jujuy con tan solo 13 años hasta tu último partido en un Mundial en tierras asiáticas.

Tampoco olvidé el momento que tuviste tu primer contacto con River en 1991. Venías de Ledesma a probar suerte a Buenos Aires y tus contactos te llevaban a Boca o a Independiente. Te rehusaste a realizar esas pruebas y fuiste al club de Nuñez como uno más. Allí empezó esa historia de amor eterno.

Tuviste buenos y malos momentos, como sucede en la vida misma, pero las veces que estuviste en la cima del mundo opacaron todas las veces que te trataron de tirar a la lona.

Las vaselinas que regalaste al igual que los payasos regalan sus morisquetas, quedarán por siempre en el inconsciente que nada lo olvida.

De repente, me desperté y te vi en tu partido despedida con un Monumental repleto. Mejor me vuelvo a dormir y a tratar de soñar con vos dentro de una cancha. 

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