La tercera es la ganada: ¡River campeón de América!
Cavegol y Trapito con la Libertadores: sueño cumplido (Foto: Fútbol Argentino).

El Millonario, al fin, concretó su hazaña. El Monumental, escenario donde las más de 62.000 personas que se apersonaron hicieron un espectáculo único, digno de una final de Copa Libertadores, entre River y Tigres.

El partido comenzó trabado, muy disputado en mitad de cancha, sin ceder espacios, con la intención que ninguno logre jugar por abajo ni desnivelar. En los primeros minutos, River trató de tomar la inciiativa (de hecho, Fernando Cavenaghi, al minuto, remató al arco, pero sin dirección), mientras que Tigres intentó atacar por las bandas, por medio de Javier Aquino y Jurgen Damm.

El equipo mexicano terminó con cuatro amonestados antes de la media hora, lo que dennotaba que el juego brusco reinaba, y las acciones de gol no abundaban, más allá de aproximaciones: Rafael Sobis tuvo un mano a mano, pero no controló (Ramiro Funes Mori salvó) y André Gignac, a los 23´, no capitalizó un gran pase de Damm.

Del lado millonario, se jugó por el lado izquierdo, pero sin profundidad más allá del buen pase de Funes Mori para Cavenaghi que no llegó a capturar. Nada pasaba hasta que a los 44´, Leonel Vangioni tomó la lanza y echó un centro manífico para que Lucas Alario, que ganó de arriba y puso la apertura del marcado, cuando el primer tiempo se moría.

En el complemento, el visitante salió a apretar más arriba, pero sin encontrar al fórmula para lastimar a la defensa, sobre todo con el buen trabajo de Camilo Mayada y la prolijidad del mediocampo.

Ferretti movió el banco con la entrada de Jesús Dueñas, aunque no lograba hacer pie en la lluviosa noche de Núñez. Con toda la defensa amonestada, se hacía cuesta rriba el partido para Los Felinos, y más cuando a los 28´del complemento Carlos Sánchez entró al áea y fue derribado: Darío Ubriaco sancionó penal y el propio uruguayo, a igual que contra Boca, lo canjeó por gol.

Con dos goles arriba y el Monumental explotando de júbilo, el Millonario controló a gusto el encuentro y Matías Biscay puso a Leonardo Pisculichi para liquidar el partido, y así fue, a los 34 minutos: centro de Piscu en un tiro de esquina y Funes Mori, que cabeceó y entre las piernas de Guzmán, infló la red para decretar el 3-0 final y la fiesta toda rojiblanca.

Sin tres de los titulares para esta final, River hizo cátedra de su juego colectivo y aprovechó el derrumbe anímico del rival, que no reaccionó y La Banda, que estuvo a punto de la eliminación en primera ronda (pasó a cuartos con siete puntos), resurgió como el ave fénix, eliminó a Boca, Cruzeiro, y cumplió con hidalguía el sueño que no se daba desde 1996: ser campeón de América, el mejor del continente. Barcelona, en diciembre, lo espera en Japón.

Resumen del triunfazo de River

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